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MÚSICA EN VIVO

Crítica de Javier Losilla del concierto de Ëda Díaz en Zaragoza: Tráfico de emociones entre dos continentes

La artista de madre francesa y padre colombiano actuó el domingo en el ciclo Bombo y platillo

Ëda Díaz durante su concierto del domingo de Bombo y platillo.

Ëda Díaz durante su concierto del domingo de Bombo y platillo. / Pedro Anguila

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Javier Losilla

Javier Losilla

Zaragoza

De madre francesa y padre colombiano, Ëda Díaz, contrabajista y cantante, mantiene un espléndido equilibrio inestable entre dos continentes, con cuyas músicas experimenta, explora y transforma en canciones que conforman un singular universo sin manual de instrucciones. Ëda, que hace dos años publicó el álbum 'Suave bruta' (el título lo tomó prestado de una pieza del colombiano salsero Joe Arroyo), facturó el domingo en la última sesión primaveral del ciclo Bombo y platillo un concierto hermoso, puntilloso y cautivador.

Díaz, a la que diez años de piano clásico le han dejado las cosas claras, enlaza tradiciones latinas aprendidas de su abuela (vallenato, bullerengue, vals ecuatoriano, bolero, danzón…) con sonidos sintéticos creados con talento y sensibilidad, armando composiciones que traspasan las taxonomías sin abdicar de una exultante personalidad. Ëda, quien canta espléndidamente, estuvo acompañada por los muy solventes Anthony Winzenrieth, productor del disco (guitarra y teclados), Baptiste de Chabaneix (percussión y pad) y Camille Lévy (voces, teclados y pad), armando un cuarteto tan solvente como inspirado.

Intensidad progresiva

'Silencio', 'Déjà-vu', 'Tiemblas' y 'Nenita' abrieron un programa que fue subiendo de intensidad según avanzaba, siempre sin perder ese toque de delicadeza sonora que distingue el trabajo de la franco-colombiana. Con 'Lo dudo' trazó un radiante homenaje al ecuatoriano Julio Jaramillo (1935-1978), uno de los grandes de la música de América; el muy versionado vallenato 'La casa en el aire' sonó en francés como una creación recién estrenada. Siguieron 'Sábana y banano'; 'Vuelve la vieja'; 'Brisa'; 'Paso, Paso' (con una guitarra progresiva de las que le gustan a Ëda, gentileza de Anthony Winzenrieth); 'Tutandé', tal vez el epítome de una forma de trabajar que incluye giros, combinaciones, dinámicas y ritmos cruzados; 'Al pelo' y la arrulladora (de arrullo) 'Dulce de mar'.

 Como escribí en la crítica de 'Suave Bruta', lo de Ëda Díaz es puro tráfico de emociones.

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