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Los 'primeros zaragozanos' de la historia

En un bronce romano del año 89 a.C. se conservan los nombres de los zaragozanos más antiguos

El Bronce de Ascoli

El Bronce de Ascoli / SERVICIO ESPECIAL

Sergio Martínez Gil

Sergio Martínez Gil

En los inicios de la historia de la Antigua Roma, y según nos cuenta su propia tradición (habría que ver hasta qué punto era cierto o no), durante los primeros siglos de la Roma más arcaica las leyes que existían no estaban puestas por escrito, y se transmitían oralmente de generación en generación por parte de los patricios. Es decir, que si era así, los más ricos eran los que controlaban el conocimiento de las leyes y, por lo tanto, su aplicación práctica según sus propios intereses frente a la plebe. El que las leyes fueran algo público fue una de las reclamaciones más importantes por parte de los plebeyos, algo que se logró según ese relato entre los años 450 y 449 a.C.

En esos años se puso en el poder de la todavía joven república romana a diez magistrados extraordinarios llamados decenviros, y que tenían la misión de establecer el primer compendio legal público de la historia romana. Algunos de esos decenviros, como Apio Claudio, trataron de perpetuarse en el poder, y por ello estos magistrados extraordinarios fueron derrocados tras unas revueltas regresando de nuevo al sistema de la elección de los magistrados ordinarios que se elegían cada año. Con todo, lo más importante es que se habían puesto por escrito las primeras leyes de Roma, conocidas como las Leyes de las XII Tablas. Y no solo estaban puestas por escrito sobre la piedra, sino que fueron expuestas públicamente en el foro de la ciudad, para que todos tuvieran ocasión de leerlas y conocerlas.

Fuera así o no como ocurrió, no se duda de la historicidad de estas primeras leyes, pues autores muy posteriores no solo las mencionan, sino que incluso citan algunos extractos mostrando un latín arcaico y que da una pista de que eran unas leyes reales. La otra parte importante de todo esto es que los romanos tomaron la costumbre de cada ley aprobada, concesión, e incluso sentencia en los tribunales, fueran inscritas en piedra o en bronce y expuestas en los foros de las ciudades para que todo el mundo las pudiera conocer. Y eso es lo que nos lleva precisamente a un bronce en el que aparecen los primeros “zaragozanos” de la historia de los que tenemos constancia de su nombre. Y no solo zaragozanos. También ejeanos, ilerdenses, alfareños, etc.

Primero nos vamos hasta el año 91 a.C., un momento importante para una República romana que estaba sumida en numerosos problemas internos que desembocarían en guerras civiles y en el advenimiento de los emperadores. En ese momento, y desde hacía ya bastante tiempo, los pueblos itálicos sometidos a Roma reclamaban que Roma les concediera la ciudadanía romana junto a todos los privilegios y derechos que eso conllevaba. Al fin y al cabo, los itálicos luchaban y morían en las guerras de Roma por el Mediterráneo a cambio de más bien poco. Sin embargo, no eran pocos los romanos que se negaban a conceder dicha ciudadanía estimando que, si eran muchos ciudadanos, esta categoría perdería gran parte de su valor, por no mencionar que no se podía permitir que un itálico pudiera llegar a influir en la política de la misma Roma.

Al final, todo derivó en el estallido de la llamada Guerra de los Aliados o Guerra Social (91-88 a.C.), en la que parte de esos pueblos itálicos se rebelaron contra la poderosa Roma y la llegaron a poner contra las cuerdas. Por ello tuvieron que sacar tropas de donde pudieron para luchar en Italia, y uno de esos lugares fue en Hispania. En Salduie, ciudad de los íberos sedetanos y precedente de la actual Zaragoza, se estableció un centro de reclutamiento. Seguramente por su situación geográfica y por estar a orillas del Ebro, que en aquella época era navegable durante buena parte del año y estaba bien comunicada. Allí fue reclutada la llamada “turma salluitana”, una tropa de caballería que fue llevada a tierras italianas para luchar en favor de los romanos contra los itálicos rebeldes. Así, en el año 89 a.C., con la guerra dando sus últimos coletazos, a los supervivientes se les concedió varias recompensas como la ciudadanía romana, siendo puesto todo ello en el Bronce de Ascoli. Unas recompensas que concedió a aquellos jinetes el comandante romano Cneo Pompeyo Estrabón, padre del famoso Pompeyo Magno que se acabaría enfrentando décadas más tarde a Cayo Julio César. Incluso también se menciona a un joven legado llamado Lucio Sergio Catilina, famoso por enfrentarse más tarde contra Cicerón.

En ese bronce aparecen los primeros cuatro zaragozanos de los que se sabe su nombre: Sanibelser Adingibas, Ilurtibas Bilustibas, Estopeles Ordennas y Torsinno Austinco. Pero también se menciona a unos cuantos “ejeanos” provenientes de Segia, como Sosinadem Sosinasae, Gustarno Biurno o Elandus Enneges; y a un par de cariñenenses procedentes de Succosa (Cariñena), llamados Belennes Albennes y Atullo Tautindals.

El Bronce de Ascoli es importantísimo por los personajes históricos que aparecen, pero también para entender un poco mejor cómo funcionaba la “maquinaria legal” romana, su sistema de premios para con sus tropas de auxiliares extranjeros, y poder analizar los nombres de algunas poblaciones como la propia Salduie, conociendo así mejor su propia evolución histórica.

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