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La Aljafería exhibe los primeros trazos de la 'Regina Martyrum' de Goya

La exposición 'Goya: del museo al Palacio' reúne en el Salón del Trono de la Aljafería, hasta el 14 de octubre, los dos bocetos de la cúpula de la Basílica del Pilar que pintó el aragonés

Dos bocetos de la 'Regina Martyrum' se incorporan a la exposición de Goya en la Aljafería

Jaime Galindo

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Zaragoza

1781. Zaragoza. Francisco de Goya. Todo lo que ocurrió después explica el valor que tiene hoy esta historia. La de un encargo que nunca llegó a completarse, la de un joven pintor cuestionado por una forma de trabajar que rompía con los canones de la época y la de una obra que el tiempo acabaría convirtiendo en uno de los grandes tesoros del patrimonio aragonés. Ese relato vuelve a contarse ahora en la exposición 'Goya: del museo al Palacio', que reúne hasta el 14 de octubre, en el Palacio de la Aljafería, los dos bocetos de la cúpula 'Regina Martyrum' de la Basílica del Pilar.

Para entender la importancia de estas pinturas hay que retroceder hasta finales del siglo XVIII. Goya volvió entonces a Zaragoza para participar en uno de los proyectos artísticos más ambiciosos de la ciudad: la decoración de las bóvedas y cúpulas que rodean la Santa Capilla del Pilar. El Cabildo había encargado las obras a Francisco Bayeu, que decidió repartir el trabajo entre su hermano Ramón y Goya, su cuñado. En un principio, cada uno pintaría dos cúpulas.

Pero nada salió como estaba previsto.

Las diferencias entre Goya, Francisco Bayeu y la Junta de Fábrica, encargada de dirigir las obras del templo, fueron creciendo a medida que avanzaba el proyecto. El pintor de Fuendetodos trabajaba de una forma que desconcertaba a quienes supervisaban su obra. Pintaba con rapidez, a grandes brochazos y manchas de color, muy lejos del dibujo preciso y el acabado impecable que exigía el gusto clasicista de la época. Para muchos de sus contemporáneos, aquellas pinturas no parecían obras terminadas, sino lienzos aún pendientes de concluir.

Y este desencuentro tuvo graves consecuencias. Goya nunca llegó a pintar las dos cúpulas previstas. Solo terminó la situada junto a la capilla de San Joaquín, dedicada a la letanía 'Regina Martyrum', que significa María Reina de los Mártires. Paradójicamente, aquello que entonces despertó tantas críticas acabaría convirtiéndose en una de las mayores señas de identidad de su técnica.

Más de dos siglos después, la historia ha dado un giro. Los primeros bocetos de aquella pintura han abandonado temporalmente la basílica del Pilar para convertirse en la gran obra invitada de la exposición 'Goya: del museo al Palacio'. Ahora pueden contemplarse en el Salón del Trono de la Aljafería, donde invitan a mirar la 'Regina Martyrum' desde un lugar poco habitual: el del primer trazo, cuando una de las cúpulas más reconocibles del Pilar todavía era solo una idea sobre el papel.

Son mucho más que dos estudios preparatorios. Son la puerta de entrada al proceso creativo de Goya. Como ha señalado durante la presentación la presidenta de las Cortes de Aragón, María Navarro, estas piezas "nos permiten acercarnos al proceso creativo de uno de los artistas más universales de nuestra tierra, nos permiten contemplar el momento previo a la ejecución definitiva de una de las grandes realizaciones, y entender mejor cómo trabajaba un creador capaz de transformar la pintura española y europea".

Una exhibición de aragonesidad

Su valor, sin embargo, trasciende el ámbito artístico. Los dibujos ayudan también a comprender el mensaje identitario que Goya quiso plasmar en la 'Regina Martyrum'. El director general de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón, Pedro Olloqui, ha destacado que el programa pictórico constituye "una exhibición de aragonesidad muy fuerte por parte de Goya, una apuesta por nosotros mismos, por la hagiografía aragonesa".

Alrededor de la Virgen del Pilar aparecen representados algunos de los santos más representativos de Aragón, como san Valero y san Vicente, patrones de Zaragoza; san Lorenzo, patrón de Huesca; san Jorge, patrón de Aragón; o santa Orosia. Para Olloqui, todos ellos forman “una metáfora de los aragoneses acompañando a la Virgen del Pilar, como un hecho de identidad colectiva, más allá de la espiritualidad individual”.

Esa lectura, además, trasciende el siglo XVIII. Como ha recordado el propio director general de Cultura durante el acto, representar la identidad aragonesa a través de esta hagiografía es una idea "muy contemporánea". No en vano, "san Lamberto es uno de los protagonistas de las canciones de Labordeta cuando habla de la honestidad. Todo Aragón se sirve de esta hagiografía como símbolo de identidad colectiva".

La muestra, que ya ha recibido más de 470.000 visitantes desde su inauguración, pone de manifiesto el interés que sigue despertando la figura de Goya y la importancia de acercar ese legado al público general. En palabras de Navarro, "el patrimonio no es algo estático ni una simple herencia recibida; es una expresión de quiénes somos y una herramienta para proyectarlo hacia el futuro". Un objetivo que, ha añadido, solo puede alcanzarse mediante la colaboración entre las distintas instituciones para “conservar, difundir y compartir un patrimonio que pertenece a todos los aragoneses”.

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