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30 AÑOS DE LA RIADA DEL CAMPING LAS NIEVES

El músico que sobrevivió a la tragedia de Biescas y ha transformado el dolor en canción: "Yo tenía seis años, vi cosas que no debería haber visto a esa edad"

Ander Zubillaga publica 'Biescas', una pieza instrumental en la que rinde homenaje a las 87 víctimas mortales y a las familias que quedaron marcadas por la tragedia

Ander Zubillaga, en el rodaje del videoclip, en el lugar donde se encontraba el camping Las Nieves de Biescas.

Ander Zubillaga, en el rodaje del videoclip, en el lugar donde se encontraba el camping Las Nieves de Biescas. / Servicio Especial

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Rubén López

Rubén López

Zaragoza

Ander Zubillaga solo tenía seis años cuando vivió el suceso más traumático de su vida. Difícil para un crío intentar siquiera comprender lo que pasó esa fatídica tarde del 7 de agosto de 1996 en Biescas. Este año se cumplen tres décadas de la tragedia del camping Las Nieves y sus ecos, cada vez más lejanos, conviven con un fuerte deseo de pasar página por parte de los damnificados y los habitantes de la zona. Pero es necesario algo más que un acto de voluntad para olvidar a las 87 víctimas mortales y a los 183 heridos que ocasionó la brutal riada.

Zubillaga sabe bien que no lo va a olvidar nunca, pero el músico tolosarra ha decidido ahora transformar todos esos duros recuerdos en una canción que le ha costado tiempo componer. "En casa hablamos bastante de lo que pasó esa tarde, pero hasta ahora no había sentido la necesidad de abordarlo en una canción. Hace como un año tuvimos una de esas conversaciones y con esa sensación empecé a tocar la guitarra como si contara una historia", explica.

El resultado es ‘Biescas’, una pieza instrumental que transforma la tragedia en un relato musical sin palabras y que sobre todo busca erigirse en un tributo solemne a las víctimas. "La canción se ha convertido en una especie de oda a la supervivencia y al duelo compartido. Yo quería que la guitarra contara lo que normalmente diría una letra: el recuerdo de aquel día, la sensación de peligro y, sobre todo, un homenaje respetuoso a quienes perdieron la vida y a las familias que quedaron marcadas por aquella tragedia", comenta el músico tolosarra, que subraya que la pieza no pretende recrear el dolor, sino dignificar la memoria de las víctimas desde la introspección artística.

Zubillaga ha publicado un videoclip rodado en el antiguo camping que incluye algunas fotografías que su padre realizó el día después de la riada. "He seguido veraneando en el mismo valle, pero nunca había vuelto al lugar en concreto y la verdad que fue duro", reconoce. Allí, lo único que permanece en pie como recordatorio de la tragedia, junto al parque abierto hace diez años en memoria de las víctimas, es el antiguo edificio de servicios. Precisamente, fue allí donde Zubillaga, su hermano mayor y sus padres lograron salvarse.

"Lo recuerdo todo con mucha nitidez. Estábamos en la caravana y mi hermano, que tenía doce años, estaba mirando por la ventana. A lo lejos vio venir un poco de agua e incluso bromeó con poder hacer surf sobre ella. Pero poco después ya vimos venir una ola gigante y salimos corriendo hacia los baños, que por suerte estaban en una edificio elevado. Mi padre rompió el falso techo y nos subimos los cuatro a unas vigas de hormigón. Mi padre aún bajó después para intentar ayudar, pero luego se volvió a subir porque poco se podía hacer. Le he dado muchas vueltas a lo que pasó ese día y tuvimos mucha suerte. Si mi hermano no hubiera estado mirando por la ventana y si no hubiéramos estado tan cerca de ese edificio, quizá no estaríamos aquí", subraya.

La música como terapia

La brutal tormenta que cayó ese día provocó una caótica avalancha de agua, lodo, piedras y madera que se llevó por delante coches, caravanas y a muchos de los 600 campistas. "Nuestra caravana ni apareció y cuando nos bajamos de las vigas había junto a los baños unas piedras enormes. La verdad es que ese día vi cosas que no debería haber visto a esa edad", asevera el músico tolosarra, que reconoce que componer esta pieza ha tenido algo de "terapéutico" para él.

Portada de la edición del 8 de agosto de 1996.

Portada de la edición del 8 de agosto de 1996. / ep

"De alguna forma me ha ayudado a sacar lo que tenía dentro... A cerrar un círculo y crear algo bonito de algo que fue muy oscuro. Pero eso, sobre todo es un homenaje a las víctimas y sus familiares", subraya. ‘Biescas’ también es un tributo a todos los vecinos que se volcaron con los afectados, tal y como comprobó la propia familia de Zubillaga. "Después de lo que pasó nos llevaron al pabellón y luego a algunos nos repartieron por casas particulares. Nosotros dormimos con una familia majísima con la que aún mantenemos la relación", destaca el tolosarra, que apunta que esa era la primera vez que iban al camping de Biescas.

Para componer la pieza, el músico ha recurrido a la técnica ‘fingerstyle’, en la que es un especialista. Con ella, logra convertir su guitarra casi en una banda completa, ya que puede tocar el bajo, los acordes y la melodía de forma simultánea.

La estructura de la canción funciona como una narrativa cinematográfica de carga emocional creciente. Comienza con una guitarra íntima y desnuda para ir creciendo gracias a las cuerdas de Xabier Zeberio y la percusión orquestal de Igor Arostegui, desembocando en un clímax protagonizado por el coro Hodeiertz.

Imagen tomada el 8 de agosto de 1996, al día siguiente de la tragedia.

Imagen tomada el 8 de agosto de 1996, al día siguiente de la tragedia. / ep

"Lo que quería era contar sin palabras", incide Zubillaga, que en 2023 lanzó su primer disco en solitario después de muchos años ejerciendo de músico de sesión y de directo para reconocidos grupos del País Vasco. "Por suerte he podido vivir de mi pasión. Tengo una escuela de música en Tolosa y sigo trabajando con importantes bandas y músicos de aquí como Gozategi, Izaro o Xabi Solano", concluye Zubillaga.

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