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Crítica del concierto de Jorge Drexler en Pirineos Sur: Un Alfa gozoso, y un Omega fuera de tiempo

Kiki Morente y Lagartija Nick interpretano 'Omega' cerraron la noche del viernes en Lanuza

El uruguayo Jorge Drexler durante su concierto en Lanuza.

El uruguayo Jorge Drexler durante su concierto en Lanuza. / Jaime Oriz

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Javier Losilla

Javier Losilla

Zaragoza

En el principio de los tiempos fueron la percusión y la voz. Luego vino Jorge Drexler, conjugó ambas expresiones y creó un mundo. El mundo fascinante de Jorge Drexler, con 'Taracá', su disco más reciente, y un concierto antológico. Drexler es un tambor, una especia de 'talking drum' que canta, recita, toda la guitarra, y explica la vida. El viernes, en Pirineos Sur, volvió a demostrar que es uno de los artistas más brillantes de las españas y las américas. Su concierto, como su mencionado nuevo álbum, giró en torno a la percusión y, más concretamente alrededor de ese ritmo chamánico uruguayo llamado candombe. Marc Pinyol, Julio Sánchez y Eva Catalá (vibráfono) se encargaron de las percusiones; Huma, le dio a la guitarra, y Alejandra López, al contrabajo; y Míriam Sánchez y Flor Gamba hicieron los coros principales.

Solista y grupo facturaron un espectáculo apabullante, hipnótico, arrebatador. Nada sobró; nada faltó. Los coros cumplieron su función real, creando atmósfera, al contrario de lo que ocurre con esa moda de meter coritos de relleno. Su desarrollo, especialmente en el 'set' que Drexler resolvió fuera del escenario, entre el público, subido en un 'flight case' (una caja sólida para transportar instrumentos) como un mesías que no quiere vencer sino convencer, fue espectacular, uniendo tecnología y raíces: una emocionante 'Las palabras', un soberbio tributo a su padre, y las muy íntimas 'Guitarra y vos', la oscarizada 'Al otro lado del río' y 'Amar y ser amado'. Antes, en la apertura de actuación, ya conquistó al entregado público con 'Toco madera'; '¿Cómo se ama?', llevada hasta las fronteras del trap; 'Transporte'; 'Polvo de estrellas' y una combinación de 'Bienvenida', 'Tamborero' y 'Quimera'. Incuestionable.

Lodos de lujo de gran lujo

El antecedente de este concierto hay que situarlo en el que dio en 2023 en Vive Latino, que luego giró por América con gran aceptación: la profundización en lo afrolatino y otras manifestaciones de la negritud (del gospel al candombe-funk), las voces femeninas y unas sólidas bases musicales. Y de esos lodos de lujo de gran brujo, Drexler ha armado lo que ahora, tras refulgir al otro lado del Atlántico, ofrecerá en nuestro país que también es el suyo, zopencos de la prioridad nacional. La canción 'Movimiento' nos puso en órbita, la milonga 'Cuando cantaba Morente' fue julilosa, como lo fueron 'Universos paralelos', 'Tocarte', 'Nuestro trabajo', 'Tambor chico' (toda una lección de candombe para no iniciados); '¿Qué será qué es?', una singular recreación de 'O que é O que É?', del brasileño Gonzaguinha, y 'Sea', siempre atrapadora. Ahí iba a quedar la cosa, pero fue el bailoteo electro-acústico de 'Ante la duda, baila' y 'Bailar la cueva', y la irresistible 'Todo se transforma', lo que puso el punto final a la pura representación contemporánea del principio, del Alfa. Después vendría 'Omega'.

Kiki Morente durante el concierto de 'Omega'.

Kiki Morente durante el concierto de 'Omega'. / Jaime Oriz

'Omega', el proyecto que Enrique Morente y Lagartija Nick pasearon por los escenarios tras grabarlo en disco antológico (1996) y que presentaron en Pirineos Sur en 1997 fue una apabullante cantata laica, con Lorca y Cohen como inspiradores, que llevó el flamenco mucho más allá de lo que se consideraba sus límites. Su intensidad ha traspasado el tiempo. Por eso la incertidumbre: ¿era necesario por mucho aniversario que medie, remover los sólidos cimientos de 'Omega' para una ¿puesta al día? Creo que no. Kiki Morente es un cantaor espléndido, pero su época es otra, y aunque estire su timbre hasta casi lograr el de su padre, su aproximación a las canciones está condicionada por su propia concepción del flamenco. Uno, por supuesto, no esperaba una recreación fiel de lo que Enrique y Lagartija crearon. Habría sido una quimera. De hecho no esperaba casi nada de ese concierto. Es más: creo que, de todos los participantes, el único que cree realmente en la resurrección de Omega es Antonio Arias, líder de Lagartija Nick. ¿Nostalgia? No creo: pasión por lo vivido y por la música.

Actuación algo impostada

Vale, el concierto (el volumen instrumental fue tan brutal que en ocasiones eclipsaba la voz de Kiki) tuvo momentos de apreciable agitación, pero estuvo más próximo a una actuación algo impostada de Morente hijo que de una lectura diferente, pero real, de 'Omega'. Sin acritud, pero piezas como 'Manhattan' y 'Aleluya' quedaron transformadas en paradigma del exceso, y otras composiciones claves del disco original no pasaron de una interpretación correcta, pero carente de un poco del espíritu y la atmósfera originales. Ni el baile del siempre grande Israel Galván creo que salva el espectáculo. Entiéndaseme: no creo en la sacralización del hecho artístico, y abierto estoy, por lo tanto, a la revisión, a la herejía; pero para ser un buen pecador no solo es necesario tener como base una buena virtud a la que atacar: hay que pecar con el convencimiento del mismísimo demonio. Pues eso.

El programa del viernes comenzó con una deslavazada actuación de folclorista moderna Lorena Álvarez. Hizo lo que pudo e incluso el público puso interés. Pero luego salió Drexler y se jodió la vaina.

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