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El escultor aragonés más internacional que celebraba con una jota en París cuando encontraba la inspiración: "Era la señal de que tenía una nueva idea"

El artista que tiene un museo en Zaragoza vivió en Francia donde conectó con las vanguardias europeas y desarrolló buena parte de su obra

El escultor con su mujer y su hija Pierrette en París.

El escultor con su mujer y su hija Pierrette en París. / Museo Pablo Gargallo

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Daniel Monserrat

Daniel Monserrat

Zaragoza

El Museo Pablo Gargallo de Zaragoza se encuentra cerrado por unas obras de acondicionamiento del espacio y no está prevista su reapertura hasta finales de este 2026, pero la cuenta oficial del centro en sus redes sociales, se muestra muy activa redescubriendo diferentes obras del artista de Maella e incluso desvelando detalles de su vida más personal.

Pablo Gargallo vivía en París y fue Picasso el que le ayudó a regresar a España en 1920. "Cuando la familia apenas tenía dinero para el viaje, le animó a vender un dibujo suyo y los despidió en la estación con una acuarela como regalo de boda", explican. Solo que poco después, en 1924, el cierre de la Escuela Superior de Bellos Oficios de Barcelona (donde era profesor) durante la dictadura de Primo de Rivera obligó a la familia a volver a París donde ya empezó su etapa realmente creativa.

"Allí vivieron en modestos talleres donde el artista desarrolló gran parte de su obra mientras su hija (Pierrette) crecía entre pinceles y lienzos. Ella recuerda que era la única que podía entrar en el estudio mientras su padre trabajaba e incluso dibujaba a su lado. Aunque muchos lo veían como un hombre muy serio, en casa era un padre cariñoso y divertido. Y cuando se le ocurría una nueva idea, empezaba a cantar una jota, esa era la señal de que habia llegado la inspiración", relatan poniendo de manifiesto el carácter que tenía el escultor nacido en Maella.

Una casa llena de vida y artistas

Pierrette, recuerda, vivió rodeada de Picasso, Juan Gris o Pierre Reverdy ya que su casa en Paris se convirtió en un punto de encuentro de artistas, escritores y musicos: "Las reuniones se alargaban hasta la madrugada entre conversaciones, debates y divertidas bromas que llenaban la casa de vida".

Entre los habituales también estaban José Soler Casabón, Maurice Renard y el escultor Manolo Hugué. De hecho, Hugué llegó a hacer de canguro cuando sus padres salían. "Un recuerdo que refleja el ambiente único en el que creció, rodeada de algunas de las grandes figuras artísticas de las vanguardias artísticas del siglo XX", señalan desde el museo.

El museo, único en el mundo

El museo, el único monográfico del mundo dedicado al escultor de Maella, lleva cerrado desde el 31 de marzo del año pasado debido a las obras de renovación de sus equipos de climatización. Además, el museo prevé renovar parte del discurso expositivo para "mostrarlo de forma diferente". En este sentido, en julio del año pasado ya se indicó que se iba a aprovechar el cierre para integrar nuevos recursos de accesibilidad (como los utilizados en la sala táctil Entre Luces) y para crear "algún espacio interactivo más". Así, el espacio reabrirá con una serie de "novedades museográficas" como la incorporación de documentación original sobre Gargallo.

La renovación de la climatización había sido largamente demandada tanto por los trabajadores como por los visitantes. El cambio de los equipos por otros más eficientes y eficaces permitirá mantener una temperatura estable durante todo el año en el gran patio del museo, el espacio más crítico tanto en verano como en invierno.

El museo alberga 195 piezas del artista, tanto esculturas como dibujos y cartones. La cifra es casi el doble de las que había cuando se inauguró, ya que la familia ha seguido donando en los últimos años. De hecho, el museo se amplió en 2009 ocupando un edificio anexo en la calle Torrenueva y ganando un 40% de espacio.

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