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El Periódico de Aragón

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María Moliner

En el año 1900 nació en la localidad zaragozana de Paniza María Juana Moliner Ruiz, figura indispensable de la historia reciente

María Moliner, autora de, entre otros, el 'Diccionario del uso del español'.

María Moliner es una de esas figuras aragonesas a las que hay que procurar rendir homenaje constante por la gran importancia que tuvo para la sociedad de su momento y también de la actualidad, dando ejemplo con su inmensa labor. Y no lo tuvo precisamente fácil a lo largo de su vida. Nació el 30 de marzo del año 1900 en Paniza, siendo la mediana de tres hermanos en una familia acomodada gracias sobre todo a los ingresos que lograba su padre como médico rural, gracias a lo cual pudo tener una buena educación inicial, y más en lo que respecta a la que solía recibir la mayoría de la población en aquella época.

Pero todo cambió cuando su padre abandonó a la familia en 1914 para marcharse a Argentina y nunca volver, circunstancia que obligó a María a comenzar a trabajar dando clases particulares para poner su granito de arena en la economía familiar. Pero ella misma no dejó de lado su propia formación, la cual continuó en los años siguientes en una Zaragoza que, al igual que el resto de España, vivía unos momentos de mucha agitación social y política. Las huelgas eran constantes en aquellos años en una vorágine por lograr mayores derechos laborales, eso sin mencionar las fuertes protestas por el injusto sistema de quintas que obligaba a la gente pobre a tener que hacer el servicio militar teniendo como destino la guerra en el norte de Marruecos.

Mientras tanto, las familias más adineradas tenían la posibilidad de lograr la redención de sus hijos mediante un importante pago en metálico o, como mínimo, lograban un mejor destino y condiciones entrando casi directamente en el escalafón de oficiales. Todas estas desigualdades, unidas a desastres militares como los del Barranco del Lobo o el de Annual y a lo que se suma la conflictividad social y laboral del momento, nos hacen ver el contexto en el que vivió María en aquellos años de formación en una Zaragoza que era, a inicios del siglo XX, uno de los grandes bastiones del movimiento obrero en España.

Vista general de Paniza, donde nació María Moliner. PANIZA. Vista general

Eso no le fue impedimento para cursar con sus propios recursos el Bachillerato y para licenciarse con premio extraordinario en la Universidad de Zaragoza, todo ello además colaborando en la realización del Diccionario aragonés en el Estudio de Filología de Aragón dirigido por Juan Moneva y Puyol.

Ya en el año 1922, María Moliner aprobó las oposiciones para el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, consiguiendo importantes logros en los años siguientes incluso a pesar del obstáculo que por desgracia suponía en aquella época el simple hecho de ser mujer. Por ejemplo, se convirtió en la primera mujer en impartir clase en la historia de la Universidad de Murcia y dirigió la Biblioteca de la Universidad de Valencia. También participó muy activamente en política, especialmente durante los años de la segunda república destacando su labor en la Junta de Adquisición de Libros e Intercambio Internacional. Este ente era el encargado en aquella época de intentar dar salida a las obras de investigación creadas en España y que así pudieran ser conocidas en el resto del mundo, tratando así de salir del importante aislacionismo que venían sufriendo las diferentes escuelas del saber españolas con respecto a las de otros países. También escribió varios trabajos para ayudar al desarrollo de cómo debía expandirse la red de bibliotecas de España para ofrecer un mayor acceso a la cultura a la población.

Retrato de María Moliner.

Retrato de María Moliner.

Pero su participación en dichos campos le costaron unas duras represalias tras la Guerra Civil Española y el triunfo del bando golpista, ya que María Moliner fue víctima de las depuraciones que hizo la dictadura de Francisco Franco. Fue castigada profesionalmente perdiendo varias categorías en el escalafón de funcionarios al igual que su marido, el físico Fernando Ramón Ferrando, lo que les obligó además a estar varios años separados al darles destinos diferentes.

Pero María Moliner siguió trabajando y, sin apoyo alguno de las instituciones, creó por su cuenta y durante varios años la gran obra por la que es más conocida: el Diccionario del uso del español. Una magna obra que como homenaje lleva su nombre y que tuvo el objetivo de revitalizar las anquilosadas formas que tenían por entonces las obras editadas por la Real Academia de la Lengua Española. Una academia que cometió una de las mayores injusticias de su historia al no conceder a María Moliner un puesto entre sus miembros y que se había ganado a pulso.

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