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El aragonés que formó parte de La Velada de Ibai Llanos: "Quería una pieza épica, solemne, de paso lento, pero imparable"

Pablo Navarro crea la banda sonora de la entrada más aplaudida de la noche por su puesta en escena

Marta Díaz en su entrada en La Velada.

Marta Díaz en su entrada en La Velada. / El Periódico

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Daniel Monserrat

Daniel Monserrat

Zaragoza

La música también cuenta historias, y, en ocasiones, se convierte en la protagonista de momentos memorables. Eso es precisamente lo que ocurrió con la espectacular entrada de Marta Díaz en La Velada, una de las más aplaudidas por su puesta en escena. La banda sonora, compuesta por el aragonés Pablo Navarro, pionero del violín eléctrico en España se convirtió en una de las protagonistas tras meses de esfuerzo que se han transformado en música.

Una pieza llena de emoción y fuerza, pensada para reflejar el camino recorrido por la creadora de contenido hasta llegar al momento de subir al ring. “Todo empezó con una frase. En nuestra primera reunión, Marta me dijo algo que marcó por completo el rumbo de este proyecto: ‘Lo importante para mí es la música’", señala el artista.

Composición desde el piano

Aquellas palabras marcaron desde el minuto uno el objetivo principal de la pieza musical, puesto que no era una simple melodía para acompañar la entrada, sino que debía ser una obra capaz de narrar una historia de esfuerzo y superación. “Quería una pieza épica, solemne, de paso lento, pero imparable. Una música que reflejase cada entrenamiento, cada sacrificio y cada hora de preparación acumulada durante meses para llegar a este combate”, apunta Navarro.

El violinista zaragozano Pablo Navarro.

El violinista zaragozano Pablo Navarro. / El Periódico

Comenzó el proceso de composición desde el piano. La prioridad era encontrar el alma de la obra, una melodía que sostuviera el viaje, unos ritmos que transmitieran determinación y unos acordes que hicieran sentir al público que algo enorme estaba a punto de suceder.

Tras la escucha de la primera versión llegó el verdadero proceso creativo: horas de conversaciones, pruebas, revisiones, análisis… Versión a versión, la pieza fue creciendo hasta que llegó el último reto. “Marta me dijo: ‘Está perfecto. Has entendido exactamente lo que quiero. Pero cuando entre en La Cartuja quiero que parezca que el cielo se cae sobre el estadio'”.

Tambores Taiko

La respuesta llegó en forma de percusión. Pablo incorporó una potente sección de tambores Taiko, instrumentos monumentales capaces de aportar fuerza y convertir cada paso de la entrada en una auténtica declaración de poder. “Necesitamos que el público no solo escuchara la música, sino que la sintiera físicamente. Cada golpe reforzaba esa sensación de seguridad y determinación que define a Marta”.

Fue entonces cuando todas las piezas encajaron. “Ya no era una canción. Era una entrada, una declaración. Era el sonido de meses de esfuerzo transformados en música”. Con este proyecto, Pablo Navarro vuelve a demostrar su capacidad para convertir la música en una herramienta narrativa capaz de emocionar y elevar cualquier espectáculo.

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