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Crítica de la segunda de la Feria de Tarazona: De nuevo todos en hombros en Tarazona con, además, vuelta al ruedo a un novillo de Antonio Palla

En la segunda de la feria de San Atilano otra vez adquiere protagonismo para mal una inadecuada presidencia interpretando el reglamento a su antojo  

La Feria de Tarazona volvió a vivir una triple Puerta Grande.

La Feria de Tarazona volvió a vivir una triple Puerta Grande. / Plaza de toros de Tarazona

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Carmelo Moya

Carmelo Moya

Tarazona

Antes de que la cosa vaya a mayores y ruede por tierra la magnífica obra de resurrección de los toros en la ciudad del Queiles, urge poner orden en el palco presidencial que viene ocupando desde la temporada pasada Juan Pedro Sánchez Orellana. El señor, parece que traído de allá abajo para este cometido y de vuelta a acullá –adiós muy buenas– cuando se arrastre el sexto esta tarde dejará como recuerdo sus innumerables e inaceptables –por caprichosas– decisiones haciéndose acreedor del terrible mérito de haberse cargado el prestigio que en estos cuatro años haya podido acumular este coso y antes, durante décadas, la propia ciudad. Señor Sánchez, váyase.

Solo así podremos restituir el ridículo que la peña fetén que sabe de qué va esto padeció cuando, por ejemplo, hizo asomar sobre el antepecho del palco el moquero azul ordenando el arrastre lento como honor póstumo al quinto animalote. ¡Pa chasco!

El bichillo, Huertero-17, fue como todo el hato, por lo común, de apenas partirle la piel en caballo y ni siquiera de tres pares de banderillas. Es que el tercio se solucionó en casi todos los turnos ¡con dos pasadas!

En ese estado de “tente mientras cobro” se desarrolló un tostón vulgarote e intrascendente en el que la banda La Moncaína no le dio al cliente un respiro ni por caridad cristiana. Es casi acoso musical. Hay pedida una tregua a la ONU.

La calidad de El Mene

Entre lo que el recuerdo guarda quedan apenas unos trazos por el lado derecho de El Mene en los que hubo estética, toreo bonito y armonioso acompañamiento de los viajes del novillo sobre un fundamento sólido de los más reconocibles cánones del toreo.

Lejos de modas, corrientes o usos pasajeros, Íker mantuvo en pie al toro y cambió la ordinariez de los viajecillos por acompasados pasajes antes de una pirotecnia final de rodillas. A pesar de no verlo con el acero hubo premio que significaba una puerta grande. En fin.

Muy placeado y con ese aura de “torero que va a ser” que entre todos hemos contribuido a adjudicarle al mejicano Emiliano Osornio (oreja y oreja para no tomar en serio) hay que quedarse más con lo que apuntó que con su desempeño real. Apenas mantuvo despierto al público en el primero, flojo y noblón mostrándose corrientito sin deslumbrar en el otro. Su futuro dependerá de la decisión de su apoderado Curro Vázquez a final de año. ¿Seguirá bendecido o lo dará por amortizado?

Mientras, entre todo ese sopor, la historia de un torero por vocación –pertenecer a una familia que tiene la luz pagada pa’ los restos no es pecado y mucho menos, delito– como Félix San Román.

Con casi dos metros de estatura no le acompañan ni las formas. Pero es que tampoco lo ve. Lamentablemente está muy lejos incluso de los últimos del pelotón. Aunque la tómbola también le reservara una foto con su salida en hombros.

La ficha del festejo

Novillos de Antonio Palla, muy chicos y sin fuerzas, cuarto y quinto más hechos y aparentes. Al quinto se le premió con la vuelta al ruedo. Emiliano Osornio (oreja y oreja tras aviso); El Mene (oreja y oreja tras aviso); Félix San Román (oreja tras aviso y oreja). Menos de media plaza. Dos horas y veinte minutos de duración.

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