Mudayán, una historia sobre el esplendor de la taifa de Zaragoza y la influencia mudéjar

Fachada principal de la Aljafería. / Sergio Martínez Gil
La Historia como disciplina de investigación y divulgación sigue más viva que nunca, generando un cada vez mayor interés entre un público que demanda cada vez más información a través de nuevos productos, especialmente de alta divulgación, y con distintos formatos. Documentales, podcasts, libros y ensayos son muy demandados, y eso debe congratularnos como sociedad porque fomentan una mayor investigación.
Pero precisamente eso también genera algunos caballos de batalla con los que los historiadores tenemos que lidiar en nuestro día a día. Uno de los más importantes es esa idea todavía muy fijada en el subconsciente de parte de la sociedad de que la historia no puede cambiar, que ya sucedió, y que cualquier variación del relato tradicional es una mera invención, por mucho que la nueva visión expuesta esté sustentada por diversas fuentes.
Es cierto. La historia ya sucedió y no se puede cambiar. Pero como siempre digo, ni tan siquiera aquellos que vivieron un momento histórico concreto nos podrían decir hoy exactamente lo que ocurrió. Tan solo nos podrían dar su visión y punto de vista, que están muy influenciados por su posición social, intereses, personalidad, el contexto en el que vivían, etc. Todo esto puede parecer raro, pero se entiende perfectamente tan solo con ver cómo puede cambiar una misma noticia de la actualidad según el medio de comunicación que te la cuente.
Pues lo mismo ocurre con la historia. Lo único que podemos hacer es seguir investigando, hacer preguntas nuevas, y con ello ofrecer visiones que hasta ahora no se habían contemplado para así juntar todos los puntos de vista y tratar de tener una imagen lo más aproximada posible a la realidad de una figura o hecho histórico.
Todo es historia
Otro caballo de batalla de los historiadores es intentar hacer entender que todo es historia. No nos podemos quedar solo con lo que nos gusta (al menos los profesionales), ni tampoco se pueden seguir manteniendo relatos tradicionales que las investigaciones ponen en entredicho por mucho que contradigan el viejo relato al que estamos acostumbrados o que se amolda mejor a nuestro propio pensamiento. En España, y en ese contexto también en Aragón, sigue existiendo todavía hoy una concepción peculiar del pasado histórico, aunque es cierto que tampoco hay que pensar que somos una excepción, porque como se suele decir, en todas partes cuecen habas.
Cuando se habla de la historia de la península ibérica o de España, a veces casi da la sensación de que culturas y civilizaciones que pasaron por aquí, la mayoría de las veces con un importante grado de violencia, parece que en realidad solo pasaron a tomar café, a dejar sus bondades civilizadoras, para después marcharse como si nada. Ese es el caso de los romanos, a los que por lo general no se suele tachar de invasores. Lo mismo ocurre con los visigodos. Sin embargo, siempre se habla de la invasión y conquista islámica como si hubiera sido un elemento extraño que entró en la península ibérica y que hubo que eliminar y expulsar a través de la llamada Reconquista.
Una etapa de cuatro siglos
Por supuesto que fue un elemento foráneo, por llamarlo de alguna forma, pero no menos que los anteriormente mencionados. Con todo, nunca se renuncia (y con razón), a ese pasado e influencias romana o visigoda, por poner tan solo dos ejemplos, pero todavía se sigue viendo como algo que no forma parte de nuestra propia historia la etapa de dominio islámico. Una etapa que en Aragón duró alrededor de cuatro siglos, con todo lo que ello supone.
La pregunta que lanzo es, ¿por qué se sigue viendo como algo que no forma parte de nuestro pasado a pesar de la enorme influencia que tuvo y sigue teniendo, al igual que en los casos de otras culturas que han pasado por aquí? Afortunadamente, y como decía en las primeras líneas de este artículo, existen no pocos proyectos que buscan resquebrajar esa visión caduca a base de trabajo, mezclando el saber de diferentes expertos en cada materia, y tratando de abrir nuevas visiones. Uno de esos proyectos es un documental que verá la luz en este próximo año 2026 y que se titula “Mudayán”.
Una obra que tratará de poner su granito de arena para saldar esa “deuda pendiente” con una parte importante de nuestra historia, como fue esa época de dominio islámico, o la historia de la taifa de Zaragoza, además de la influencia posterior en muchos aspectos de los mudéjares. Es decir, de los musulmanes que siguieron viviendo en territorio cristiano. En el largometraje, diferentes especialistas muestran esa enorme influencia, especialmente en la cultura, la ciencia, la arquitectura, el arte, la filosofía, la poesía, el folclore e incluso en la gastronomía, con figuras tan importantes como el rey de Saraqusta al-Mutamán, que en sus ratos libres resolvía teoremas de geometría, o el filósofo zaragozano Avempace.
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