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Daniel Calavera invoca a las nuevas brujas de Trasmoz en 'Clarita maldita': "Los monstruos no sonríen con los ojos, solo con la boca"

La última novela del zaragozano juega con el terror y la comedia a través de una peculiar galería de brujas, fantasmas y personajes extravagantes

Daniel Calavera, autor de 'Clarita maldita'.

Daniel Calavera, autor de 'Clarita maldita'. / El Periódico de Aragón

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Zaragoza

Las brujas de Trasmoz llevan siglos dando que hablar. Hace casi 200 años lograron fascinar al mismísimo Gustavo Adolfo Bécquer. Hoy, este rincón de Aragón vuelve a convertirse en escenario de lo sobrenatural. La historia, eso sí, ha cambiado bastante. Ahora las brujas fuman crack, los fantasmas tienen un dóberman y una niña de 11 años contempla el mundo colgada del techo de una casa abandonada.

Así es el particular Moncayo que Daniel Calavera imagina en 'Clarita Maldita' (Apache Libros), su última novela. La historia parte de una desaparición: el doctor Quintana y su perro, Algodoncito, se han esfumado sin dejar rastro. Pedro y Alicia, dos jóvenes recién graduados, necesitan una carta de recomendación del psicólogo, y están dispuestos a conseguirla incluso desde el más allá. Entonces recurren a la tía Muri, bruja de Trasmoz y amante del desaparecido, para intentar invocarlo. Pero en medio del ritual aparece Clara, una niña de 11 años que no debería estar allí. Y algo sale mal. Muy mal. Un espíritu se apodera de su cuerpo y la casa se convierte en un desfile de brujas, fantasmas y cadáveres.

Todo este conjunto de aparentes disparates surge, en realidad, de un lugar muy concreto: "Tenía muy clara la imagen de la casa antes de empezar a escribir el libro, pero necesitaba enmarcarla en un entorno que para mí significase algo. Trasmoz es el único pueblo excomulgado de Europa, y eso me atrajo muchísimo".

La portada de 'Clarita maldita', la última novela de Daniel Calavera.

La portada de 'Clarita maldita', la última novela de Daniel Calavera. / Apache Libros

Por entonces, 'Clarita Maldita' ni siquiera iba a ser una novela, sino el guion de su primer largometraje. Sin embargo, nunca llegó a rodarlo porque, reconoce entre risas, "soy demasiado impaciente e indisciplinado". Así que cambió la cámara por el papel, pero no su forma de imaginar el relato. El resultado es un libro muy visual, lleno de escenas que parecen pensadas para la gran pantalla y en las que asoman dos de sus grandes referentes: Terry Gilliam y John Waters.

De ellos toma también una idea que atraviesa toda la trama: que importe más el fondo que la forma. "Soy bastante enemigo de la pérdida de tiempo y energía que muchas veces los cineastas invierten en hacer algo muy preciosista, en vez de pensar con qué objetivo están trabajando", explica Calavera a este diario. Por eso, detrás de las brujas, los fantasmas y todas las situaciones estrambóticas de 'Clarita Maldita', hay también espacio para hablar de la vida y de sus diferentes fases: "Quería contar una historia en la que se diesen los puñetazos necesarios a los colectivos que se lo merecen. Pero también quería sumergirme en una aventura hacia la madurez, de autodescubrimiento".

Entre todos los personajes que se cruzan en este singular universo, Calavera lo tiene claro: se queda con tía Muri. "Es el personaje del que más orgulloso me siento de haber escrito. Con ella bebo un poco de las tradiciones, pero también he intentado reinventar la imagen de la bruja. Es una bruja muy moderna. Para mí tiene todo el sentido, por ejemplo, que recurra a los estupefacientes para conectar con sus poderes", señala el escritor aragonés.

Y Tía Muri no es la única que se sale de lo normal. Por 'Clarita Maldita' desfila todo un grupo de caracteres extravagantes que contrastan con el lado más oscuro de la historia. Ninguno está ahí por casualidad. Calavera quiso dar a cada uno un rasgo propio que lo hiciera reconocible: "Al final, ¿por qué se te queda grabado un personaje de una película o un libro? Porque tiene algo que lo caracteriza sobre los demás, una personalidad única". En el caso de Pedro, ese atributo nació casi como una pequeña revancha literaria: "Hubo una crítica de mi anterior libro que decía que yo abusaba demasiado del adverbio. Así que convertí ese abuso en algo característico suyo, como un contraataque divertido".

Esa misma mezcla de oscuridad y disparate se extiende al tono de toda la novela. Terror y humor negro caminan de la mano en cada una de sus páginas. Conseguir que ninguno termine imponiéndose sobre el otro ha sido uno de los grandes retos para el escritor: "Me he dado cuenta de que, narrativamente, si al terror le pones un tono cómico en el diálogo, puedes tener una mezcla genial. Es difícil, pero no imposible conseguir esta combinación, y ha sido mi principal empeño con el libro".

Humor como provocación

Pero el humor no está ahí solo para hacer reír. A lo largo de sus páginas hay también una intención constante de provocar al lector, algo que Calavera ha convertido en parte de su sello personal: "Creo que la literatura es un arma muy poderosa para sacar a la luz muchas de las cloacas que tenemos delante. Soy muy defensor de la grosería y de la incorrección como arma. Hay personas que están sonriendo todo el día y yo no me fío de esa gente. Siempre lo digo: los monstruos no sonríen con los ojos, solo con la boca. La mejor arma para luchar contra esa hipocresía es el humor y la incorrección".

Con todo ello, 'Clarita Maldita' ocupa un lugar destacado dentro de la trayectoria literaria de Calavera. Después de 'El escenario', 'Jan Mayen' o 'Estos son los cuentos de Isla Mayen', el zaragozano considera que esta es su propuesta más redonda hasta la fecha: "Creo que es la más eficaz, la que la gente más va a disfrutar y la forma más potente que he tenido de empatizar con todo tipo de público aquí, en Aragón".

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