El día en que Aragón se levantó en armas en defensa de sus fueros
El 8 de noviembre de 1591, Juan de Lanuza se ponía a la cabeza de un improvisado ejército aragonés frente al ejército real

Antonio Pérez, libertado de la cárcel de los Manifestados por el pueblo de Zaragoza, en 1591. / SE

Queda poco más de un mes para llegar a un nuevo 20 de diciembre, día en el que se cumple el aniversario de la ejecución en el año 1591 del por entonces Justicia Mayor del reino de Aragón, el joven Juan de Lanuza V el Joven, por orden del rey Felipe II (Felipe I en el reino aragonés). Hago esta introducción por dos cuestiones. La primera es porque, aunque desde hace ya bastantes años las instituciones y la sociedad civil realizan un homenaje tanto a Lanuza como al Justiciazgo, este 2025 va a ser la primera vez en que este día sea oficialmente el Día del Justicia de Aragón, tal y como decretaron el pasado mes de octubre las actuales Cortes aragonesas.
La segunda cuestión que me lleva hablar de Juan de Lanuza es porque hoy, 8 de noviembre, se cumplen 434 años del momento en el que este, junto al duque de Villahermosa y el conde de Aranda, se puso al frente de ese simulacro de ejército aragonés que habían sido capaces de organizar durante los días previos para hacer frente al ejército real enviado por el monarca. ¿Pero por qué el Justicia lideraba este “ejército”?
Recordemos que esta institución, surgida en las Cortes del reino de Aragón celebradas en el año 1265 en Ejea de los Caballeros, fue evolucionando mucho y aumentando su poder y atribuciones a lo largo de los siglos siguientes. El resultado de ello fue una institución que realizaba acciones de mediación en los pleitos que surgían en el reino, incluyendo los que afectaban a los mismos monarcas, desempeñando de ese modo un papel como de una especie de “tribunal supremo” de la época, y que además se convirtió en el garante del cumplimiento de los fueros aragoneses y de toda la legislación del reino. Algo que incluso los reyes tenían que cumplir. Toda acción que fuera en contra de esas leyes, el Justicia podía declararla como contrafuero, y obligar a la persona o institución que había incurrido en ello a dejar de hacerlo. Tal llegó a ser la autoridad de esta institución, que el Justicia era inviolable, y ante el cual los reyes debían de plegarse si era menester.
Pero 1591 fue un año diferente. A lo largo de todo el siglo XVI se produjeron numerosos desencuentros entre las élites e instituciones de gobierno aragonesas con la monarquía. Un conflicto que hundía sus raíces en la segunda mitad del siglo anterior, con unas formas mucho más autoritarias de querer gobernar por parte de Juan II y su hijo Fernando II de Trastámara. Pero esto no era algo excepcional que ocurría en el reino aragonés o en el resto de entidades políticas que conformaban la Corona de Aragón. La llegada de la Edad Moderna supuso el triunfo final del poder de las monarquías y del absolutismo en Europa. Sin embargo, en Aragón se había desarrollado a lo largo de la Edad Media un sistema político pensado para limitar el poder de los monarcas, y eso, obviamente, provocó muchos choques que terminaron por estallar con toda su virulencia en 1591 cuando el exsecretario de Felipe II y también prófugo, Antonio Pérez, huyó y buscó la protección de los fueros de Aragón y del Justicia Mayor del reino.
Desde mayo de ese año la situación se fue caldeando cada vez más, con un monarca que utilizó a la inquisición para sortear los fueros que protegían a Antonio Pérez y poder echarle el guante. Pero cuando Antonio Pérez fue liberado, salió de Zaragoza en dirección a Francia, y esta noticia llegó a la corte, Felipe II ordenó que las tropas reales que se habían acantonado en Ágreda (Soria), invadieran de inmediato un reino de Aragón que no contaba con ejército propio.
Al saber esta noticia, el Justicia Juan de Lanuza declaró las acciones del rey como contrafuero y llamó a las armas al reino para organizar rápidamente un ejército con el que hacer frente a las tropas reales. Sin embargo, el poco tiempo disponible hizo que apenas se formara una fuerza no profesional de unos 2.000 efectivos, y a cuyo frente se puso ese 8 de noviembre de 1591 saliendo de la capital aragonesa en dirección hacia Utebo. Fue allí cuando al día siguiente se enteraron de que el ejército real había sobrepasado ya Alagón sin apenas resistencia, y que contaban además con 12.000 soldados profesionales. Poca resistencia podía hacerse ante aquella disparidad de fuerzas, por lo que ese simulacro de ejército aragonés que se había formado para defender al reino y sus libertades se disolvió, dejando vía libre a un ejército real que ocuparía Zaragoza en los días siguientes. Tras una calma engañosa que duró unas pocas semanas, el monarca dio rienda suelta a la represión comenzando por la ejecución sin juicio del Justicia, seguido por más de un centenar de ejecuciones más a lo largo del año siguiente.
Poca resistencia podía hacerse ante aquella disparidad de fuerzas, por lo que ese simulacro de ejército aragonés que se había formado para defender al reino y sus libertades se disolvió, dejando vía libre a un ejército real que ocuparía Zaragoza en los días siguientes. Tras una calma engañosa que duró unas pocas semanas, el monarca dio rienda suelta a la represión comenzando por la ejecución sin juicio del Justicia, seguido por más de un centenar de ejecuciones más a lo largo del año siguiente.
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