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El Periódico de Aragón

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El Tratado de Corbeil

El 11 de mayo de 1258 Luis IX de Francia y Jaime I de Aragón firmaron uno de los acuerdos más controvertidos de la historia del reino aragonés

Jaime I entrando en Valencia, de Richart Montesinos.

Muchas veces se piensa que la derrota del rey Pedro II de Aragón en la Batalla de Muret en septiembre del año 1213 puso fin al dominio de la Casa de Aragón en Occitania, facilitando la posterior entrada y dominio del reino de Francia en la zona. Pero a esta derrota había que sumar dos situaciones clave más: la «indiferencia» por parte de Jaime I con respecto a la situación que vivían los todavía en teoría vasallos suyos de Occitania y la firma del Tratado de Corbeil. Pero para llegar a ello hay que dar primero un contexto histórico para ver lo importante que fue sobre todo la firma de dicho tratado.

Las alianzas con los territorios al norte de los Pirineos se convirtieron en una vieja tradición que llega por parte tanto del reino de Aragón como del condado de Barcelona. Aragón ya inició esas relaciones incluso durante el reinado de su primer monarca, Ramiro I, manteniéndose esta política exterior con los siguientes reinados, en especial en el de Alfonso I el Batallador, quien utilizó esos pactos para incluir en sus planes expansivos por al-Andalus a señores feudales como Céntulo de Bigorra y sobre todo Gastón de Bearne.

Todavía más intensas fueron esas relaciones con Occitania por parte de la casa condal barcelonesa, y ambas tradiciones se acaban aunando con la unión dinástica forjada en el año 1137 en Barbastro tras acordar el matrimonio entre la princesa aragonesa Petronila, hija del rey Ramiro II el Monje, y el conde Ramón Berenguer IV de Barcelona. Este último impulsó una política europea mucho más potente, incluso manteniendo tratos con el emperador Federico del Sacro Imperio Romano Germánico (de hecho el conde catalán murió cerca de Turín acudiendo a una entrevista con el emperador), y dicha política europea la heredó su hijo y el de Petronila, Alfonso II de Aragón.

Jaime I el Conquistador.

Jaime I el Conquistador.

La influencia de la Casa de Aragón iba cada vez más en aumento en Occitania, forjándose poco a poco la idea de una gran Corona de Aragón situada a ambos lados de los Pirineos y que fuera desde el valle del río Ródano por el norte hasta la cuenca del Ebro por el sur. Esto habría comprendido algunas de las regiones más ricas y prósperas del momento, pudiendo haber creado una de las entidades políticas más potentes de la Europa de finales del siglo XII y comienzos del XIII. Y es aquí donde entra el siguiente monarca, Pedro II el Católico. Durante su reinado acabó estallando la Cruzada Albigense proclamada por el papado y que tenía el objetivo de erradicar por la fuerza de las armas a los cátaros, una versión del cristianismo que Roma consideraba que era herética.

En ese contexto se crea una situación de gran urgencia para los señores feudales occitanos que Pedro II de Aragón aprovecha, pues espera para salir en su ayuda hasta que la situación de la región es desesperada. ¿Por qué lo hace? Porque en caso de salir victoriosas las mesnadas del rey aragonés, sus vasallos occitanos no tendrían otra que respetar los designios del monarca, consolidando así el dominio de la Casa de Aragón. Era una jugada casi a una carta, al todo o nada, que se acabó dirimiendo en la Batalla de Muret. Un enfrentamiento al que Pedro de Aragón llegaba con la moral por las nubes ya que el año anterior había participado decisivamente en la victoria contra los almohades en la Batalla de las Navas de Tolosa en 1212.

Pedro II llegaba a la Batalla de Muret con la moral por las nubes tras las Navas de Tolosa, pero murió dejando un heredero de 5 años

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Pero la apuesta salió mal y Pedro II murió en Muret, dejando detrás a un hijo y heredero al trono de solo 5 años de edad, como tenía en ese momento a quien conocemos como Jaime I el Conquistador. Su reinado fue conflictivo, especialmente entre los años 1213 y 1227 aprovechando primero su minoría de edad y luego su juventud, siendo humillado en varias ocasiones por la nobleza, sobre todo en el reino de Aragón.

Entre los líos internos que tenía en sus propios dominios y las posteriores campañas que le llevaron a la conquista de Mallorca y Valencia, Jaime no hizo mucho caso a sus en teoría todavía vasallos occitanos, pues la Cruzada Albigense contra los cátaros continuaba incluyendo la intervención directa francesa a partir de la década de 1220. Su actuación y la pérdida de influencia de la Casa de Aragón en detrimento de Francia en otros territorios como la Provenza fue sacando durante esos años a la Corona de Aragón de la región. Pero sin duda, el hecho definitivo que puso fin a ese sueño de esa gran Corona a ambos lados de los Pirineos fue la firma el 11 de mayo de 1258 del Tratado de Corbeil.

Toulouse, ciudad más importante de la actual Occitania.

En dicho pacto, Jaime I y en su nombre todos sus sucesores renunciaban de forma definitiva a los posibles derechos que pudieran tener en el sur de Francia. ¿Qué consiguió a cambio? La renuncia por parte de Luis IX y de la monarquía francesa de la llamada Marca Hispánica. Es decir, el territorio comprendido entre los Pirineos y el Ebro y cuyo dominio quiso lograr el emperador Carlomagno más de 400 años antes, dando como resultado de esa intervención carolingia al sur de los Pirineos el origen de Aragón, Sobrarbe, Ribagorza y Barcelona como entidades políticas.

Pero a mediados del siglo XIII los monarcas franceses no ejercían ningún tipo de soberanía ni poder en dichos territorios, por lo que Luis IX logró un gran resultado en Corbeil a cambio de prácticamente nada, lo que convirtió esta decisión en una de las más polémicas de las que tomó Jaime I durante su largo reinado.

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