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El Periódico de Aragón

Entender + con la historia

‘Exhortación a los aragoneses’

Un 24 de abril, pero de 1684, el zaragozano José Gracián Serrano publicó su obra

'El cambista y su mujer', de Quentin Massys.

El siglo XVII fue una época de crisis generalizada en Europa y, por supuesto, también lo fue para el reino de Aragón y el conjunto de la Monarquía Hispánica de los Habsburgo. Una potencia mundial que seguía siendo uno de los mayores imperios de la historia pero que a finales de ese siglo y bajo el reinado de Carlos II el Hechizado había perdido ya su estatus de primera potencia mundial en detrimento de la Francia de Luis XIV. Un conjunto de circunstancias muy diferentes se aunaron para crear una etapa de crisis generalizada todavía más marcada si cabe en los territorios peninsulares.

A inicios de siglo la monarquía de Felipe II de Aragón (Felipe III en Castilla) llevó a cabo la expulsión de los moriscos de sus reinos, una decisión que provocó un durísimo golpe al reino aragonés, quedando algunas regiones prácticamente despobladas con el perjuicio demográfico, social y económico que eso conllevó. El golpe fue tal que Aragón tardó casi un siglo en recuperar la población que tenía por aquella época, y ya sabemos que nuestra tierra nunca ha estado precisamente muy poblada.

A esto se suman las constantes guerras de la monarquía de los Habsburgo en Europa y que incluso llegaron a afectar de forma directa al reino de Aragón a inicios de la década de 1640, cuando el Principado de Cataluña se sublevó y acabó poniéndose del lado de Francia, cuyo ejército conquistó la localidad de Monzón. También fue un siglo climáticamente más frío que los anteriores, lo que provocó malas cosechas en buena parte de Europa y las consiguientes crisis de subsistencia, carestías, alza de precios y hambrunas.

Retrato de Felipe II de Aragón (III de Castilla), que expulsó a los moriscos creando una gran crisis demográfica en Aragón. KOTE RODRIGO / EFE

Si a esto le unimos los periódicos brotes epidémicos de distinta clase, las guerras de religión y diferentes avatares nos encontramos con un panorama un tanto dantesco en ese siglo XVII. La crisis económica fue importante, y eso se ve en que fue una época en la que se van desarrollando diferentes debates sobre cómo afrontar dicha situación. En Aragón también surgieron intensos debates al respecto, aunque por desgracia y salvo alguna loable excepción, sus protagonistas han sido injusta y prácticamente olvidados. Ese es el caso de José Gracián Serrano.

Estamos en una etapa en la que se viene desarrollando desde el siglo anterior el mercantilismo, se crean las grandes compañías comerciales que controlaban el comercio hacia las Indias occidentales u orientales, o en la que incluso se produjo el primer estallido de una burbuja de especulación económica como fue la de los tulipanes en Holanda. La obsesión con la especulación de los bulbos de tulipán fue tal que algunas fuentes de la época decían que era posible comprar una casa en los canales de Ámsterdam por el precio que costaba un bulbo de tulipán. Claro, eso tenía que explotar por alguna parte.

La especulación fue tal que se podía comprar una casa en Ámsterdam por lo que valía un bulbo de tulipán

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Más cerca de casa, al reinado de Carlos II se le ha achacado ser de máxima decadencia, algo agudizado por su imagen personal enfermiza fruto de la endogamia de su propia familia. Sin embargo, la realidad es tozuda y siempre sale a relucir, y estudios más recientes están tratando de hacer justicia para mostrar que fue un reinado en el que se hicieron numerosas reformas que lograron por ejemplo el primer superávit económico de la Monarquía Hispánica en prácticamente siglo y medio. Eso fue posible gracias a que se puso en puestos clave a gente con buena formación, fruto de esos debates de los que vengo hablando desde el comienzo del artículo.

Así surgieron movimientos como el Arbitrista, una tendencia iniciada en el siglo XVI y que llegó hasta el XVIII en la que se proponían soluciones, en muchas ocasiones totalmente descabelladas, para poner fin a los problemas económicos que sufría España. Como decía, los arbitristas aragoneses han sido sistemáticamente olvidados, salvo quizás el caso de Diego José Dormer. Los arbitristas se dividieron fundamentalmente en dos ramas, una profundamente proteccionista y que achacaba los males de la economía aragonesa a la competencia extranjera, especialmente a la francesa y a la de sus textiles. Por eso era preciso poner aranceles que encarecieran los productos extranjeros y así incentivar la venta de los fabricados en Aragón. Por otro lado estaban los partidarios del libre comercio, como era José Dormer.

Portada de la obra de Gracián Serrano, de 1684.

Portada de la obra de Gracián Serrano, de 1684.

En el año 1674 y siendo virrey de Aragón Juan José de Austria, hermanastro del rey Carlos II, mandó crear una junta que analizase la situación económica del reino, pero esta logró pocos frutos. Así llegamos a marzo de 1684, momento en el que Dormer publica su obra Discursos hablando precisamente de la bondades que traería a la economía el libre comercio. Un mes después, y bajo el pseudónimo de Marcelo Nabacuchi, José Gracián Serrano del que poco se sabe de su vida más allá de haber sido apuntador de las Generalidades del reino de Aragón, publicó en respuesta su Exhortación a los aragoneses. En ella hablaba del daño que estaban haciendo las importaciones de mercancías extranjeras y por ello pedía directamente la prohibición de su venta, además de solicitar al rey la incorporación de Vinaroz como puerto para el reino de Aragón con el que facilitar su comercio exterior sin pasar por las aduanas catalanas, valencianas o castellanas que encarecían la producción de la industria aragonesa.

Con la segunda propuesta no tuvo suerte, pero con la primera logró crear una importante corriente de opinión que se mantuvo a lo largo del tiempo.

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