Cuando el reino de León intentó conquistar Zaragoza
En la primavera del año 1806, Alfonso VI de León intentó conquistar Zaragoza

Imagen Alfonso VI de León, el monarca que trató de conquistar Zaragoza en 1086 / EL PERIÓDICO
Podría decirse que Zaragoza no se entiende hoy en día sin Aragón, ni Aragón se entiende sin Zaragoza, tanto para bien como para mal. ¿Pero y si la capital aragonesa no hubiera sido conquista por el reino de Aragón y hubiera sido incorporada al reino leonés? En este artículo vamos a analizar una especie de ucronía de lo que podría haber sido a partir de ese año 1086, pero que en realidad nunca terminó por ocurrir.
A mediados de la década del 1080 la taifa de Saraqusta (Zaragoza), seguía viviendo un momento de gran esplendor cultural gracias al trabajo que habían llevado a cabo durante sus reinados tanto al-Muqtádir como su hijo al-Mutamán, conocido este último como el rey Sabio, y que incluso llegó a resolver un teorema de geometría que la Europa cristiana no lograría desarrollar hasta el siglo XVII. Pero en el año 1085 todo había empezado a cambiar después de unos años de apogeo de una taifa zaragozana que llegó a dominar casi toda la cuenca del río Ebro hasta Tortosa, y que incluso también sometió a vasallaje a las taifas de Valencia y Denia.
Sin embargo, a la muerte de al-Mutamán, comenzaban a verse las primeras costuras a este reino de taifa muy presionado tanto por sus vecinos islámicos como por el reino de Aragón desde el norte. Rodrigo Díaz de Vivar, que había estado junto a su mesnada como mercenario al servicio de los reyes zaragozanos en los últimos años, abandonó la ciudad, quizás barruntando lo que se venía. Desde hacía décadas, el reino de León había sometido al pago de parias a diferentes reinos de taifa, y una de ellas era la de Zaragoza. Una situación que hacía que el reino leonés no les atacase, pero que además les enviara ayuda en caso de ser atacados por una tercera parte. Así fue el caso de la Batalla de Graus del año 1063 en la que Ramiro I de Aragón perdió la vida, y en la que estuvo presente el por entonces infante Sancho, quizás acompañado por un joven Cid, para ayudar a los musulmanes frente a las tropas cristianas aragonesas. Ese pago de parias también hacía que León considerara a esas taifas como su área de expansión natural, por lo que Zaragoza estaba dentro de sus planes de conquista a futuro.
Así fue como llegó el año 1085, momento en el que Alfonso VI de León consiguió conquistar la ciudad de Toledo. Pero sus planes no se quedaban ahí, sino que enseguida comenzó a preparar el asedio a la ciudad de Zaragoza, donde acababa de llegar al trono el rey al-Mustaín II. Al llegar el buen tiempo con la primavera del 1086, las tropas del rey leonés se pusieron en marcha y se encaminaron hacia el valle del Ebro, llegando hasta las puertas de una Zaragoza a la que pusieron bajo asedio. El destino de la ciudad casi parecía zanjado, y de haber sido conquistada por los leoneses, es posible que la historia medieval peninsular, y ya no digamos la del por entonces joven reino de Aragón, habrían sido totalmente diferentes.
Pero los avances de Alfonso VI en Toledo y al año siguiente el asedio sobre Saraqusta, hicieron que el resto de reyes de taifa andalusíes movieran ficha, viéndose cada vez más amenazados y que cualquiera podía ser el siguiente en caer ante los cristianos. Por ello, pidieron ayuda al otro lado del Estrecho de Gibraltar, reclamando la intervención del Imperio almorávide. Su emir, Yússuf ben Tasufín, no se lo pensó demasiado, y el 30 de julio del año 1086 desembarcó con sus tropas en el sur peninsular. Ante semejante noticia, Alfonso VI ordenó levantar de inmediato el asedio sobre una Zaragoza que respiraba aliviada, marchando con sus huestes hacia el sur, para salir duramente derrotado por los musulmanes en la Batalla de Sagrajas (Badajoz), el 23 de octubre del año 1086.
El intento leonés de conquistar Zaragoza aquella primavera lo había cambiado todo, y de hecho el hasta entonces pujante reino de León tuvo que pasar durante años a la defensiva. Mientras tanto, los almorávides se dedicaron a destronar a casi todos los reyes de taifa (salvo a los de Zaragoza y Albarracín en un primer momento), incorporando sus reinos al gran Imperio norteafricano. Tan solo un monarca lograría hacer frente con gran éxito a los almorávides en el siguiente medio siglo, y ese no fue otro que Alfonso I el Batallador, quien conquistó todo el valle medio del Ebro, y logró victorias decisivas como la que obtuvo en la Batalla de Cutanda del año 1120.
Suscríbete para seguir leyendo
- Zaragoza tendrá que destinar 4,5 millones de euros a reparar la cubierta que oculta uno de los ríos de la ciudad
- Confirmado por el Estatuto de los Trabajadores: si te pones malo durante las vacaciones tienes derecho a recuperar los días
- Pedradas, obras perdidas y una barrera de autopista rota: así fue el regreso del tesoro de Sijena a Aragón hace ocho años
- El Real Zaragoza sueña con Karrikaburu si da salidas en ataque
- Así será la nueva sede de la televisión y radio autonómicas de Aragón en el recinto Expo de Zaragoza: Lamela entrega un diseño icónico para un desembarco en 2028
- Las claves de la ampliación de capital en el Real Zaragoza: 4,029 millones y un 8,22% de más peso en el club para Juan Forcén
- La multinacional de Florentino Pérez descartó dos ubicaciones para su centro de datos en Aragón: las razones por las que eligió La Puebla de Alfindén
- Esnáider recuerda su paso por el Real Zaragoza: 'Odio a Nayim; metí un gol que no recuerda nadie
