TOROS
Tercera de la feria de la Albahaca: Cristiano Torres acompaña a Roca Rey en una generosa doble puerta grande en el coso oscense
Mala corrida con el hierro de Luis Algarra de la que se salva el quinto toro; Sebastián Castella pasea también una oreja en tarde de lleno de "no hay billetes"

Los diestros Cristiano Torresy Roca Rey (d) salen por la puerta grande tras la corrida de la Feria Taurina celebrada este miércoles. / Javier Blasco/ Efe

El último año de contrato de la actual empresa (de hecho, está gozando de una prórroga) del coso oscense se ha dejado notar en la presentación de las corridas de toros que han subido un punto su volumen. Tauroemoción (Alberto García Buj) puede presumir de haber posicionado Huesca entre las ferias que cuentan y a la que los toreros quieren venir.
Pero ese esfuerzo en subir el nivel del toro no está correspondiéndose, desgraciadamente, con el juego de los animales. En tres corridas de toros (a falta de la de Victorino de hoy) han saltado pocos animales destacables. De los de ayer mismo solo se salva un quinto que fue tratado como inválido durante toda primera fase de la lidia para hacerlo llegar con vida a la muleta de Roca Rey. Y el toro, hay que decirlo, empujado por un fondo de casta regresó de un estado inicial pajuno y borreguil para entregar un buen número de embestidas que Roca fue administrando sin obligarlo lo más mínimo.
Ora por la cara ora acompañando el viaje mortecino y sin ninguna emoción, Roca acabó saltando el contador de los muletazos que es lo que a esta gente, en definitiva, le privilica. Como la espada viajó letal después de un pinchazo se pidió una oreja muy poco exigente que, sumada a la obtenida en el otro, le otorgaba derecho a abandonar el coso por la puerta grande.
A ese toro le había largado abundante percal por todos los palos: preferentemente por lo fundamental y hermoseado la cosa por chicuelas, delantales más un cierre por riolinas. La faena con la muleta tuvo muchas pausas, tiempos muertos y una extensión excesiva pero, como fue culminada con una entera desprendida, hubo oreja.
Antes había pasado de puntillas en el que abrió plaza el francés Sebastián Castella, quién abusó con el capote de un toro al que obligó a hacer ochos en demasía llevándolo al caballo. Y lo pagó. Nada tenía el toro y nada entregó. No hubo contemplaciones.
Ninguna emoción tuvo el cuarto, un engañabobos con cierta movilidad que iba y venía y al que había que dar mucho tiempo entre series para que no se rindiera. De ahí que la faena resultara eterna, espesa, poco digerible. Aun así, tras una estocada que valió la tómbola otorgó premio a petición popular.
También salió por la puerta grande el aragonés Cristiano Torres quien ha dado un impulso considerable a su toreo por lo fetén sin ignorar lo que le pide el cuerpo de siempre y que es su sello inconfundible: meterse entre los pitones de los toros rompiendo las leyes de la física, asustar a la parroquia, ponerle emoción.
Imposible de verificar ante la ruina que saltó en tercer lugar y que se echó hasta en dos ocasiones durante la lidia pero contrastable a carta cabal en el sexto. Este lo brindó a Roca antes de echarse de rodillas en la misma boca de riego para pasarlo al natural y por la espalda alternativamente.
Ya en pie, el toro fue viniéndose a menos sin dar siquiera lugar a la discusión. Torres exprimió todas las posibilidades del toreo formal antes de acortar terrenos y meterse, literalmente, entre los pitones del toro. Prácticamente encunado. Y haciendo girar al toro en torno a sí dejándoselo llegar a los mismos muslos. Una entera y un descabello pusieron fin a una actuación premiada con dos orejas excesivas pero que reflejan la progresión de un torero muy nuevo al que se le adivina un camino inexplorado hasta ahora más allá del arrimón. Hay que verlo más.
Ficha:
Toros de Luis Algarra, con carnes y escasas fuerzas en general. Destacó el quinto, con más energías que posibilitaron que sacara un fondo de toreabilidad considerable. Sebastián Castella (silencio y oreja); Roca Rey (oreja en ambos); Cristiano Torres (silencio y dos orejas). Lleno de "no hay billetes". Durante la lidia del quinto toro tuvo lugar el proceso del eclipse pasando del día a la noche y de nuevo a la luz. Dos horas y media de duración
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