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NOVEDAD EDITORIAL

Marta Platel, ganadora del Premio Fernando Lara, en Zaragoza con 'El baile de las criadas': "Quería hacer justicia a todas las mujeres a las que su época había silenciado"

La autora catalana presenta este martes (19.00 horas) su nueva novela en el Patio de la Infanta, en el marco del ciclo Martes de Libros de Fundación Ibercaja

Marta Platel, autora de 'El baile de las criadas', este martes, en Zaragoza.

Marta Platel, autora de 'El baile de las criadas', este martes, en Zaragoza. / Pablo Ibáñez

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Antes de sumergirnos en 'El baile de las criadas', ¿qué ha supuesto para usted ganar el Premio Fernando Lara con tan solo su segunda novela?

Ha sido un regalo inmenso. Aunque también me ha supuesto una gran responsabilidad, porque no sé cómo voy a superarme. Que hayan premiado esta novela significa que han valorado la calidad de la prosa y la verdad de los personajes por encima del nombre. Al final, soy una autora desconocida y todavía estoy consolidando mi voz, pero creo que a los lectores les gusta que este tipo de premios den a conocer nuevas voces.

La trama rescata vidas que apenas han dejado huella en los libros de historia. ¿Por qué decidió escribir un libro que indagase en ese silencio?

Quería hacer justicia a todas las mujeres a las que su época había silenciado. Nunca había leído una novela en la que la criada no fuese un personaje plano, sino una mujer con voz propia, personalidad y capacidad para rebelarse. Donde crecí había muchas criadas, mujeres que trabajaban desde los 14 años, con un sueldo irrisorio, uniforme y sin vacaciones. Y, aun así, defendían a sus señores con uñas y dientes. La memoria es caprichosa y, mientras pensaba en qué quería escribir, volví a acordarme de ellas. En la España de la posguerra, estas mujeres dedicaban toda su vida a servir a los demás y, a la hora de la verdad, no tenían ni voz ni voto. Pensé que era necesario romper ese silencio.

En aquella época, el servicio doméstico era prácticamente invisible y, sin embargo, conocía todos los secretos de las familias. ¿Hasta qué punto una criada podía llegar a convertirse en un peligro?

Bajo los techos de las grandes casas de la Barcelona de 1941, nada era lo que parecía. Las criadas eran las grandes invisibles: limpiaban las casas, recibían a los invitados, pero también conocían todas las intimidades de las familias a las que servían. Los señores hablaban y comentaban todo lo importante delante de ellas, convencidos de que no eran conscientes de lo que sucedía a su alrededor. La información es poder y, llegado el momento, podía volverse contra quienes las explotaban.

La novela reivindica la solidaridad entre mujeres, pero también muestra sus límites en un contexto muy delicado. ¿Qué quiso explorar a través de la relación entre Melisa y Lucía?

Se habla mucho ahora de la sororidad y de las amistades inquebrantables entre mujeres. Melisa y Lucía son muy amigas, pero me resisto a la idea de que una amistad no pueda romperse. La vida las pone en situaciones que despiertan ciertas envidias y obligan a Melisa a cuestionarse cosas que daba por hechas. Aun así, quiero pensar que, cuando llega el momento, las mujeres nos ayudamos unas a otras y alzamos nuestra voz.

La presencia nazi en la Barcelona de los años cuarenta es uno de los pilares de la historia. ¿Por qué cree que este capítulo de nuestro pasado ha pasado tan desapercibido?

En el colegio nos hablan mucho de los visigodos y de los Reyes Católicos, pero de nuestra historia reciente, que es la que más nos concierne, apenas se habla. Yo desconocía hasta qué punto la presencia de los nazis había influido en la vida cotidiana de la ciudad hasta que encontré 'Nazis a Barcelona'. La maldad tiene algo inquietantemente fascinante y eso despertó mi curiosidad. Entre 1940 y 1944 las visitas nazis fueron constantes y el gobierno de Franco les rendía una pleitesía que me no me explicaba. Las esvásticas no solo estaban en edificios alemanes, sino también en lugares emblemáticos como el Palau de la Música o el Cine Coliseum. Creo que algo de aquella atmósfera todavía permanece en la ciudad.

¿Cree que la realidad de aquellas mujeres difiere mucho de la que viven hoy las empleadas del hogar?

Hay muchas cosas que, por desgracia, no han cambiado. Es verdad que hoy tienen más derechos, pero no hace tanto tiempo que se las empezó a asegurar y todavía muchas trabajan sin estar dadas de alta. Además, siguen siendo tratadas con cierto desprecio. Muchas mujeres que vienen de otros países para buscarse la vida aquí continúan sometidas a una mirada condescendiente e incluso al rechazo. Y, sin embargo, vienen a hacer trabajos que nosotros no queremos hacer. Parece que a veces olvidamos que nadie abandona su hogar por gusto, sino por necesidad.

Después de convivir con ellas durante tanto tiempo, ¿cuál es la principal lección que le han dejado?

Me han enseñado que no importa de dónde vengas ni los recursos que tengas. Si conservas la dignidad, tarde o temprano acabarás encontrando la manera de alzar tu voz.

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