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FESTIVAL TEATRAL

El aragonés Jorge Asín debuta en el Teatro Romano de Mérida: "Esta obra ha sido como si me hubiese tocado la lotería"

El actor zaragozano ha estrenado esta semana en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida ‘Cómicos de Roma’, un montaje de David Mamet, inédito en España, que plasma las luces y las sombras del mundo de la interpretación

Jorge Asín durante los ensayos de ‘Cómicos de Roma’.

Jorge Asín durante los ensayos de ‘Cómicos de Roma’. / Servicio Especial

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Zaragoza

El actor aragonés Jorge Asín aterriza por primera vez en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida con 'Cómicos de Roma', un montaje de David Mamet que, a partir de un homenaje a Plauto, reflexiona sobre las luces y las sombras del oficio del actor. Bajo la dirección de José Pascual y protagonizado por Fernando Tejero, la obra se estrenó por primera vez en España el pasado miércoles 5 de agosto y permanecerá en cartel hasta el domingo 9.

Aunque 'Cómicos de Roma' nace como un homenaje a los grandes dramaturgos de la antigüedad, la obra acaba abordando realidades que van mucho más allá del teatro. ¿Cuáles diría que son los grandes temas que plantea?

Esta obra es, en resumen, un canto a los actores. Pero, en realidad, tiene dos ejes principales. Por una parte, muestra la forma en que vivían muchos intérpretes y que, lamentablemente, muchos seguimos viviendo. Por otra, tiene un componente militar. Lo interesante es ver cómo esos dos mundos chocan, ya que eso sigue pasando en la actualidad. Quizá ya no tanto con el estamento militar, sino con el político. La pieza indaga en ese choque de la cultura con el poder, con el empoderamiento y con la guerra. Esa lucha es constante en el sector y condiciona el arte mucho más de lo que puede parecer.

Jorge Asín junto al cartel de 'Cómicos de Roma'.

Jorge Asín junto al cartel de 'Cómicos de Roma'. / Servicio Especial

La obra parte de Plauto y pasa por la mirada de David Mamet. Como actor, ¿qué le ha aportado ese diálogo entre un autor clásico y otro contemporáneo?

David Mamet es uno de los dramaturgos más grandes que hay ahora mismo. Lo demuestra en la forma en que consigue mezclar el pasado y el presente sin que haya una ruptura entre ambos. Como actor, terminas sintiendo que no estás interpretando una historia de hace miles de años, sino algo que habla directamente del mundo en el que vivimos. Y eso, inevitablemente, te cambia la mirada.

Cuando recibió la propuesta para participar en la obra, ¿qué fue lo primero que le hizo pensar: "Quiero estar en este proyecto"?

Lo que más me llamó la atención fue que me llamara Fernando Tejero para preguntarme si me apetecía participar y que, además, la obra se fuera a representar en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida. Con eso ya tuve suficiente para decir que sí; ni siquiera necesité leer el texto. Cuando por fin lo hice y descubrí que era una obra de David Mamet, estrambótica y divertida, la sensación no hizo más que reafirmarse. Más que una decisión, fue como si me hubiera tocado la lotería.

Después de vivir el Teatro Romano de Mérida desde dentro, ¿qué cree que tiene ese escenario que lo hace diferente de cualquier otro?

Yo estuve aquí hace muchos años como turista y ya me impresionó muchísimo. Pero estar dentro es otra historia. Poder tocar esas piedras que han pisado actores desde hace miles de años y actuar en un lugar así, con 3.500 personas delante, es algo que no puedes imaginar hasta que lo vives. Es un subidón increíble, aunque al mismo tiempo también te hace sentir muy pequeño. El escenario te envuelve, te sobrecoge, y tienes que saber gestionar todas esas sensaciones para que no se conviertan en un miedo que te bloquee cuando sales a actuar.

En la pieza usted interpreta a Ramus. ¿Quién es este personaje y cómo ha sido el proceso de darle vida?

Ramus es un mendigo que deambula por las calles de Roma, un borrachín que va buscando vino por todas partes. A priori parece un personaje muy secundario, pero, a medida que avanza la obra, el público descubre que su pasado es fundamental para entender el presente del protagonista y de su compañía. La preparación fue, sobre todo, muy física: me fijé mucho en cómo caminan, cómo deambulan y cómo hablan las personas sin hogar. Después, el reto fue incorporar todo ese trabajo al personaje y hacerlo suyo sobre el escenario. Ha sido muy interesante.

En 'Cómicos de Roma' se habla de las luces y también de las sombras del oficio del actor. Después de tantos años de trayectoria, ¿qué aspecto de la profesión cree que sigue siendo el más desconocido para el público?

El trabajo que hay detrás del escenario o de las cámaras sigue estando muy infravalorado. En 'Oregón Televisión', por ejemplo, cuando preparamos los musicales, a veces vienen familiares a ver los ensayos. Las dos primeras veces escuchan la misma canción y se lo pasan bien, pero cuando ya la han oído doce o trece veces, dicen: ‘Bueno, pues nosotros nos vamos’. Ahí se dan cuenta de que este trabajo también tiene mucho de paciencia, de repetir una escena o una canción una y otra vez hasta que sale como debe. A menudo se piensa que llegamos, actuamos y ya está, pero detrás hay muchísimas horas de ensayo y el esfuerzo de mucha gente para que todo funcione.

Mi plan es, básicamente, seguir trabajando. En esta profesión no se puede pedir mucho más; con poder dedicarme a esto ya me doy con un canto en los dientes.

Jorge Asín

— Actor

Con el paso de los años, 'Oregón Televisión' se ha convertido en parte de la memoria colectiva de los aragoneses. ¿Qué relación tiene con el programa a día de hoy?

Sigue ocupando un lugar primordial en mi carrera porque, al fin y al cabo, se ha convertido en un símbolo de la televisión aragonesa, y eso es un orgullo enorme. Por eso intentamos cuidar el programa con todo el cariño y el respeto que merece; no solo por lo que significa para nosotros, sino, sobre todo, por la gente que lleva tantos años acompañándonos. De hecho, cuando me llaman para otros proyectos, lo primero que hago es mirar la agenda de 'Oregón Televisión', porque es un programa al que le debo muchísimo. Gracias a él me han llegado muchas de las oportunidades que he tenido después.

Y tras esta experiencia en Mérida, ¿qué pasos le gustaría dar a continuación?

Mi plan es, básicamente, seguir trabajando. En esta profesión no se puede pedir mucho más; con poder dedicarme a esto ya me doy con un canto en los dientes. No es nada fácil. Somos muchísimos los que nos dedicamos a la interpretación y, afortunadamente, yo puedo decir que puedo vivir de ello y hacerlo a pleno rendimiento, algo que muchos compañeros, incluso mejores actores que yo, no tienen la suerte de hacer. Claro que tengo sueños y proyectos que me gustaría cumplir, pero los actores somos un poco supersticiosos y prefiero no contarlos. Nunca se sabe.

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