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Constanza de Aragón, reina y emperatriz
Una princesa aragonesa que llegó a ser reina de Hungría y Sicilia, y emperatriz del Sacro Imperio

Corona de Constanza de Aragón como reina de Sicilia. Fuente, wikipedia

El matrimonio que negoció el rey Ramiro II el Monje de su única hija y heredera, la futura reina Petronila, con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, no solo ayudó a asegurar la continuidad del “linaje y de la sangre”, tal y como llegó a decir el propio monarca aragonés. Era una forma de disculparse consigo mismo y ante la posteridad por haberse casado y caído en el pecado carnal, teniendo en cuenta que hablamos de una persona tremendamente devota, algo inusual en las altas esferas de la jerarquía eclesiástica del momento dado que estas figuras solían venir de casas reales o nobiliares. Hijos segundones que a priori no iban a heredar y a los que no les quedaba otra que seguir la carrera eclesiástica para gobernar la Iglesia.
Ese matrimonio dio además origen a una nueva dinastía fruto de la unión de la casa real aragonesa y a la condal catalana, que con el tiempo se acabaría conociendo como el “casal” o casa de Aragón. Ambas partes salieron tremendamente reforzadas, y por supuesto también se fortaleció el prestigio que tenía en Europa y el Mediterráneo. Esto se ve perfectamente en que había casas reales e incluso imperiales europeas que veían con buenos ojos el emparentar por matrimonio con los soberanos de Aragón y Barcelona, y uno de los mejores ejemplos es el de Constanza de Aragón.
Esta fue una más de los nueve hijos que llegaron a tener Alfonso II el Casto (hijo de Petronila y Ramón Berenguer), y su esposa Sancha de Castilla. Una reina también muy importante y que además fue la fundadora del convento femenino de Villanueva de Sijena. Como siempre, el papel que tenía siendo una princesa de una casa real era el servir para atar tratos diplomáticos y alianzas que mejoraran la posición y el prestigio de su familia a través del matrimonio. Y desde luego Constanza cumplió con creces con ese papel al que estaba destinada.
Ya muerto su padre Alfonso y sucedido este en el trono por Pedro II el Católico, este utilizó a su hermana Constanza como una pieza más dentro de su ambiciosa política europea, encaminada a tener los aliados suficientes con los que terminar de apuntalar el dominio de la casa de Aragón sobre la región de Occitania. Y para ello era necesario llevarse bien con Roma e incluso con los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico.
De esa forma llegó en el año 1198 el primero de los dos matrimonios que tuvo esta princesa aragonesa. Cuando contaba con 19 años se marchó muy lejos de su casa, hasta orillas del Danubio, para desposarse con el rey Emerico I y convertirse en reina consorte de Hungría. Un reino muy prestigioso en aquella época, y con un papa Inocencio III que lo tenía en alta estima para intentar involucrarlo en una nueva cruzada para recuperar Jerusalén.
Por ello, Pedro II de Aragón vio con buenos ojos un acercamiento con la monarquía magiar. Constanza y Emerico tuvieron un hijo al que unos pocos años más tarde, y viendo el rey que su salud empeoraba, trató de asegurarle el trono abdicando en él y estableciendo una regencia apuntalada en su hermano Andrés. Sin embargo, en cuanto Emerico murió, Andrés encerró a su sobrino, el rey Ladislao III, y también a la propia Constanza. Esta logró huir junto a su hijo a Viena, pero el joven Ladislao falleció a los pocos meses.
Viuda, y perseguida por su cuñado, Constanza regresó a tierras aragonesas para pasar unos años junto a su madre Sancha en el monasterio de Sijena hasta que una vez más, su hermano volvió a convertirla en una pieza clave de sus alianzas. Así llegó en 1209 su segundo matrimonio, el cual la llevó a convertirse en reina consorte de Sicilia. Su nuevo marido fue Federico II Hohenstaufen, un joven de apenas 15 años mientras que ella le doblaba la edad, algo poco habitual en matrimonios de ese calibre. De nuevo Constanza tendría un hijo al que llamaron Enrique, pero que una vez más no tendría mucha suerte, rebelándose muchos años después contra su padre, siendo encerrado por este y muriendo de lepra en un estado muy avanzado.
Pero volvamos a Constanza, pues años después de convertirse en reina consorte de Sicilia, su nuevo esposo, Federico II, fue elegido emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, convirtiéndose de esa manera en toda una emperatriz. Sin duda, el prestigio de la todavía recién creada casa de Aragón iba en aumento, y la vida de esta princesa aragonesa dio inicio a las relaciones de la Corona de Aragón con esa dinastía imperial de los Hohenstaufen, con la monarquía húngara (recordemos el posterior matrimonio de Jaime con Violante de Hungría), y por supuesto con una Sicilia que se acabaría también dominando.
Constanza falleció en el año 1222 en Sicilia, siendo enterrada en la catedral de Palermo en un precioso sarcófago de época romana reutilizado, y donde también se puede ver una de las mayores joyas de la orfebrería normanda. La espectacular corona de Constanza de Aragón como reina de Sicilia. Una pieza maravillosa que nos transporta a otra época y que es de obligada visita en caso de pasar por tierras sicilianas.
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