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CONGRESO 'EL MUNDO QUE VIENE'

Antonio López, en Zaragoza: "Me apenó mucho no poder pintar en la basílica del Pilar; la Iglesia fue muy ignorante"

El célebre pintor manchego ha estado este viernes en el Palacio de Congresos de la Expo, donde ha participado en una charla durante el congreso del 150 aniversario de Fundación Ibercaja

Antonio López, este viernes en el Palacio de Congresos de Zaragoza.

Antonio López, este viernes en el Palacio de Congresos de Zaragoza. / Pablo Ibáñez

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Rubén López

Rubén López

Zaragoza

Antonio López ha participado este viernes en el congreso 'El mundo que viene', organizado por Fundación Ibercaja con motivo de su 150 aniversario. El simposio ha acercado hasta la capital aragonesa este jueves y viernes a voces influyentes de la política, la economía, la cultura, la educación y el deporte.

¿Confía en el ‘El mundo que viene’?

Pues mucha confianza no me da, la verdad. Pero como el hombre tiene mucha capacidad de supervivencia, va a continuar. Como el arte, que yo creo que no morirá nunca porque hay mucha gente que lo necesita. Aunque bueno, nunca se sabe... El hombre tiene mucha capacidad destructiva.

¿Desde que tuvo consciencia de estar en el mundo usted ya quería ser pintor?

No, no. Yo soy de Tomelloso y durante un tiempo yo estaba destinado a trabajar allí. Estudié contabilidad, máquina y todas esas cosas. Lo que ocurre que tenía un tío pintor, muy bueno y respetado. A los 13 años me vio hacer unos trabajos y entre los dos convencimos a mi padre para que me dejara estudiar pintura. Él me salvó de otra vida. Y a partir de ahí yo empecé a sentir mucho entusiasmo por la pintura.

¿De niño ya tenía una destreza innata para dibujar y pintar?

No lo creo, la verdad. Pero ya a los doce años empecé a copiar cosas con el mayor parecido posible y sí que notaba que tenía habilidad para hacerlo. Y sobre todo que se me iba el tiempo, que ya dejaba de salir a la calle a jugar con mis amigos y me quedaba dibujando.

Dice que copiaba del natural. ¿En esos años ya empezó a nacer en usted su estilo realista?

No, no. Mi tío era un pintor figurativo y yo nunca había oído hablar del arte moderno allí en Tomelloso. Todo eso lo conozco cuando voy a Madrid, aunque en la España de los años 50 había muy poca información. No es como ahora, que puedes ver exposiciones de grandes pintores. Fui poco a poco interesándome por mis propios medios. En esa época aprendí mucho del arte abstracto y de otros movimientos.

¿Y qué le atrajo tanto del movimiento realista?

Bueno, siempre me ha gustado el mundo real como motivo para pintar. Siempre tiene que haber un motivo, y para mí era ese. Un mundo real no como fotografía, sino como espacio para la pintura. La abstracción me enseñó mucho en ese sentido.

Sus obras ‘Lavabo y espejo’ y ‘Taza de wáter y ventana’ datan de finales de los años 60. ¿Qué pulsión le llevó a pintarlas?

Porque los tenía al lado. Lo que es difícil es pintar Vietnam desde Madrid. Pero pintar tu cuarto de baño, pues es un tema. Antes era la Purísima y ahora es el cuarto de baño. El arte figurativo del siglo XX ha ido recogiendo todas las experiencias de las personas. Se ha ido acercando a lo que le ha llamado la atención. Eso es lo bonito.

Después se interesó por el paisaje urbano.

Claro, es que es lo mismo. Es tu casa, es tu ciudad, es tu jardín, es tu mujer, es tu nieta... El arte figurativo libre siempre se ha nutrido de experiencias personales. ¿Cuáles? Pues tu vida.

Antonio López, este viernes durante la charla en el Palacio de Congresos.

Antonio López, este viernes durante la charla en el Palacio de Congresos. / Pablo Ibáñez

¿Qué recuerdo tiene de esas mañanas pintando la Gran Vía?

Disfruté mucho. Lógicamente me costaba madrugar, llegar hasta allí, poner el caballete, que la gente mirara... Todo eso es un engorro, pero me pareció algo maravilloso y mágico, de verdad. Pero o lo hacía así, o no lo podía hacer. Y yo lo quería hacer. Los impresionistas pintaron París y yo pinté Madrid. Además, salir a la calle también me permitía escapar de la soledad del pintor.

La pintó sin coches ni gente.

