Desaparecen los personajes de las obras de Goya: la nueva mirada de José Manuel Ballester
La muestra estará abierta hasta el 12 de octubre en el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza

José Manuel Ballester inaugura su exposición 'Espacios ocultos. Goya en silencio' en el IAACC Pablo Serrano. / Laura Trives
¿Qué quedaría de Goya si sus personajes desaparecieran de sus obras? Esa fue precisamente la pregunta que se planteó el artista madrileño José Manuel Ballester, y que dio origen a su recién estrenada exposición ‘Espacios ocultos. Goya en silencio’. Hasta el 12 de octubre, el IAACC Pablo Serrano de Zaragoza acoge este trabajo arriesgado e innovador, con el objetivo de “transformar nuestra mirada”, tal y como señala Dolores Durán, comisaria de la muestra.
La serie ‘Espacios ocultos’ se basa en extraer, mediante una compleja técnica digital, a los personajes y las acciones, no con el propósito de vaciar las obras de contenido, sino de situar el paisaje, que antes permanecía en segundo plano, como elemento protagonista. Durán explica que la aportación de José Manuel Ballester con ‘Goya en silencio’ no consiste ni en mostrar un Goya diferente ni en inventar nada nuevo, sino en poner en primer plano algo que ya estaba allí y pasaba desapercibido.
El propio artista considera que “Goya es un artista que todavía está infravalorado y que sigue abierto a nuevas interpretaciones”, una idea que marca el enfoque de su reinterpretación y le lleva a sumergirse en las entrañas de las pinturas del artista aragonés. En la exposición se distinguen, en términos generales, dos Goyas: el costumbrista, por un lado, y el más oscuro, por otro. No obstante, el foco se sitúa principalmente en este último, ya que “es en la segunda parte de su vida cuando aflora un Goya que trasciende su época y alcanza una dimensión universal”.

Una mujer paseando por la nueva exposición de Ballester, 'Espacios ocultos. Goya en silencio'. / Laura Trives
Esta propuesta está relacionada con el bicentenario del fallecimiento del pintor, ya que, al poner en valor los paisajes aragoneses en los que se inspiró para muchas de sus obras, también se subraya “la importancia de lo aragonés como un elemento fundamental para comprender su obra y su mirada sobre la sociedad”, como señalaba Pedro Olloqui, director general de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón, durante la inauguración.
El recorrido comienza con el famoso ‘3 de mayo’, en el que ya no se aprecian ni los fusilados ni el pelotón. Sin embargo, la ausencia permanece. Lo hacen también la noche, la colina, la sangre, la lámpara y su resplandor, y es en la fuerza de estos elementos donde se comprende que, aunque los personajes hayan desaparecido, la violencia sigue dominando la escena. “El paisaje conserva la memoria de esa tragedia”, explicaba Durán. En ese mismo vacío narrativo se advierte, además, una reflexión sobre el absurdo de la guerra, “una mancha negra sobre la condición humana, ya que al final lo único que queda es esa sangre que aparece en el ‘3 de mayo’”, describía el autor.
Tras esta imagen inicial, la exposición se articula en cuatro territorios goyescos diferentes. En primer lugar, las escenas costumbristas, donde lo cotidiano y los ciclos de la naturaleza adquieren protagonismo. A continuación, las ‘Pinturas negras’, marcadas por la soledad, la angustia y el conflicto interior. Después, ‘Asuntos de brujería para la Alameda de Osuna’, con paisajes cargados de incertidumbre y un aura sobrenatural. Por último, los grabados de los ‘Desastres de la guerra’, donde Ballester se enfrenta a la faceta más cruda de Goya.
El proyecto invita a dejar de considerar el espacio como un elemento secundario en la obra de Goya y a detenerse en sus paisajes, donde nada es casual y todo responde a una intención. El artista madrileño señala que “la veracidad en sus obras reside en que él mismo vivió esos espacios que pintaba. Está claro que no trabajó a partir de referencias, sino desde una experiencia personal vivida intensamente”.
Si bien lo novedoso suele ser motivo de celebración, las primeras reacciones que recibió Ballester sobre su trabajo fueron negativas: “Me decían que podía considerarse una blasfemia o una profanación este intervencionismo sobre obras del repertorio clásico, pero yo estoy muy tranquilo. Lo he hecho con todo el respeto”. El pintor concluye este viaje creativo con una idea clara: “Artistas de hace 200 años siguen teniendo mucho que decir en nuestros días”.
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