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Zaragoza y su ruina más incómoda, el Teatro Fleta

El edificio, convertido en un esqueleto simboliza décadas de políticas fallidas

El Teatro Fleta en su estado actual.

El Teatro Fleta en su estado actual. / Ángel de Castro

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Daniel Monserrat

Daniel Monserrat

Zaragoza

Antonio Banderas, Catherine Zeta Jones y Anthony Hopkins son tres de las últimas personas que estuvieron en el Teatro Fleta de Zaragoza. Obviamente, hablo en sentido figurado, ya que una proyección de 'La máscara del zorro' fue la que le puso el candado a una de las grandes infraestructuras culturales de Aragón. Era el año 1999 y entonces el cerrojazo se anunciaba temporal para su remodelación tras la adquisición del mismo por el Gobierno de Aragón. Este iba a ejecutar un proyecto, no exento de polémica entre las asociaciones defensoras del patrimonio, que iba a convertir la instalación en una del siglo XXI (que entonces estaba a punto de empezar).

Lo que pasó a partir de entonces aunque se ha contado muchas veces son pocas en comparación con lo que se debería porque es la historia cultural más negra de esta comunidad. Aquel proyecto se quedó a medias (después de haber acabado con todo el interior del teatro) dejando el Teatro Fleta en el esqueleto que es ahora, y tampoco tuvieron mejor suerte los dos posteriores proyectos, uno auspiciado por la SGAE que no pasó el visto bueno de Patrimonio ya que no respetaba lo que estaba catalogado como protegido, y otro posterior salido de un concurso de ideas del Gobierno de Aragón que ni comenzó porque la crisis acabó con el como con tantas otras cosas.

Cicatriz dolorosa

El resultado es que Zaragoza, ahora mismo, cuenta con una cicatriz muy dolorosa en pleno centro de la ciudad, un edificio que, aunque no lo está, parece que está en ruinas y del que nadie parece querer hacerse cargo.

Esta semana ha visitado Zaragoza una de las figuras más importantes que ha dado la danza en la ciudad, la estrella internacional de ballet Gonzalo García Portero. En una entrevista con este diario recordaba que si la ciudad ha perdido su importancia en el mundo de la danza es porque, entre otras cosas, ni existe el Ballet de Zaragoza (que también desapareció por una decisión política) ni se programa danza clásica ni existe un templo como era el Teatro Fleta. Sabe de lo que habla, es una auténtica estrella en Estados Unidos y ahora es el director del Miami City Ballet .

Han pasado casi 30 años de que aquel cierre por la puerta de atrás del Teatro Fleta y, aunque parece que a todo se acostumbra uno, su ausencia es una gran herida en la cultura aragonesa. Sobre todo, porque su existencia permitiría a Zaragoza contar con otro recinto escénico que ampliaría sus posibilidades de programación con u escenario preparado para grandes producciones, también de ópera, claro que sí. Hablamos de la cuarta ciudad de España.

Sin mirar al problema

Mientras tanto, su propietario (el Gobierno de Aragón) ya ni siquiera mira el problema, ni lo hizo el pasado gobierno de Javier Lambán ni lo está haciendo el presente de Jorge Azcón. Los dos aplican la misma 'solución', hacer como que no existe. Ni siquiera ahora, que los presupuestos son mucho más expansivos y defienden la bonanza económica.

Las prioridades está claro que son otras, la nueva Romareda, el Centro Goya en los Antiguos Juzgados, y tantas y tantas decisiones políticas que se están tomando cada día y que nunca llegan a la cultura (ya, ya sé que el Centro Goya es la gran apuesta cultural del ejecutivo). Eso no quita para que la herida del Teatro Fleta se vaya reabriendo de vez en cuando como esas que no acaban de sanar por mucho que pase el tiempo. Igual es el momento para intentar buscar una solución a esa cicatriz (que no lo es tal porque no está cerrada por lo tanto no puede serlo todavía) y que uno empiece a sentir que esta ciudad es un poco más agradable para sus ciudadanos.

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