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La movilización de Aragón en la transición

El trasvase, la reapertura del Canfranc y la autonomía movilizaron a los aragoneses

Cabecera de la manifestación del 23 de abril de 1978 a favor de la autonomía de Aragón, en la plaza de Paraíso

Cabecera de la manifestación del 23 de abril de 1978 a favor de la autonomía de Aragón, en la plaza de Paraíso / "El municipio en Aragón", DPZ, 2004.

Sergio Martínez Gil

Sergio Martínez Gil

Si en el artículo de ayer repasé algunos de los aspectos históricos de cómo se vivieron los últimos años de la dictadura franquista en Aragón, las siguientes líneas van dirigidas a conocer cómo fueron los años siguientes y, especialmente, cuáles fueron los tres grandes focos que comenzaron a movilizar a los aragoneses y aragonesas tras una dictadura que había prohibido durante décadas cualquier tipo de manifestación que no estuviera expresamente aprobada por el propio régimen.

El primero fue el rechazo que suscitó el primer gran proyecto para realizar el trasvase del Ebro y que nos lleva hasta enero del año 1974. No era un momento cualquiera, pues el asesinato apenas unos días antes del presidente del gobierno, el almirante Carrero Blanco, en un atentado perpetrado por la banda terrorista ETA, provocó en los meses siguientes una reacción aún más opresiva por parte de las autoridades franquistas ante cualquier posible foco de disidencia. A principios de ese año el gobierno anunciaba un proyecto de trasvase de aguas del río Ebro para dirigirlas hacia el área metropolitana de Barcelona. Los estudios realizados previamente advertían que el gran crecimiento industrial, económico y poblacional que la capital catalana y su área metropolitana estaban teniendo, llevaría a su colapso a mediados de la década de 1980 ante la falta de agua, tanto para la industria, como para el abastecimiento de agua corriente.

Sin embargo, este anuncio hizo que por primera vez, los aragoneses comenzaran a movilizarse en su contra, ya que cientos de pueblos de Aragón seguían esperando y reclamando desde hacía décadas una serie de infraestructuras hidráulicas que les llevara agua para poder pasar de cultivos de secano a unos de regadío, mucho más productivos. En los meses siguientes, y tras un manifiesto lanzado desde “Radio Zaragoza” que se titulaba “Aragón tiene sed”, se presentaron más de 13.000 alegaciones, se recogieron más de 234.000 firmas, e instituciones como la Diputación Provincial de Zaragoza se opusieron también abiertamente. De hecho, la primera gran manifestación aragonesa se produjo el 13 de marzo de 1976 en las calles de Zaragoza, apenas unos meses después de la muerte del dictador.

El segundo foco de reclamaciones fue la reapertura de la línea internacional de Canfranc, que había quedado cerrada desde el 27 de marzo de 1970 por un accidente que destruyó en el lado francés el puente de L’Estanguet. El escaso interés de Francia en mantener la línea, y que el gobierno español tampoco presionara en exceso para lograrlo, hizo que fueran pasando los años sin que hubiera ninguna noticia al respecto. Las voces que exigían su reapertura para recuperar la línea de ferrocarril entre España y Francia por el Pirineo central y que hacía competencia a los pasos existentes en Euskadi y Cataluña, fueron a más. Así llegó el año 1978, en el que se realizó una gran manifestación en la estación de Canfranc aprovechando que se cumplía medio siglo de la inauguración de la línea. Varios trenes fueron fletados partiendo desde Zaragoza, reclamando la reapertura de una línea que, todavía hoy en día, sigue sin recuperarse.

El tercer foco de reclamación que también aglutinó las primeras grandes manifestaciones por parte de los aragoneses en esos años fue la autonomía política para Aragón. El camino comenzó el 4 de julio de 1976, cuando con la excusa de realizar una conferencia y un concierto posterior para conmemorar el proyecto del estatuto de autonomía aragonesa de 1936 elaborado en Caspe, miles de personas se manifestaron junto a la colegiata de Santa María la Mayor de esta localidad zaragozana pidiendo amnistía, libertad y aragonesismo.

En los meses siguientes, el proceso constituyente que acabó por aprobar la Constitución española de 1978, ya contemplaba la concesión de la transferencia de competencias de gobierno y la creación del actual sistema de comunidades autónomas. Siguiendo esos pasos, se creó en 1978 la Diputación General de Aragón en régimen preautonómico bajo la presidencia de Juan Antonio Bolea Foradada, siguiéndole una gran manifestación proautonomista en Zaragoza ese 23 de abril, día de San Jorge, en la que más de 100.000 personas participaron en las calles de la capital aragonesa. Sin embargo, por falta de consenso entre las diputaciones provinciales y las capitales de provincia, y por decisión del gobierno de Adolfo Suárez, Aragón quedó relegada a la famosa vía lenta de concesión de autogobierno, que obligaba a esperar cinco años para lograrla. Por ello, no sería hasta el año 1982 cuando se elaboró y aprobó el Estatuto de Autonomía, finalizando así una década larga de reclamaciones abriéndose una nueva era de la historia de Aragón y de España.

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