CRÍTICA
'Malina', de de Ingeborg Bachmann: maneras de sobrevivir al fuego
La editorial Nórdica celebra el centenario del nacimiento de la autora con una nueva traducción de su única novela, a cargo de Isabel Hernández

Ingeborg Bachmann.
Alejandro Basteiro
Llegué a Ingeborg Bachmann porque adoro a Paul Celan y él la adoró a ella hasta que la vida del autor de 'Fuga de muerte' tuvo el cruel privilegio de desembocar en el Sena, como me dijo una vez la poeta ecuatoriana Bernardita Maldonado. De Bachmann (Klagenfurt, Austria, 1926) leí primero los poemas traducidos que iba encontrando en internet y luego las viejas ediciones de Hiperión –"con [su] yelmo de humo… ardiendo en la noche… amada por el fuego"–, y cuando al fin puse mis manos en la versión en inglés de 'Malina' (1971) me pareció que el libro tenía el tacto de la ceniza.
"Con mi mano abrasada escribo sobre la naturaleza del fuego", dice Bachmann apropiándose de la frase escrita por Flaubert en una carta a Louise Colet. Desde entonces la incluyo entre mis novelas favoritas, sorprendido (tampoco mucho) de que las ediciones disponibles en castellano (1986 y 2003) no hayan logrado poner a su autora en nuestros mapas junto a nombres como Robert Musil, Thomas Bernhard o Peter Handke.
De Malina –que es un hombre, cabe advertir– apenas sabemos que pasa de los cuarenta y en su juventud escribió un libro. Comparte piso con la escritora sin nombre que habla en este "libro sobre el infierno" (según María Negroni), pero la intimidad entre ambos no es conyugal, ni siquiera sexual. Esos términos los guarda la narradora para Ivan, un húngaro más joven que vive en la misma calle vienesa y tiene dos hijos pequeños. Diferentes teorías apuntan que Malina y la narradora son la misma persona, e incluso que Ivan podría ser un tercer aspecto en discordia de la misma psique.
La novela no confirma ninguna de estas posibilidades, pero conviene pensarla dentro de la estimulante tradición de la literatura de 'doppelgängers', o dobles. Desde esta escisión o parcialidad, y con Malina en el papel de ánimus junguiano o masculino en lo femenino (un rollo), Bachmann expone un triple trauma: (1) el de los hijos de quienes ejecutaron o padecieron los horrores del Holocausto, (2) el de las intelectuales en lucha con un aparato cultural creado por y para hombres, y (3) el individual de la propia protagonista de 'Malina', víctima de violencia sexual en su infancia. El dolor y el deseo resultantes se expresan en estas páginas, a menudo se gritan, a través de sueños, cartas, partidas de ajedrez, llamadas telefónicas, entrevistas sin preguntas y leyendas medievales.
Como una partitura de Arnold Schönberg –admirado por Bachmann y banda sonora recomendada para la lectura– el texto suena expresionista, dramático, a menudo disonante. Es tan novela como libreto de ópera o teatro, y en su fluctuación constante se manifiesta una paradoja: resulta extraño y a la vez reconocible, épico sin salir del espacio cotidiano, elevado en el humanismo culto de sus ideas y sencillo en la humanidad de sus emociones. Las valiosísimas notas al pie de la traductora Isabel Hernández, que firma además un epílogo formidable a esta edición, revelan el complejo 'collage' de referencias, citas e intertextualidades que es esta obra, y nos permiten echar un vistazo al cableado de la inteligencia de su autora. Leer 'Malina' es, además, una invitación a leer a Von Kleist, a escuchar a Maria Callas y, por supuesto, a ver la adaptación cinematográfica de Werner Schroeter, protagonizada por una Isabelle Huppert bíblica.
Bachmann, como la princesa del guisante referida en un pasaje del libro, nunca logró acomodar su desmesurado talento sobre los incordios de la existencia. Sus últimos días fueron de vigilancia psiquiátrica y narcóticos, y falleció solo tres años después que su amigo Celan, en 1973, al quedar inconsciente y prenderse el camisón con un cigarrillo en la habitación de su hotel en Roma. Dejó una obra crucial en su siglo y una biografía que parece inventada por un fetichista de la gran literatura, valiente, trágica y de una coherencia imposible. Esta fantástica versión de su única novela, que Nórdica nos ofrece en el centenario del nacimiento de su autora, es una oportunidad de oro para que esta generación, y en especial las lectoras jóvenes que han puesto en valor a autoras como Carmen Martín Gaite, Adrienne Rich o Annie Ernaux, incorporen a su canon el asombroso legado de Ingeborg Bachmann.

'Malina'
Ingeborg Bachmann
Traducción de Isabel Hernández
Nórdica, 332 páginas, 23,95 euros
Fuente: El Periódico
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