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Crítica de Javier Losilla del concierto de Idoipe y Maria Rodés: Destellos populares al final de la curva

Aquilué acogió este sábado un nuevo concierto del Festival SoNna Huesca

Idoipe y Maria Rodés protagonizaron este sábado un nuevo concierto del SoNna Huesca.

Idoipe y Maria Rodés protagonizaron este sábado un nuevo concierto del SoNna Huesca. / SoNna Huesca

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Javier Losilla

Javier Losilla

Aquilué

La carretera para llegar a Aquilué (pedanía de la localidad oscense de Caldearenas, en la comarca del Alto Gállego) desde el puerto de Monrepós es un mareo de nueve kilómetros de curvas estrechas, paradigma inverso de eso que los políticos aragoneses de cualquier signo llaman vertebrar el territorio. Pero al llegar al valle que da nombre al lugar, la belleza de las sierras de Javierre y Punta Pueyo serenan el ánimo y se muestran como el escenario perfecto para un festival que no en vano se llama Sonidos en la naturaleza (SoNna). Allí, a la vera del río Matriz, frente a la iglesia del siglo XII reformada más tarde en dos ocasiones, Idoipe y Maria Rodés desplegaron el sábado su singular concepto de las músicas populares.

Idoipe, aragonés que engarza el latir de la tradición con los destellos de la electrónica, y Maria Rodés, catalana de la que tengo escrito que es algo así como una Françoise Hardy mediterránea, trabajaron juntos en una residencia artística en Barcelona y de ahí salió 'Monte Perdido', un disco de dos canciones (la que lo titula y 'Celina') en el que combinan sus querencias artísticas. El año pasado, una tormenta arruinó su presentación en el SoNna; pero el sábado en Aquilué pudieron, pese a algunas ráfagas de viento incómodo, presentar esas dos piezas y sus trabajos individuales.

'Lo que me pasa'

Comenzó Maria, guitarra y voz, acompañada por Isabelle Laudenbach (guitarra), fundadora que fue de Las Migas, y Adrià Serarols (teclados y sintetizador), quien lidera Borifax, su propio proyecto sonoro, revisando las piezas de 'Lo que me pasa', su disco más reciente, una colección de historias de amores, desamores, chulerías y reproches, en las que no falta la ironía e incluso el sentido del humor, aderezadas con músicas que beben en fuentes diversas: de 'Lo que me pasa', una rumba cuyo apoyo de teclados busca deliberadamente el sonido callejero de los artistas ambulantes, a 'Quiero controlar', canción que se inicia con la conocida zambra 'Tengo miedo', pasando por escrituras como 'Chico bueno', 'Pienso en ti', 'El parque', 'Malo'… No faltaron guiños al disco 'Maria canta copla' (2014), con arrebatos como 'Tres puñales' y 'Ay pena, penita, pena', y un tributo a la gran Paquita la del Barrio, a través de la muy expresiva 'Rata de dos patas'.

El atractivo de Maria Rodés como intérprete reside en lo que podríamos denominar una premeditada ausencia de énfasis o, lo que es lo mismo: una aplastante naturalidad para contar y cantar. Liberada de trucos e impostaciones forzadas, la voz de Maria relata lo cotidiano con el atractivo de los extraordinario.

Lástima que la colaboración entre Idoipe y Rodés solo diera como fruto dos canciones, pues es poco material para comprobar lo interesante de ese encuentro. Ofrecieron esas piezas y luego vino el turno de Idoipe para cerrar el concierto. Material de 'Tañen furo', el documental sobre tradiciones pirenaicas que produjo Freeman, con Javier Jiménez a la cabeza, en el que Javier Idoipe ejerció de conductor, atravesó el programa de su actuación, aunque también ofreció el estreno de una hermosa nana basada en una creación procedente de Julve. No siempre las propuestas de Idoipe son bien entendidas, pero conviene resaltar su búsqueda de una oferta musical que mantenga vivas las tradiciones a través de códigos contemporáneos. Tal vez a ese notable trabajo le falte un par de vueltas para que su transposición al directo despliegue algo más de brío. Pero no hay duda de que Idoipe propone una estupenda reformulación de lo popular. Justo lo que necesitamos en tiempos de falsos profetas, prescriptores anodinos y despistadas inteligencias artificiales.

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