ESTE MARTES EN ZARAGOZA
María José Rubio rescata la historia de amor entre la marquesa de Santa Cruz y Luciano Bonaparte: "Los aristócratas tenían una libertad sexual que hoy incluso nos sorprende"
La autora madrileña presenta este martes (19.00 horas) su nueva novela en el Patio de la Infanta, en el marco del ciclo Martes de Libros de Fundación Ibercaja

María José Rubio, autora de 'La marquesa y Bonaparte', este martes, en Zaragoza. / Jaime Galindo
"Puede que lo que parezca más irreal sea lo que realmente ocurrió". Con esa advertencia, María José Rubio da comienzo a su nueva obra, 'La marquesa y Bonaparte'. La novela histórica puede ser, en ocasiones, un terreno peliagudo, ya que lo extraordinario suele confundirse con lo ficticio. La autora madrileña insiste en que la suya "es una trama que supera cualquier expectativa, porque está llena de detalles reales que son tan asombrosos y, al mismo tiempo, desconocidos por la mayoría de la gente, incluso por los propios historiadores, que parecen literarios".
El libro se publicó el pasado febrero y, desde entonces, no ha parado de recibir críticas positivas: "Han llegado a calificarla como una de las mejores novelas escritas en los últimos tiempos en español". A los lectores, explica Rubio, les ha sorprendido especialmente la paradoja que plantea: "El título sugiere una historia de amor, pero lo que encuentran es algo mucho más complejo".
En su interior, la autora reconstruye la relación entre la marquesa de Santa Cruz, Mariana de Waldstein, y Luciano Bonaparte, enviado a España por su hermano Napoleón como embajador para asegurar el apoyo del país en su guerra contra Inglaterra. Sin embargo, la historia no se limita a lo sentimental. En la vida de ambos, "había una serie de tramas que, enlazadas, resultaban absolutamente apasionantes", declara la historiadora. De este modo, el relato se expande hacia la geopolítica, la diplomacia e incluso el arte.
El modus operandi de Rubio para dar con sus historias parece mantenerse invariable en el tiempo: la búsqueda de mujeres fascinantes. En este caso, el punto de partida fue la marquesa de Santa Cruz, "una de esas figuras relevantes de la Ilustración española. A lo largo de mi carrera me he interesado por este tipo de mujeres, pioneras en libertades, en presencia pública y en participación en la sociedad civil", señala la madrileña. Mariana de Waldstein, extranjera integrada en la corte de Carlos IV, fue pintora profesional y retratada por Goya. Además, según avanzaba en la investigación, la escritora descubrió una pieza clave en su vida: "tuvo amantes fascinantes, entre ellos Luciano Bonaparte".
En los últimos suspiros de la Ilustración, el de los amantes parecía ser el tema "de moda". Es más, "tener un cortejo era equivalente a 'ser una moderna', en términos actuales", comenta Rubio entre risas. En ese contexto, estas uniones resultaban tan escandalosas como reveladoras de un deseo cada vez más grande de libertad personal, especialmente entre las mujeres. Aunque muchas estaban casadas, tenían amores platónicos que, en ocasiones, llegaban a convertirse en relaciones: "Tenían una libertad sexual que hoy incluso nos sorprende".
Sin embargo, la relación entre Waldstein y Bonaparte se aleja del amor romántico convencional y se adentra en un terreno mucho más complejo, donde también opera como "una estrategia política": "Está claro que había una atracción mutua. A ella le atrae la modernidad que él representa, y él, como cualquier Bonaparte, se fascina ante una mujer aristócrata. Pero también es un amor que pone en juego muchas cosas". En ese equilibrio entre lo emocional y lo estratégico reside una de las bases de la historia: “aquí todo es político, incluso el amor es político”.
Por su parte, el personaje de Luciano explora algunos de los conflictos internos más relevantes de la trama. A medida que pasan los años, el menor de los Bonaparte siente cada vez más la necesidad de librarse del mandato de Napoleón, más aún cuando empieza a empatizar con el caso español: "Le revienta el espíritu autocrático que Napoleón va adquiriendo según asciende en el poder. Esa relación fraternal podría ser la de cualquiera de nosotros. Todos nos hemos rebelado contra un hermano mayor que nos daba demasiadas órdenes".
La idea abstracta del poder
Finalmente, el triángulo amoroso se completa con el marqués de Santa Cruz, que Rubio define como "uno de mis personajes favoritos". A su manera, también encarna una mentalidad moderna, aunque desde el prisma del caballero aristocrático español: "Es capaz de comprender que su esposa necesita esa libertad, aun amándola muchísimo. Entiende que su mujer no le pertenece, sino que pertenece a esa libertad que la mueve".
A través de una historia que entrelaza amor, arte, conflictos familiares y geopolítica, la autora desmonta la idea abstracta del poder: "A veces hablamos de él como si fuera una entelequia, pero en realidad se ejerce a través de personas concretas, con sus traumas, ambiciones y manías”. Por tanto, en este libro la historia se perfila como la suma de decisiones individuales tomadas, casi siempre, a puerta cerrada.
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