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CULTURA EN EL MUNDO RURAL

El pueblo de Teruel de 120 habitantes que celebra un festival de teatro, danza y música en sus casas

Vecinos de Torre del Compte acogerán en sus hogares espectáculos para todos los públicos, dentro del festival Matarranya Íntim, del 2 al 5 de julio

Una de las representaciones de la edición pasada, en Torre de Arcas.

Una de las representaciones de la edición pasada, en Torre de Arcas. / Mireia Margenat

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Zaragoza

Dentro de unos días, las puertas de varias casas de Torre del Compte se abrirán a desconocidos. No será por una celebración familiar ni por una fiesta popular, sino para convertirse en escenarios. Durante cuatro jornadas, del 2 al 5 de julio, este municipio turolense de apenas 124 habitantes acogerá espectáculos de teatro, danza, música y 'performance' gracias al Matarranya Íntim, un festival que lleva trece años recorriendo la comarca y demostrando que la cultura contemporánea también tiene cabida lejos de las grandes ciudades.

Esta escena resulta especialmente significativa en una comunidad como Aragón, donde cerca del 70% de la población vive concentrada en núcleos urbanos. Mientras tanto, más de la mitad de los 713 municipios aragoneses cuentan con menos de 150 habitantes. Este vacío del medio rural tiene muchas consecuencias, pero quizá la más evidente sea el olvido.

El olvido de la riqueza patrimonial de muchos pueblos, pero también de las personas que aún los habitan. Por ello, festivales como Matarranya Íntim, que lleva año tras año las artes escénicas de vanguardia a distintos pueblos de Matarraña para dinamizar el panorama cultural de la comarca, resultan fundamentales para aliviar ese vacío y reivindicar a quienes lo sufren.

La historia del festival comenzó en 2013, en Ráfales. "Fue el primer lugar en el que lo hicimos porque queríamos empezar en casa", recuerda Jacobo Julio Roger, uno de los organizadores del festival. Lo que nació como una experiencia local pronto empezó a crecer: "Después comenzamos a ir a pueblos vecinos y nos alucinaba la cantidad de gente que se volcaba".

Del Cabanyal al Matarraña

El germen del proyecto, sin embargo, se encuentra en Cabanyal Íntim, un festival valenciano que surgió en 2011 para apoyar la lucha vecinal del histórico barrio marinero del Cabanyal frente a los planes urbanísticos que amenazaban varias de sus viviendas. "Hicimos el festival en varias casas que querían ser desalojadas al día siguiente y logramos salvar algunas de ellas", explica Roger. Aquella experiencia les llevó a preguntarse si el mismo modelo podía trasladarse al medio rural: "Pensamos que podía ser interesante aplicar la misma dinámica en Matarraña, y así dar visibilidad a la riqueza patrimonial de la comarca".

Pero los comienzos nunca son fáciles, y este no fue una excepción: "Empezamos con cuatro obras y pidiendo favores a nuestros amigos; haber llegado hasta aquí ha sido entre un milagro y una obra de arte". A pesar de que hoy trabajan con varias compañías consolidadas a nivel nacional, siguen enfrentándose a importantes dificultades, cada año, a la hora de sacar adelante el festival: "Estamos en la misma precariedad económica que al principio. Los festivales de Aragón nos lanzamos en plancha sin saber el presupuesto que tendremos".

Para remediar esta situación, desde la organización reclaman una financiación más estable que les permita planificar el ciclo con mayor seguridad. Consideran que "la cultura sigue sin recibir el reconocimiento institucional que merece", pese a su impacto económico y social: "No queremos seguir viviendo de la incertidumbre". A su juicio, "apostar por la cultura supone también apostar por el territorio, el empleo y el desarrollo local".

"Traednos cosas raras, que lo normal ya lo vemos en la televisión", clamó una mujer en la primera edición del festival

Si algo distingue a Matarranya Íntim de otras muestras de la comunidad es su apuesta por una programación contemporánea. Una decisión que, paradójicamente, nació de una petición vecinal. Roger recuerda cómo, durante la primera edición, una mujer del pueblo se acercó a él y le dijo: "Traednos cosas raras, que lo normal ya lo vemos en la televisión". Aquellas palabras terminaron convirtiéndose casi en una declaración de principios: "Muchas veces minusvaloramos la mente abierta de la gente que vive en los pueblos. No hacemos clásicos; les hablamos de lo que se está cociendo en cada momento. Esa mezcla entre vanguardia y sencillez forma una simbiosis muy bonita".

La vulnerabilidad como concepto

La edición de este año gira en torno al concepto de vulnerabilidad, una idea que atraviesa buena parte de la programación y que también se refleja en la imagen elegida para el cartel: el busto de un niño sin brazos, que hace referencia a una imagen de la guerra de Gaza. "Ponemos el foco donde pensamos que hay que mirar. Estamos en una situación muy vulnerable, porque medio planeta está siendo masacrado por culpa de las malditas guerras", señala Roger.

Cada año, el festival trabaja de la mano del ayuntamiento de cada localidad para contactar con los vecinos, pero esta vez ha contado con una ayuda especial: "Ana Mari es una vecina que nos ha acompañado a todas partes y nos ha presentado a todo el mundo. Cuando haces algo como esto no puedes ir a puerta fría, sino de la mano de alguien. El factor humano es lo más importante".

"Los vecinos se han implicado con muchísima generosidad", destaca Roger. De hecho, asegura que, pese a ser uno de los pueblos más pequeños por los que ha pasado el festival, la respuesta ha sido extraordinaria: "Hay menos gente, pero muy trabajadora".

Entre los espectáculos programados para este ciclo se encuentran 'Matarranya a Escena', de Romancero de la Vulnerabilidad, el 2 de julio; 'Replacenta', de Daniel Esteban, el 3 de julio; 'Titiriscopio', de Arawake Theatre, el 4 de julio; y 'Madame', de Cristina Gómez, el 5 de julio. Todo ello, y mucho más, conformará unas jornadas transversales que combinarán música, danza y teatro de vanguardia para reivindicar el medio rural y demostrar que la cultura también puede florecer lejos de los grandes centros urbanos.

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