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Hemingway en Zaragoza

El escritor estadounidense visitó Zaragoza en el año 1956.

Hemingway hacia el año 1953

Hemingway hacia el año 1953 / Historia de Aragón

Sergio Martínez Gil

Sergio Martínez Gil

No es un secreto que la ciudad de Zaragoza cuenta con no pocos atractivos, incluida su situación geográfica, justo en el valle medio del Ebro, y en un nudo de comunicaciones fundamental con algunos de los principales focos poblaciones y económicos de España como Barcelona, Madrid, Valencia y Bilbao. Es una de las características que siempre se destacan y que más se valoran de la capital aragonesa, algo que no es casualidad, pues la fundación de la Zaragoza romana, Caesaraugusta, sobre la población íbera de Salduie, formó parte de la reordenación administrativa de las provincias hispanas que desarrolló el emperador César Augusto. De hecho, antes de esa reordenación, que supuso la creación de la Hispania Tarraconense como provincia partiendo de la preexistente Hispania citerior, la ciudad que parecía que tenía el destino de convertirse en el gran centro urbano del valle medio del Ebro estaba unos cuantos kilómetros río Ebro abajo. Esta era la Colonia Victrix Iulia Lepida Celsa, situada en el término municipal de la actual Velilla de Ebro. Una ciudad que tras la fundación de Caesaraugusta pasó a un segundo plano y que terminó siendo abandonada a mediados del siglo I d.C.

El resumen de todo ello nos lleva a que no es casual esa situación estratégica de la actual Zaragoza y que esta fue conscientemente analizada desde hace ya más de dos milenios. Una situación que ha hecho que la capital aragonesa haya sido y siga siendo un centro urbano importante, pero también zona de paso para acontecimientos históricos, culturas, guerras, productos y personas.

Y si hablamos de personas, no han sido pocos los famosos a nivel mundial que por unas u otras razones han paseado por las calles de la ciudad. Si hace poco escribí sobre el alto en el camino que hizo Walt Disney en la ciudad después de visitar en Cadaqués a Salvador Dalí, hoy le toca el turno a otra de esas figuras mundialmente famosas: Ernest Hemingway. Nacido en el año 1899 en Oak Park, en el Estado de Illinois, el famoso escritor estadounidense estuvo muy ligado a España, pero especialmente a la ciudad de Pamplona. Antes de eso, llegó por primera vez a Europa cuando Estados Unidos declaró la guerra a los Imperios centrales y entró de lleno en la Primera Guerra Mundial. Rechazado para ingresar en el ejército por su mala visión, Hemingway se presentó como voluntario para trabajar en la guerra como conductor de ambulancias para la Cruz Roja, siendo destinado a Italia, donde además fue malherido, aunque acabó recuperándose.

Tras la guerra regresó a Estados Unidos, aunque no mucho más tarde decidió volver a Europa para vivir una temporada en París, donde coincidió con otras figuras de la cultura del momento, como por ejemplo Pablo Picasso y Joan Miró. El escritor estadounidense visitó España por primera vez en 1923, quedando desde entonces prendado por la ciudad de Pamplona y los sanfermines, siendo de hecho el principal valedor de la proyección mundial que han terminado teniendo las fiestas de la capital navarra. Desde entonces comenzó una intensa relación con un país por el que sintió una profunda atracción, regresando en años posteriores, y ya más tarde como corresponsal durante la Guerra Civil Española. El impacto que le produjo la cultura española del momento se ve plasmada en algunas de sus famosas obras literarias, como “Por quién doblas las campanas”, “El verano peligroso” o “La quinta columna”. Como corresponsal de prensa, estuvo presente en batallas como las de Belchite, Teruel y la del Ebro, siendo testigo de la tremenda violencia de los combates.

Hemingway, apasionado como quedó por el mundo de los toros, regresó años más tarde a España atraído por la “fiesta taurina”, y eso es lo que nos lleva precisamente al mes de octubre del año 1956. Por entonces era ya alguien mundialmente famoso, habiendo ganado incluso premios tan prestigiosos como el Pulitzer y el Nobel de literatura. ¿Y qué le trajo hasta la capital aragonesa? Una vez más su gusto por la tauromaquia, pues estando alojado en el Gran Hotel de la ciudad, el mismo donde pernoctó justo un año después el ya mencionado Walt Disney, se dejó ver en la plaza de toros de La Misericordia, atraído por la feria del Pilar que se estaba celebrando justo esos días en el marco de las fiestas zaragozanas. Un joven y por entonces futuro cineasta José Luis Borau pudo entrevistar al escritor, quien como recuerda Antón Castro, llegó a decir que “desde Calatayud a Zaragoza mi mujer y yo creíamos viajar de nuevo por el Estado de Wyoming. La misma tierra roja, las mismas erosiones, los mismos árboles frutales. No había visto nunca una cosa igual”.

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