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La conquista de Navarra

En el año 1512 Fernando II de Aragón impulsó una de las campañas militares más importantes de su reinado: la conquista del reino de Navarra

Pamplona, la capital navarra, hace unos días. Villar López / EFE

Este próximo lunes 23 de enero se cumplen 507 años de la muerte en el pueblo extremeño de Madrigalejo de uno de los monarcas más influyentes en la historia peninsular e incluso de la Europa de su tiempo: Fernando II el Católico. Para conmemorar esta efeméride, en esta ocasión toca centrarse en uno de los hechos más importantes de su reinado, que fue la conquista y anexión del reino de Navarra acercando todavía más la unión de los diferentes Estados que existían en la península Ibérica.

Tras la muerte de su esposa, la reina Isabel I de Castilla, en el año 1504, Fernando dejó de ser automáticamente rey castellano ya que no era el propietario de los derechos al trono que pasaron en ese momento a su hija Juana. Aun así, Fernando trató por todos los medios aferrarse al poder, pero finalmente acabó «expulsado» de Castilla por su yerno, Felipe el Hermoso, y la camarilla de nobles castellanos que no querían al monarca aragonés cerca dado su autoritarismo.

Pero el propio Felipe, que se las arregló para que las Cortes castellanas le dieran autoridad de gobierno apartando así a su esposa Juana a la que se empezaba a apodar como «la loca», murió repentinamente poco después, en septiembre de 1506. De esta muerte siempre se ha especulado sobre si el propio Fernando el Católico tuvo algo que ver, ya que al fin y al cabo fue el máximo beneficiario de la muerte de su yerno. Y es que en esa situación con Juana «incapacitada» para ejercer el gobierno y sus hijos siendo todavía extremadamente jóvenes, Fernando pudo volver para gobernar de nuevo Castilla aunque en calidad de regente, cosa que haría hasta su muerte en 1516.

Fernando II de Aragón ordenó la conquista de Navarra en 1512.

La política exterior de su reinado giró siempre en tratar de aislar a Francia, la sempiterna y poderosa enemiga de la Corona de Aragón, y aquí es donde entran sus planes para el reino de Navarra. Con el paso de los siglos y debido a la fuerte expansión que realizaron las Coronas de Aragón y Castilla en al-Andalus, Navarra vio muy pronto cortado su camino en dicha expansión territorial en la península ibérica y, poco a poco, su política interna y externa comenzó a mirar más al norte de los Pirineos.

Esto, a inicios del siglo XVI, era tremendamente peligroso para los intereses dinásticos de Fernando el Católico, ya que si Navarra quedaba en ese momento dentro de la órbita francesa se iba a encontrar con que su mayor enemigo se adentraba peligrosa y amenazadoramente en sus dominios a través del territorio navarro. Y es que a comienzos de ese siglo XVI, la reina de Navarra era Catalina de Foix, que junto a su esposo, Juan III de la Casa de Albret, tenían amplios dominios en Francia que les empujaba por ese lado hacia la órbita de los monarcas franceses. A todo esto, había que sumar que la situación interna navarra también era compleja y delicada con dos bandos enfrentados, como eran los beaumonteses y los agramonteses.

Imagen de Alonso de Aragón, que avanzó hacia Tudela y la ribera navarra, en la plaza mayor de Salamanca.

Aun así, Navarra trató de ser lo más neutral posible e intentó mantener la paz con Fernando el Católico ofreciéndole varias garantías de no ponerse del lado francés en caso de guerra. Pero la cuestión era que ambas partes, tanto la francesa como Aragón y Castilla encarnadas en Fernando, estaban buscando forzar la situación y la pregunta era en realidad sobre quién se adelantaría a la hora de atacar. Y ese fue Fernando, quien desde al menos el año 1511 ya comenzó los preparativos para una invasión que, aunque tuvo algún paso previo, se inició oficialmente el 19 de julio 1512 tras denunciar el rey aragonés que los monarcas navarros habían firmado un tratado con Francia.

Un potente ejército formado por unos 16.000 efectivos partió desde Vitoria al mando de Fadrique Álvarez de Toledo, duque de Alba, realizando el grueso de las operaciones encaminadas a capturar Pamplona. Mientras tanto, una operación «secundaria» de apoyo se desarrolló en el reino de Aragón, donde el hijo bastardo de Fernando el Católico, el arzobispo de Zaragoza Alonso de Aragón, lideró otro contingente militar que avanzó para conquistar Tudela y toda la ribera navarra. En poco más de mes y medio el reino de Navarra fue sometido por la fuerza de las armas hasta los Pirineos, y aunque hubo diversos contraataques en los meses y años siguientes, Navarra acabó quedando sometida e integrada finalmente dentro de Castilla aunque manteniendo su tradición foral.

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