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De vuelta al Berlín: el mítico bar punk de Zaragoza donde durmieron los Green Day y que fue 'segunda casa' para Manolo Kabezabolo

El local de la calle Luis del Valle jugó un papel determinante para que la capital aragonesa se convirtiera en los años 80 y 90 en una ciudad de referencia para el movimiento punk

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Rubén López

Rubén López

Zaragoza

El movimiento punk que latió en Zaragoza sobre todo en los años 80 y 90 no se entendería sin el bar Berlín. Ubicado en la calle Luis del Valle, en plena zona heavy, el local fue clave para que toda esa contracultura se desarrollara en la capital aragonesa, convirtiéndose en una de las ciudades de referencia para este movimiento en España. El bar abrió sus puertas en 1982 y las cerró en 2020 a consecuencia de la pandemia. Fueron casi cuatro décadas de agitación social y cultural en las que el Berlín promovió la celebración de conciertos, la edición de discos de bandas locales y la publicación de fanzines.

El bar, además, se convirtió en el "centro de reunión" para los punkis de la ciudad, un lugar de resistencia donde podían intercambiar casetes y hablar de sus grupos preferidos. Por ejemplo, fue la «segunda casa» de Manolo Kabezabolo, sin duda el punki más célebre de Zaragoza.

«Manolo era el cliente número uno. Aún mantenemos la relación. Y también con otros clientes. Al final ahí creamos como una gran familia y fue la segunda casa para mucha gente», destaca Tito Cherres, que abrió el bar en 1982 junto a un amigo ya fallecido. Este peruano de 67 años estuvo al frente del Berlín hasta la irrupción de la pandemia, que le golpeó de lleno viéndose obligado a bajar la persiana. En esa época, sus clientes más fieles incluso impulsaron una recogida de fondos para evitar su cierre. Al final no pudo ser y Zaragoza se quedó sin su bar punk por antonomasia.

El exterior del Berlín, en la última etapa.

El exterior del Berlín, en la última etapa. / Archivo Bar Berlín

«Desde entonces no hay un local así en la ciudad, cosa que no entiendo», lamenta Santi Ric, uno de los grandes responsables (sino el que más) de que el Berlín traspasara el término de bar: «Yo empecé a ir de cliente cuando aún era menor de edad, pero al final acabé trabajando allí doce años de camarero y se convirtió en mi casa. Había veces que hasta dormía en el altillo de arriba».

Ric se fue erigiendo poco a poco en un gran agitador contracultural, siendo uno de los responsables de impulsar Berlín Records. Este sello discográfico apadrinó por ejemplo las primeras maquetas de Manolo Kabezabolo (destacando su mítica casete 'El nene no va a misa' de 1992) y a otras bandas locales como Drogas Guais (con el propio Ric de cantante), Bastardos del Metal o Fuerza Para Vivir.

El bar también se convirtió en centro de operaciones de muchos editores de fanzines independientes como Desconcierto, Base Cero, Ideafix, Malasangre o Bazofia. «En Zaragoza se hacían los mejores fanzines», zanja Ric, que después también impulsaría junto a Javier Casañal 'Casas' Producciones Zambombo. Esta promotora consiguió que Zaragoza estuviese en el mapa de las giras europeas de bandas como Green Day, Spermbirds, Toxic Reasons, S.N.F.U, Rhythm Pigs, M.D.C., o los alemanes Jingo de Lunch, grupos muy relevantes dentro del panorama punk y hardcore.

Green Day en Zaragoza

«Fueron años de mucha efervescencia y, gracias a todas esas iniciativas creadas en torno al bar, Zaragoza tuvo una de las mejores escenas punk del país, solo superada por la de Euskadi», subraya Tito Cherres, que recuerda perfectamente los cuatro conciertos que ofreció Green Day en la ciudad entre 1991 y 1994. «Cuando tocaron las primeras veces siempre solían venir al bar después de sus conciertos y me acuerdo que en una de ellas estaban tan a gusto que se quisieron quedar a dormir en el almacen que había arriba. Yo no lo entendía muy bien, pero al final bajé la persiana y les dejé allí», rememora entre risas Cherres, que recuerda que a la mañana siguiente les rescató y se fue a tomar carajillos con ellos.

Tito Cherres y Santi Ric, en el Berlín.

Tito Cherres y Santi Ric, en los años 90 en el Berlín. / Archivo Santi Ric

El trío californiano aterrizó por primera vez en Zaragoza en 1991, por supuesto antes de su afamado 'Dookie' (1994). En esa primera ocasión actuaron en la discoteca Heaven y solo una semana después en la Pyramis del Rollo, donde regresaron en 1993. El último, el de junio de 1994, ya se celebró en la sala En Bruto al ser más conocidos. «Cuando vinieron la primera vez tampoco los habíamos escuchado mucho. Quién iba a saber entonces que luego iban a llegar tan lejos...», apunta Ric.

Pero Green Day no fue la única banda relevante, al menos en esa época, que tocó en el Berlín. También lo hicieron otras extranjeras como la alemana Jingo de Lunch y por supuesto muchos grupos locales. «Lo bueno del bar es que fue un lugar de reunión para todos los que nos gustaba esa música. En esos años no era tan fácil comprar discos de bandas de punk porque no estaban en las tiendas, así que cuando alguien conseguía alguno venía al bar y nos íbamos haciendo copias de casete», recuerda Ric, que apunta que ellos también iban a comprar discos a países como Alemania para luego pincharlos en el Berlín (llamado así por la canción de Lou Reed).

Su relación con los heavys

En el local de la calle Luis del Valle, donde sobre todo se escuchaba hardcore, punk y trash metal, sus parroquianos convivían con los heavys del entorno. Al principio con algo más de tensión, pero luego con una curiosa fraternidad. «En los primeros años hubo algunas peleas, pero luego los punkis empezamos a tocar bien y los heavys a tener conciencia política –apunta Ric entre risas–. Me acuerdo una vez que vinieron los fachas y todos unidos les echamos de la calle».

Tan conocido fue el Berlín en esos años 80 y 90, que la gente esperaba en la calle a que abriera a las cinco y media de la tarde. «Conseguimos crear una gran comunidad. Me dio mucha pena no poder celebrar el 40 aniversario, pero me quedo con todos los que me escribieron cuando cerró el bar. Como decía Manolo Kabezabolo en el documental que se estrenó hace dos o tres años, el Berlín se convirtió en la segunda casa para mucha gente, y eso significa mucho para mí», concluye Cherres.

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