La Bullonera, 50 años desde que la jota tomó partido: "Hablábamos de la libertad, pero nuestro objetivo era la emancipación de la clase obrera"
Medio siglo después de su primer disco, Eduardo Paz reconstruye los orígenes y los años que convirtieron a La Bullonera en un referente de la canción protesta aragonesa

Javier Maestre y Eduardo Paz cantando en la fiesta del Partido Comunista de España, en 1978. / Archivo
"Esta es nuestra herramienta: nuestras voces; esta es nuestra canción: nuestro trabajo". 1976. Franco había muerto hacía apenas unos meses, pero España seguía despertando de casi cuatro décadas de dictadura. Nadie sabía muy bien qué iba a pasar después. Tampoco parecía un momento para quedarse mirando. Durante demasiado tiempo, muchas cosas se habían quedado a medio decir. Pero el silencio empezaba a pesar. Había mucho de lo que hablar, mucho que discutir y unas cuantas cosas que reclamar. En Aragón, Eduardo Paz y Javier Maestre llevaban años haciéndolo a través de sus canciones.
Para entonces, La Bullonera ya había encontrado su sitio en medio de aquella efervescencia. Sus letras hablaban de la libertad, pero lo hacían a través de los problemas que llevaban tiempo agitando a su tierra. El trasvase del Ebro, la emigración, el caciquismo o la presencia de las bases estadounidenses eran solo algunos de ellos. Cantaban sobre lo que sucedía a su alrededor y, quizá por eso, tanta gente acabó reconociéndose en sus canciones.
Hoy hace 50 años de la publicación de aquel primer disco. Y, según cuenta Paz a este diario, buena parte de su éxito se explica precisamente por el momento en que vio la luz: "España era un hervidero de entusiasmo antifranquista. Vendimos más de 130.000 discos en menos de un año". Las trece canciones que daban forma al proyecto hablaban de democracia y libertad, aunque para Paz y Maestre aquello era solo el principio: "Éramos miembros del Partido Comunista y, para nosotros, la democracia no era más que un paso para llegar al paraíso comunista. Entonces sí, hablábamos de la libertad, pero nuestro objetivo era la emancipación de la clase obrera".
Pero para entender por qué sus letras calaron tanto en la sociedad hay que rebobinar hasta 1971, cuando Paz y Maestre se vieron las caras por primera vez. Para ese momento, la música ya ocupaba un lugar importante en la vida de ambos. En el caso de Paz, todo empezó en casa: "Mi padre era un músico excepcional. Multiinstrumentista, tocaba la bandurria, el laúd, la guitarra, el contrabajo, el clarinete, el saxofón, el violín… Tenía un oído absoluto. Desde pequeño cantaba en las funciones que organizaba en la parroquia".
En aquella época, Paz formaba parte del Teatro Estable de Zaragoza. Un día, en medio de una de sus reuniones, Javier Maestre entró en escena. Sin demasiados preámbulos, se acercó a él y "me propuso montar un grupo para cantar. Yo no me lo pensé, estaba encantado de la vida". El sustrato de aquel encuentro también era político: buena parte de quienes estaban en esa sala pertenecían al Partido Comunista. Y esa forma de entender el mundo no tardó en hacerse un hueco en sus canciones.
Poco tiempo después de esa primera invitación, Paz fue a casa de Maestre para hacer una audición. La cosa salió bien y enseguida empezaron a ensayar algunos de los temas que años más tarde se convertirían en himnos de la canción protesta en Aragón. Por aquel entonces aún se hacían llamar Vientos del pueblo, "en honor a un poema de Miguel Hernández, pero pronto lo cambiamos por La Bullonera. En ese momento no estábamos solo Maestre y yo. También colaboraban Javier Delicado, Chusa Murria… Éramos unos cuantos".
Garajes, graneros y cuevas fueron solo algunos de los espacios en los que actuaron durante aquellos primeros años. Poco importaba el escenario. "Era todo una especie de apostolado. Teníamos la misión de apoyar con nuestra música el cambio de régimen. Había esa especie de mesianismo", apunta Paz. Todo siguió así hasta que este último se marchó a hacer la mili. A su vuelta, él y Maestre decidieron continuar solos con el proyecto. Y fue entonces cuando las cosas empezaron a cambiar.
El verdadero salto llegó en 1976, con el Festival de los Pueblos Ibéricos: "Fue un antes y un después en nuestra carrera. Había miles de personas y muchísima policía. Fue la primera vez que cobramos un poco en serio. Cogimos de mánager a Lola Olaya, nos llamó una discográfica, firmamos e hicimos nuestro primer álbum. Todo pasó muy rápido".
Si algo distinguió a La Bullonera durante aquellos años fue la forma en la que hizo suyo el folclore aragonés. El dúo fue todo un pionero en convertir la jota en una herramienta reivindicativa, una idea que Paz considera "uno de los mayores hallazgos de Javier. Tenía una causticidad y un ingenio muy vivo". La elección no fue casual. Hasta ese momento, ambos asociaban este género "con fachas, con personas muy contrarias a nosotros ideológicamente. Queríamos desafiar ese orden".
La salida de Maestre
Los tres primeros discos mantuvieron ese tono de protesta social, pero con el tiempo La Bullonera empezó a abrirse a otros caminos. Y ahí Paz y Maestre dejaron de mirar en la misma dirección. "A finales de los 70 el grupo empezó a tomar unos derroteros no tan panfletarios y, para Javier, la música era un medio para un fin, por lo que esos aires nuevos no le interesaron. Pero no recuerdo su marcha demasiado traumática", señala Paz. La Bullonera siguió adelante sin él, y el cambio no tardó en hacerse notar. En 'Punto', el primer disco sin Maestre, todavía había "resabios de protesta", pero también aparecieron "algunas canciones de amor más asépticas".
Cincuenta años después de aquel primer disco, Paz echa la vista atrás y recuerda "una época de mi vida fantástica y, aunque hoy esté en un lugar muy distinto ideológicamente, no renuncio a nada de ella. Fue muy estimulante". Eso no impide que, al pensar en todo el empeño que pusieron en cambiar las cosas, le quede un poso más amargo: "No ha servido demasiado. Ni nosotros ni Labordeta conseguimos ningún cambio real". Quizá no consiguieron cambiar el mundo como pretendían. Pero durante unos años le pusieron voz al que tenían delante. Y esa voz, cincuenta años después, todavía se escucha.
- Carla Leite, sobre su etapa en el Casademont Zaragoza: 'Fue horrible, creo que perdí las ganas de jugar al baloncesto
- Trece asociaciones pro Palestina envían una carta al Casademont Zaragoza por el fichaje de Yarden Garzon
- Decenas de colegios e institutos de Aragón limitan o cancelan todas las salidas con alumnos por la polémica de los viajes extraescolares
- La multa de 200 euros a un conductor que respetaba la velocidad pero no entendió la nueva S-51 b: la Guardia Civil extrema la vigilancia en carretera
- La OktoberFest de Valdespartera agota sus entradas en menos de diez minutos mientras la del Parque de Atracciones de Zaragoza sigue en el aire
- ¿Fin a los atascos?: El tráfico de Zaragoza se aliviará la próxima semana con la reapertura del giro en María Agustín
- Unai, fontanero: 'Un buen oficial, ya sea fontanero, carpintero o electricista, que tenga su clientela propia, puede estar ganando de 3.000 a 10.000 euros al mes fácilmente
- El Gobierno de Aragón asegura que 'ningún centro de datos proyectado en Aragón cumple los requisitos del Gobierno