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Fallece el gestor cultural zaragozano Joaquín Merchán: El último y doloroso tango

Técnico municipal de cultura desde los primeros dolores de parto de la democracia, Merchán fue epítome de compromiso político y paradigma de gestión de la cultura popular

Joaquín Merchán (centro), en su época como director del Centro de Historias de Zaragoza.

Joaquín Merchán (centro), en su época como director del Centro de Historias de Zaragoza. / El Periódico

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Javier Losilla

Javier Losilla

Zaragoza

Técnico municipal de cultura desde los primeros dolores de parto de la democracia, Joaquín Merchán fue epítome de compromiso político y paradigma de gestión de la cultura popular. Joaquín, aquejado de esa enfermedad que los periódicos denominan con el eufemismo de 'larga', falleció el viernes. Hablamos la última vez en enero, en el concierto de Yerai Cortés. No estaba físicamente en sus mejores momentos, mas no dio muestra alguna de que esperase dejarnos en breve. Pero lo ha hecho. Con la misma discreción con la que resolvió los diferentes quehaceres que se buscó o le encomendaron. Antes de jubilarse, dirigió el Centro de Historias, adonde fue destinado no sabemos si como ascenso o como castigo, y desde cuyas salas acercó al público un buen número de manifestaciones artísticas.

A él y a compañeros suyos con idéntico entusiasmo debemos unas Fiestas del Pilar que luego se transformaron en otra cosa. Pero de todas sus facetas me quedo con su pasión por el flamenco, que le llevó a programar gozosos conciertos de grandes cantaores, guitarristas y bailaores, apostando con enorme visión por algunos que más tarde saborearon la gloria de éxito. Y no olvidó a quienes, con ánimo o no de triunfar, querían subirse a un escenario y ofrecer lo mejor que tenían.

Por eso impulsó el Concurso de Flamenco del Casco. Enciclopedia viviente del flamenco y siempre crítico con algunos artistas que no querían acercarse a algunos palos de lo jondo ni con un palo largo, su amor por esa manifestación de la música popular era contagiosa. Desde sus primeros conciertos como programador hasta la ya mencionada actuación de Yerai Cortés, a la que asistió como espectador, hemos compartido un buen número de veladas flamencas. Hemos discutido poco, y reído mucho, y criticado con sorna a quienes creen que la cultura popular se manifiesta en rosas de plástico y curas DJ.

Pero el viernes, se acabó la fiesta para Joaquín. Se ha ido, seguro, con el corazón encogido por el ruido que hoy envuelve a las españas. Ha susurrado el último y doloroso tango (flamenco, claro), y nos ha dejado más tristes que una soleá. Vaya ful.

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