Aragón y el final del franquismo: así se vivieron los últimos años de la dictadura
Este próximo 20 de noviembre se cumplen 50 años de la muerte del dictador Francisco Franco

José Antonio Labordeta en un concierto en los años 70. / Jacinto Ramos
Este próximo 20 de noviembre se cumplen 50 años de la muerte del dictador Francisco Franco. Una fecha que daría comienzo a la Transición hacia la democracia en España, y que fue un proceso largo, lleno de incertidumbre, miedo, violencia, pero también de anhelos de libertad y esperanza por un cambio. Ya durante los últimos años de la dictadura comenzaron a producirse una serie de movimientos sociales que, de una forma u otra, empezaron a poner su granito de arena de cara a lo que vendría después.
¿Cómo fueron esos años en Aragón? Tras la Guerra Civil, vino la larguísima postguerra en la que un régimen franquista prácticamente aislado internacionalmente trató de sobrevivir con una economía de guerra y autárquica que sumió al país en grandes privaciones, quedando como testigo la famosa cartilla de racionamiento. Pero a lo largo de la década de 1950, el desarrollo de la Guerra Fría y el antagonismo entre EE.UU. y la Unión Soviética hizo que los sucesivos gobiernos estadounidenses vieran con mejores ojos a una dictadura en la que Franco se presentaba como el “centinela de Occidente” frente al comunismo. Así llegaron las bases americanas y acuerdos con los que empezó a inyectarse mucho dinero y que dieron paso a cierta liberalización de la economía española, siendo este capital económico y estas reformas la base del desarrollismo de los años 60.
Gracias a ese desarrollo, muchas familias pudieron comenzar a enviar a sus hijos a las universidades, convirtiéndose estas en un foco de protesta contra el régimen cada vez más importante. Uno de los focos clave que se suele pasar por alto fue la Universidad de Zaragoza, donde desde 1968 comenzaron a producirse protestas estudiantiles cada vez más importantes, tal y como ha investigado recientemente el doctor en historia Sergio Calvo Romero. Una protesta estudiantil que sería clave en lo que ocurriría en los últimos años de la dictadura y también durante la Transición. Aunque también salieron movimientos como el Colectivo Hoz y Martillo, creado en 1971, y que en noviembre de 1972 realizó un acto de protesta quemando el consulado francés en Zaragoza y que provocó la muerte no prevista del cónsul Roger Tur, a pesar de que la acción no contemplaba violencia física. Pero cuando se juega con fuego…
También hubo ciertos cambios en la Iglesia que hicieron mucho daño al régimen desde dentro. Por un lado, seguía estando esa jerarquía en la Iglesia española adepta a la dictadura. Pero el Concilio Vaticano II (1962-1965), desarrollado para reformar una Iglesia que quería alejarse del poder y acercarse a un mundo en cambio, provocó la aparición de una generación de párrocos mucho más cercanos a sus feligreses. Los llamados “curas obreros”, que tenían otro trabajo para completar sus exiguos ingresos, algo que les acercaba más a la realidad de la población, a sus anhelos y preocupaciones diarias. Así surgieron grupos de debate, casi clandestinos, en muchas parroquias de barrio y de pueblos en los que se hablaba de temas tabú, incluyendo información sobre el uso de la píldora anticonceptiva.
En Aragón se produjo en 1972 el Caso Fabara, cuyo protagonista fue el párroco de este pueblo. Wirberto Deso lideró allí un movimiento de este estilo, pero además se encerró junto a tres curas más en Mequinenza para exigir unas indemnizaciones más justas para los vecinos de este pueblo que estaban viendo cómo eran expulsados de sus casas por auténticas miserias en el proceso de ampliación del pantano. El caso fue sonado a nivel nacional e internacional, y se saldó con la destitución de Wirberto como sacerdote de Fabara por parte del arzobispo de Zaragoza, Pedro Cantero Cuadrado. Como protesta, otros 30 sacerdotes dimitieron, lo que mostraba, junto a los hasta 120 curas encarcelados en Zamora entre 1973 y 1976 por otras causas, que algo estaba cambiando en uno de los cimientos sobre los que se sustentaba la dictadura. Por otro lado, desde 1973 empezaron a producirse también las primeras grandes protestas agrarias en una época en la que las manifestaciones estaban prohibidas. La crisis del petróleo a nivel mundial había afectado de lleno al campo aragonés, así como la llegada masiva de maíz procedente de EE.UU., haciendo estragos en un Aragón que era uno de los mayores productores de maíz en España. Por ello se produjeron las primeras tractoradas, que en esos años llegaron hasta Tauste en una ocasión y hasta Alagón en una nueva protesta.
A todos estos movimientos se sumaba el de la cultura, con el auge de la canción protesta y popular, que en el caso aragonés hablaba precisamente de Aragón, ayudando a recuperar un sentimiento de identidad que había quedado prácticamente reducido a varios tópicos “baturristas”. Uno de los momentos álgidos de ese movimiento fue el gran concierto que figuras como José Antonio Labordeta, Pilar Garzón, Joaquín Carbonell, Tomás Bosque, y grupos como La Bullonera, Tierra Húmeda y Renaxer, realizaron el 13 de noviembre de 1973 en el Teatro Principal de Zaragoza. Un concierto cuyo trasfondo era el de un anhelo cada vez más latente por un gran cambio en el país. Unos síntomas todos ellos, de que algo estaba a punto de cambiar.
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