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La crítica de Javier Losilla del concierto de Niño de Elche y Refree en el SoNna Huesca: Del CDAN al paraíso

Su actuación inauguró este sábado la séptima edición del festival oscense

Niño de Elche y Raül Refree, este sábado en el Centro de Arte y Naturaleza de Huesca.

Niño de Elche y Raül Refree, este sábado en el Centro de Arte y Naturaleza de Huesca. / DPH

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Javier Losilla

Javier Losilla

Zaragoza

Centro de Arte y Naturaleza. Huesca. Exterior noche. Estaba yo sentado en la posición de loto, sobre una de esas tarimas que ponen en los festivales para que las cámaras de televisión puedan grabar el escenario por encima de las cabezas de los espectadores, y sentí como mi cuerpo se elevaba unos metros. Fue una extraña y agradable sensación física y una profunda experiencia espiritual. Raül Refree, músico errante que transita por todas las músicas y adjudica a quien se las pide las más precisas y estimulantes, y Niño de Elche, la voz que clama en el desierto de la esperanza y reúne en su garganta el eco de los valles más insondables, actuaban en la primera jornada del imprescindible festival SoNna, con el CDAN recortado por las sombras como fondo, catedral del arte y la naturaleza que un día fue referente de las españas, casi abandonada hoy a su suerte por esa cuadrilla de sobreros de la cultura de barra de bar y cabeza de gamba. Esos Parientes Pobres del pensamiento y de la lucidez.

Abordando las piezas del disco Cru+ces (su último trabajo juntos, que pronto será el penúltimo), e interpolando composiciones de propuestas anteriores, Niño de Elche y Refree iban creando, mientras yo (ya saben) me elevaba en la posición de loto, una cantata o una sinfonía de búsqueda y redención. Recogimiento, reflexión y tal vez arrepentimiento, en unos textos que conforman un cántico espiritual en el que la voz prodigiosa indaga, a la manera de Dante, en los círculos en los que se halla la palabra que escuece, implora, protesta o suplica.

Y alrededor, arriba y abajo de las simas agitadoras del cantador (no cantaor, ojo), la música de las mil cadencias saliendo de los sintetizadores o de esa guitarra situada más allá de cualquier invención, con la que la pareja arma un set en el que cada nota es una puñalada y cada sílaba un bálsamo. Niño de Elche y Refree reformulan los códigos de comunicación y de comunión; la palabra es un significante poderoso más allá de su significado, y la música es un pozo sin fondo de donde pueden salir cantos de sirena o ruido de sierras mecánicas. Purgatorio, infierno y paraíso, en una actuación que es la mejor representación sobre un escenario de la Divina Comedia.

Sabemos que viajar con Dante no es tarea fácil; tampoco lo es el espectáculo sostenido por Cru+es. Pero no podemos condenar a quienes no pueden o no quieren atisbar los tonos azulados del éxtasis, pues ya nos advirtió David Byrne de que el cielo puede ser un lugar en el que nunca pasa nada. Pero cuando pasa, amigos, te pones en la posición de loto, te vas alejando del barullo terrenal, atraviesas las dos zonas del purgatorio y los nueve círculos del infierno y llegas a los diez estadios del paraíso. Y que les zurzan a los de las cabezas de gambas.

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