El escritor Jesús Carrasco publica 'El detalle': "En parte, esta novela surge de las ganas de reírme de mí mismo"
El autor pacense, que en 2013 se convirtió en un fenómeno editorial con su primera novela, acaba de publicar ‘El detalle’, en la que narra con humor el rotundo fracaso de una pareja

Jesús Carrasco (Olivenza, Badajoz, 1972), el pasado martes en Zaragoza. / Jaime Galindo

Jesús Carrasco irrumpió en el panorama literario en el año 2013 con 'Intemperie', una novela que se convirtió en un auténtico fenómeno editorial. 'La tierra que pisamos' (2016), 'Llévame a casa' (2021) y 'Elogio de las manos' (2024) no hicieron sino confirmar su talento narrativo. Ahora acaba de publicar 'El detalle' (Seix Barral). Asegura el autor pacense que su intención era escribir una comedia. Y cuando la terminó, se dio cuenta de que sí. Había escrito una comedia, "pero seria". Porque en 'El detalle' narra con humor el rotundo fracaso de una pareja.
En concreto, su quinta novela cuenta la historia de Felipe y Leticia, un matrimonio herido de muerte por la rutina y la falta de atención tras más de 20 años juntos. Por el camino, Carrasco ha construido un relato mordaz de una época dominada por la prisa y que se lleva por delante todo lo que pilla. Incluso las relaciones humanas. El escritor la presentó esta pasada semana en la librería Cálamo de Zaragoza.
Ha sido valiente. ¿Se sentía preparado para abordar la vida en pareja?
Bueno, es algo que me ha ocupado buena parte de mi tiempo y mucha energía. Al final tengo ya 53 años y llevo muchos años en pareja, así que me sentía con suficiente información para abordar un tema que para mí es muy importante. La creación de una familia, los hijos, todo ese espacio doméstico...
Y con el humor sobrevolando toda la novela.
Sí, ha coincidido este tema serio con mi intención de hacer comedia. Y la combinación me ha gustado mucho, la verdad. Me ha resultado muy estimulante. Hablar de la crisis de una pareja de una forma dramática ya se ha tratado muchas veces a lo largo de la historia de la literatura. También por eso quería enfocarlo desde otro ángulo. Sobre todo porque el narrador nos cuenta la historia a toro pasado. Es decir, el lector entiende que ya ha digerido esa crisis. Yo he aprovechado esa distancia para añadirle esa capa cómica.
Esa ironía y ese humor es algo nuevo en su literatura. ¿Se lo ha planteado como un reto?
Bueno, en Elogio de las manos creo que ya apuntaba maneras pero, efectivamente, me lo he planteado como un reto literario. Como trabajador de la palabra, quería escribir una comedia que fuera eficaz y que funcionara bien como artefacto literario. Pretendía que el lector mantuviera casi siempre la sonrisa pese a que se cuenta una historia triste. En realidad, en todas mis novelas me he planteado retos de este tipo, explorando nuevas formas de contar. Siempre me ha gustado hacer cosas que no sé hacer.
"Si el éxito de ‘Intemperie’ me pilla con 20 años, quizá ya hubiera abandonado la literatura"
Aunque desde otro lugar, en ‘Elogio de las manos’ ya abordaba ese espacio doméstico como el lugar donde suceden las cosas más importantes de la vida. ¿En esta novela sigue explorando ese camino?
Sí, cada vez voy entrando más en ese espacio. Hay quien podría pensar que lo que ocurre en un hogar es algo insustancial, pero para mí es todo lo contrario. Al menos para abordar la parte que a mí más me interesa, que es la condición humana tal cual. Es decir, cómo somos y cómo nos comportamos. En el espacio doméstico aflora quiénes somos de verdad y , además, como decías, suceden las cosas más importantes de la vida: el amor, el aprendizaje, la decepción...
En la novela también ironiza sobre un mundo dominado por la prisa y la falta de atención. ¿Quería tratar ese asunto?
Bueno, eso surgió de una forma natural. Cuando empiezo una novela no preveo todo lo que puede contener, pero luego aparecen elementos que la hacen coherente. Si hablaba de una pareja real, cotidiana y reconocible, necesariamente tenía que hablar de su contexto. No podía retratar ese desamor en un laboratorio como en las películas románticas, así que claro; la precariedad, la falta de vivienda, la falta de tiempo por el trabajo... Todo eso influye. De una forma natural, la historia me puso en bandeja que satirizara sobre ese contexto social. En este caso lo simbolicé con las líneas de bajo coste, pero se podría trasladar a otras muchas formas de consumo. Hay lógicas de mercado que no tienen ningún sentido. ¿Qué hacemos a las cuatro de la mañana en un aeropuerto abarrotado? ¿Qué hacemos echándonos nostros mismos un hidrocarbuno superinflamable en una gasolinera? De hecho, en parte este libro nace con la intención de responder a la siguiente pregunta: ¿Cuánto estaríamos dispuestos a ceder con tal de pagar menos? Puede parecer una pregunta muy tonta, pero creo que encierra mucho peligro.
En su anterior novela jugaba conscientemente con la autoficción. ¿Cuánto hay de usted en esta?
Bueno, las partes más patéticas o tontas de Felipe las he reconocido en mí en algún momento de mi vida. En parte, la novela también surge de unas ganas de reírme de mí mismo y de otros hombres que me rodean.
El libro también deja claro que idealizar el pasado no siempre es bueno...
Yo creo que la nostalgia es una emoción estéril. No vale para nada porque no podemos operar sobre el pasado. Lo único que podemos hacer es analizarlo e intentar llegar a alguna conclusión que nos sirva para el futuro.
Cuando echa la vista atrás, ¿se reconoce en el autor que escribió ‘Intemperie’?
Bueno, hace 15 años era otra persona, por eso actualmente escribo otras cosas. Ahora ya no me tomo tan en serio y relativizo más. Pero me miro con absoluto agradecimiento. No sé si escribiría ahora esa historia, pero la reconozco como un texto mío del que estoy muy orgulloso. De hecho, no movería ni una coma.
Fue su primera novela y se convirtió en un fenómeno literario. ¿Supo encajarlo?
Sí porque me cogió ya con 40 años. Ya tenía a mis hijas y estaba, digamos, asentado. Pero si me pilla con 20 no sé si lo hubiera superado, la verdad. Fue algo muy extraordinario y quizá eso hubiera hecho que mi ego creciera hasta descontrolar.
¿Pero hasta el punto de haber abandonado la literatura?
Probablemente sí. Quizá ya la hubiera abandonado. Incluso con 40 años me costó mucho publicar mi segunda novela. La primera tuvo tanta repercusión que generó muchas expectativas... Yo en ese momento pensaba que no, pero analizándolo después sí que sentí esa presión. Sobre todo por la necesidad de agradar, de corresponder a la generosidad de los demás. No quería defraudar a mis lectores, ni a mis editores, ni a mi familia, ni a mí mismo. Además, quería seguir viviendo de la literatura... Fueron muchos elementos que hicieron realmente complicado afrontar esa segunda novela.
¿Ya divisa la sexta?
Tengo algunas ideas, pero nada definitivo porque ahora estoy muy centrado en esta promoción. En cualquier caso, seguiré explorando. Yo siempre he escrito como un explorador.
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