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Luis Piedrahita, este viernes en Zaragoza con 'Mentes Peligrosas': "Sin talento, hasta un chiste sobre el algodón de azúcar puede resultar ofensivo"

El humorista gallego desembarca en la sala Mozart del Auditorio con un espectáculo en el que también participan Álex Clavero, David Cepo y Galder Varas

Luis Piedrahita llega este viernes a Zaragoza con el espectáculo 'Mentes Peligrosas'.

Luis Piedrahita llega este viernes a Zaragoza con el espectáculo 'Mentes Peligrosas'. / Servicio Especial

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Rubén López

Rubén López

Zaragoza

'Mentes Peligrosas' es uno de los espectáculos de comedia en vivo más exitosos del país. Concebido como una "fiesta de la risa" que reúne a grandes cómicos nacionales, el ‘show’ desembarca este viernes en la sala Mozart del Auditorio con dos funciones (19.00 y 21.30 horas) y las entradas a punto de agotarse. En esta tercera entrega del espectáculo, que está girando por toda España, participan Álex Clavero, David Cepo, Galder Varas y Luis Piedrahita. Este último ha atendido a las preguntas de este diario.

¿Qué es 'Mentes Peligrosas'?

Es una especie de menú degustación de humor y neurosis contemporáneas. Somos cuatro cómicos completamente distintos haciendo humor a máxima potencia. Alex Clavero es un albañil, un ingeniero y un arquitecto de la comedia; Galder Varas y David Cepo son dos maestros del 'crowd work', esa disciplina en la que el cómico convierte al público en parte del espectáculo, y luego estoy yo con mi humor costumbrista y mi pinta de vendedor de enciclopedias averiadas. Todo es un caos perfectamente organizado. El público va a encontrarse con una noche de carcajadas muy distintas entre sí, pero todas son humor del bueno. Humor de alta gama. Como un ternasco bien hecho: contundente y jugoso.

La alineación del 'show' va rotando, pero siempre están los 'primeros espadas' del humor patrio. Cuando se juntan, ¿sienten realmente que es como una reunión de antiguos alumnos?

Sí, totalmente. Parece la cena de antiguos alumnos de esa escuela de comedia que es la vida. Además, entre cómicos ocurre algo muy bonito: disfrutamos mucho del trabajo del otro. Yo he actuado muchas veces en Zaragoza y ya sé perfectamente en qué rincón de la sala Mozart me voy a esconder para ver actuar a mis compañeros. Voy a quedarme allí agazapado, entre bambalinas, observando con todos los ojos de mi cuerpo, excepto uno.

¿El espectáculo está abierto a las improvisaciones o el guion está totalmente cerrado?

Siempre hay espacio para la improvisación. El humor necesita respirar. Si todo está demasiado cerrado, pierde frescura. El teatro es como el sushi: conviene consumirlo fresco para evitar riesgos de indigestión. Además, Galder y Cepo son auténticos especialistas en jugar con lo que ocurre en la sala. Son genios de la repentización, aunque no creo que Cepo sepa lo que significa esa palabra.

Se le considera un referente del humor reflexivo e ingenioso. ¿El humor tiene niveles de inteligencia?

Todo humor tiene inteligencia detrás. Incluso el más absurdo. Un chiste siempre es una sorpresa intelectual. Lo que ocurre es que hay humor más elaborado y humor más inmediato. A mí me interesa mucho ese humor que parece ligero, pero que deja una idea rebotando en la cabeza después de la carcajada. La risa es la espuma y el pensamiento humorístico es la cerveza que hay debajo. Nadie quiere un vaso solo de espuma. Nos gusta que debajo haya una idea fresca, con presión y capaz de empañar el cristal del vaso.

Ahora que todo se etiqueta, ¿cómo definiría su humor?

Diría que hago humor costumbrista y ligeramente surrealista. Me gusta empezar hablando de una cosa pequeña —una caja de cerillas, una autocaravana o el tipo de leche que echamos al café— y acabar hablando de algo más trascendente como la libertad, la esperanza o la muerte. Hago filosofía barata, de esa que a la larga sale cara. Me gusta hacer un humor poético, aunque no siempre me sale.

¿De niño ya era un gran observador de lo cotidiano? ¿Ya se planteaba esas reflexiones mezclando el humor y lo absurdo?

Sí. Siempre me fascinó observar cosas aparentemente insignificantes. Mientras otros niños jugaban al fútbol, yo podía quedarme mirando una grapadora y preguntándome quién había decidido que las grapas tenían que tener exactamente esa forma. Creo que mi humor y mi miopía nacen de observar demasiado.

¿Era de los que hacía reír al resto de la clase?

Sí, pero no era el típico payaso escandaloso. Yo era más bien un francotirador del comentario absurdo. Me gustaba hacer reír bajito. Ya apuntaba maneras de retranca gallega.

Siempre utiliza un lenguaje 'blanco' sin palabras malsonantes. ¿Es algo buscado o le sale de forma natural?

Me sale natural. No tengo nada contra las palabrotas; algunas son maravillosas. Pero creo que un lenguaje adecuado permite un humor más afilado y capaz de cortar mejor.

¿Hasta dónde debe llegar el humor? ¿Dónde están sus manidos límites?

El límite del humor es el talento del humorista. Uno debe decidir de qué quiere hablar y saber si está capacitado para hacerlo. Siempre pongo el ejemplo de Tonino Guerra, el guionista de la película 'Amarcord' (1973). Estuvo preso en un campo de concentración nazi y cuando lo liberaron dijo: 'La vez que más contento he estado fue cuando me liberaron en Alemania, que vi una mariposa y la miré sin ganas de comérmela'. Ese chiste habla del hambre, del horror y de la belleza al mismo tiempo. Con talento se puede hablar de cualquier cosa. Sin talento, hasta un chiste sobre el algodón de azúcar puede resultar ofensivo.

La famosa regla, humor igual a tragedia más tiempo, ¿siempre se cumple?

¿Sabes lo que es la propiedad conmutativa? Esa regla se cumple también al revés. El humor es uno de los elementos en los que el paso del tiempo se revela más despiadado. El humor envejece mal. Es muy difícil rastrear gracia en chistes de hace 50 años, por ejemplo. No sucede lo mismo con la pintura o la música clásica. Mira cuántas obras de Mozart han llegado a nosotros y cuántas pinturas del renacimiento... Ahora trata de pensar en algún chiste de esa época. El humor envejece mal. Escuchar cualquier chiste de esa época sería una tragedia. En el binomio de humor es igual a tragedia más tiempo, se reconoce más que en ningún sitio la propiedad conmutativa: humor más tiempo es igual a tragedia.

Cuando era niño, ¿le gustaba más la magia o el humor?

Me fascinaban las dos cosas por el mismo motivo: la sorpresa. La magia sorprende a los ojos y el humor sorprende a la inteligencia. Y ahora sigo igual. De hecho, cada vez intento que mi humor sea más mágico y que mi magia tenga más humor.

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