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El pequeño pueblo aragonés que escondía bajo tierra más de 50 vasijas de hace 2.500 años: "Solo hemos excavado en un cuarto de la estancia"

El yacimiento de Varello Zahorí también ha sacado a la luz un cazo y un colador de bronce utilizados en rituales de comensalidad íberos

Las vasijas de cerámicas halladas en el yacimiento de Varello Zahorí.

Las vasijas de cerámicas halladas en el yacimiento de Varello Zahorí. / Arqueoguti

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Rubén López

Rubén López

Zaragoza

Hace solo unos meses, el yacimiento de Varello Zahorí no estaba ni catalogado como tal. Permanecía oculto bajo las tierras que circundan el municipio zaragozano de Almonacid de la Cuba hasta que el equipo de arqueólogos de la empresa aragonesa Arqueoguti, liderada por Francisco Javier Gutiérrez y Víctor Gil de Muro, lo sacó a la luz. Durante la campaña se halló una antigua alacena ibérica con más de 50 vasijas y recipientes cerámicos de hace 2.500 años. El descubrimiento, sin embargo, podría ser mucho mayor, ya que la campaña de excavación se extendió durante solo cinco días.

"Acotamos una estancia alargada y por el momento solo hemos trabajado en un cuarto de ella. Si en lo que queda por excavar aparece un número similar de cerámicas, estaríamos hablando de un hallazgo inigualable dentro de ese periodo histórico", subraya Francisco Javier Gutiérrez, que apunta que la idea de realizar un sondeo arqueológico partió de la Asociación Cultural Albayar y del ayuntamiento de la localidad.

Más allá del número de vasijas encontradas, uno de los grandes valores añadidos del yacimiento es lo bien conservadas que están. "Hemos podido constatar que el asentamiento se abandonó o fue destruido apenas 100 años después del origen de esas cerámicas, datadas en torno al 525-550 antes de Cristo. Y eso nos permite tener una foto fija de esa época, lo que será muy útil para cotejarlas con otras piezas halladas en otros yacimientos de Aragón y la costa levantina", explica Gutiérrez.

Varias de las vasijas encontradas en el yacimiento de Almonacid de la Cuba.

Varias de las vasijas encontradas en el yacimiento de Almonacid de la Cuba. / Arqueoguti

El arqueólogo recuerda que no es habitual que este tipo de asentamientos permanezcan ‘congelados’ en el tiempo (lo más frecuente es que las piezas de pobladores posteriores se mezclen o ‘contaminen’ las ya existentes). "En la estancia hemos encontrado bastante ceniza y cerámicas rotas y luego quemadas, lo que indica que hubo un incendio. Lo que no sabemos es si fue intencionado", añade.

Por el momento, y gracias a una subvención de la DPZ, se han podido restaurar cinco vasijas con el objetivo de exhibirlas en un futuro en el municipio. Lo que aún se desconoce es cuándo se podrá volver a trabajar en el yacimiento. "Dependerá de los fondos con los que cuente el municipio –indica Gutiérrez–. Lamentablemente, las aportaciones del Gobierno de Aragón a estos proyectos se han desplomado y son los pueblos, ellos solos, los que deben invertir si quieren impulsar su patrimonio histórico".

Una de las vasijas que han salido a la luz.

Una de las vasijas que han salido a la luz. / Arqueoguti

La campaña realizada por Arqueoguti también sacó a la luz (aunque rotos en pequeños fragmentos) un cazo y un colador de bronce, lo que eleva el interés del yacimiento. Y es que, con todos estos datos, se puede deducir que en este asentamiento se realizaron los conocidos rituales de comensalidad íberos. "Eran prácticas de consumo comunal de comida y bebida que supuso el comienzo de la jerarquización social. Los íberos realizaban esos rituales para comerciar o tejer alianzas con otros asentamientos", explica el arqueólogo aragonés, que apunta que ahora solo falta por dirimir si esa estancia es un espacio comunal o una casa donde se almacenaban los utensilios empleados en los rituales.

Otro de los valores añadidos del yacimiento es que se encuentra a apenas 500 metros de la conocida presa romana de Almonacid de la Cuba, la más alta conservada en la península. De hecho, esta fue una de las razones que llevó a Arqueoguti a excavar en esa zona no catalogada hasta ahora. "Fuimos a ver otros yacimientos ya conocidos, pero nos pareció más interesante trabajar en esta zona porque vimos esa pequeña muralla perimetral, se adivinaba el trazado de una vivienda y pensamos que podía tener potencial", indica Gutiérrez, que reconoce que el sitio es "idóneo" para potenciar las visitas al estar tan cerca de la presa romana.

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