Porque se mueven. Yo quería trabajar sobre elementos fijos. Todo lo que cambia lo vas dejando, hasta que no lo afrontas. Si por un milagro los coches y la gente hubieran estado fijos, los hubiera pintado. Pero eso es imposible. Sé que puede quedar un clima irreal, pero prescindí de eso voluntariamente.

Consigue sin embargo que sus obras no sean nada frías. Logra encerrar el alma de lo que plasma. ¿Eso cómo se hace?

Teniendo tú una emoción. Sin eso no debes ponerte a pintar. Tú vas haciendo una selección de las cosas que te mueven, te llaman la atención, te inspiran curiosidad y te producen admiración... Las quieres. Hay gente que hace la selección con las cosas que odia, pero esa es otra pintura.

Se le considera un pintor lento.

No estoy de acuerdo. Hay una forma de hacer las cosas y ya está. Es como hacer una tortilla de patatas, no hay una forma rápida y una forma lenta. Cuando pintas una flor y tienes tres días antes de que muera, la pintas en ese tiempo.

Siempre ha dicho que una obra "nunca se acaba, sino que se llega al límite de las propias posibilidades".

Sí, lo he sentido casi siempre. Hay muy pocas obras que considere terminadas. Las que nombrábamos antes del lavabo y el wáter son unas de esas pocas. La clave es hasta dónde puedes llegar tú.

Estuvo 20 años pintando el retrato ‘La familia de Juan Carlos I’.

Bueno, fue un encargo. Yo había pintado parejas, pero nunca una familia, así que me llamó la atención. Me pareció muy interesante, aunque no pudieron posar y lo hice con una foto. Respecto a lo del tiempo, lo que ocurrió es que yo a veces dudaba del camino que llevaba y me paraba hasta que veía la posibilidad de continuar. Y esas paradas podían ser muy largas. Si concentráramos todo el tiempo que estuve pintando, no sumarían más de dos meses.

Muchos han encontrado paralelismos entre su cuadro y ‘La familia de Carlos IV’ de Goya.

Sí, lo sé. Lo que ocurre que lo de Goya no fue un encargo y él convivía con los reyes.

¿Goya ha sido una influencia en su obra?

Conscientemente creo que no. Lo que pasa es que ahí está el Prado, donde hay muy poca pintura que no sea española. Eso sí que nos ha influido mucho. Pero claro, Goya es muy grande. Fue un hombre que dio su opinión pintando, con mucha ironía. Criticó mucho a la España de esos años. Fue muy moderno en eso. Casi como un reportero de hoy en día.

Ya sabe que en 2028 se conmemora el bicentenario de su muerte. Aquí se está haciendo hasta un museo nuevo. En su opinión, ¿qué no debería faltar en una efeméride así?

Uf, no me atrevo a eso. Seguro que lo hacen lo mejor posible, aunque Goya tiene tanta altura que no hace falta decir mucho.

Usted planteó una propuesta para pintar una de las cúpulas de la basílica del Pilar, pero en 2016 el Cabildo Metropolitano la rechazó. ¿Se le quedó una espinita clavada?

Si, me apenó mucho. Con el paso del tiempo me avergoncé un poco, porque creo que insistí demasiado. Me tendría que haber dado cuenta de que no era posible, pero es que de verdad pensaba que era un proyecto muy interesante. Puedo entender al Cabildo en cierta forma, pero creo que fueron muy ignorantes. La ignorancia es terrible, y en este caso la ignorancia llegó de la Iglesia.

El año pasado, al menos, pudo inaugurar su estatua de Goya en Fuendetodos.

Sí, eso me hizo mucha ilusión. Y también ir allí a inaugurarla. Lo que pasa que tienes que hacerlo a través de imágenes y con un modelo. Pero no fue difícil, porque la fisionomía de Goya es muy característica.

Fuendetodos ha comunicado que usted y Andrés García Ibáñez van a realizar ahora otra estatua de Ignacio Zuloaga. La Asociación Aragonesa de Esculturos ha lamentado que el proyecto no haya salido a concurso público para que pudieran presentarse otros artistas. ¿Entiende la queja?

Pues me parece que pueden tener razón, pero también en otras épocas se hacía a dedo. Decían, 'Fidias tiene que ser el que decore el Partenón'... También Goya trabajó en Madrid y no era madrileño. Convocar concursos no significa siempre elegir bien, porque puede haber artistas muy buenos que no se presenten. Dicho esto, puedo entender las razones de la asociación que me comentas.

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