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Crítica de Javier Losilla del concierto de Kevin Johansen con Liniers: El talento de dos chabones de cuidado

No es exagerado afirmar que el músico es algo así como el David Byrne del Cono Sur

Kevin Johansen y Liniers durante el concierto de este viernes en la sala Oasis de Zaragoza.

Kevin Johansen y Liniers durante el concierto de este viernes en la sala Oasis de Zaragoza. / David Chic

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Javier Losilla

Javier Losilla

Zaragoza

Kevin Johansen (Fairbanks, Alaska, 1964), es el epítome del folclore de la era del algoritmo. Alquimista de la música y prestidigitador del lenguaje (hijo de padre norteamericano y madre argentina), canta básicamente español una excelsa colección de canciones que enuncia el manual de instrucciones de lo cotidiano. Lleva a la contemporaneidad la tradición rítmica del continente americano (aunque no solo eso). Para que quede más claro: Kevin se sitúa en esa frontera de de artistas singulares de culto y en ocasiones ocultos. Con todo, no es exagerado afirmar que es algo así como el David Byrne del Cono Sur.

El año pasado, Johansen registró en directo el álbum 'Desde que te Madrid', en compañía del gran historietista e ilustrador bonaerense Ricardo Liniers Siri (Buenos Aires, 1973), más conocido como Liniers. En él, ambos creadores, además de dialogar con la palabra, lo hacen cada uno con sus recursos artísticos: Kevin, cantando; Liniers, dibujando en tiempo real lo que le sugieren las piezas del músico. El contenido de ese álbum fue  la base del concierto que esta pareja de perturbadores dio el viernes en la zaragozana sala Oasis. Una actuación excelente, por cierto, aunque el dúo repitiera casi literalmente alguna de las bromas que aparecen en 'Desde que te Madrid'. Pecata minuta, dentro de una propuesta repleta de grandes y hermosas canciones (Kevin, se sabe, posee una voz espléndida repleta de matices), de sugerentes dibujos y no poca ironía.

Una veintena de composiciones

No voy a enumerarles el repertorio, pero sí anotar que sonó casi una veintena de composiciones: desde 'El palomo' a 'Fin de fiesta', pasando por 'Tú ve', 'No voy a ser yo', 'Mc Guevaras’s' o 'Che Donald’s', 'My Name is Peligro', 'El círculo', 'Desde que te perdí', 'Sur o sur', 'S.O.S. Tan Fashion', 'Guacamole', 'Cumbia intelectual'… Ah, y dos arrebatadoras versiones: 'Modern Love', de David Bowie, y 'La chanson de Prévert', de Serge Gainsbourg. Un público entusiasta y entregado, menos del que merece una apuesta así, coreó las canciones, aplaudió a rabiar y subió (no todo, claro) a bailar al escenario con Kevin y Liniers. Sabemos que Johansen no necesita más compañía que la de su guitarra para resolver con brillantez los conciertos; pero no menospreciemos la colaboración de Liniers (hasta hizo un amago de cantar, intercambiándose los papeles), autor de la portada de 'Logo', uno de los discos de Kevin, en el espectáculo. Por su agudeza, lo de esta pareja bien podría llevar el apelativo cervantino de 'El coloquio de los perros'; pero lo apodaremos a lo argentino como el talento de dos chabones de cuidado. ¡Dale!

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