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¿Cuál es el origen de San Valentín y las lupercales?

Hoy en día, y aunque no nos demos cuenta y pasen desapercibido, siguen perviviendo en nuestro día a día multitud de tradiciones que provienen de la Antigüedad

Fiestas lupercales, por Andrea Camassei, 1635.

Fiestas lupercales, por Andrea Camassei, 1635. / Museo del Prado

Sergio Martínez Gil

Sergio Martínez Gil

Siempre se dice que por la península ibérica han pasado a lo largo de los siglos y milenios multitud de culturas diferentes y que, en mayor o menor medida, todas han dejado su impronta. Y es totalmente cierto, lo que provoca que en España tengamos una cultura tan rica y variada en todos los sentidos. Pero sin duda, una de las culturas que más impacto han tenido en nuestra forma de vivir, de pensar, de comer, y también en las creencias y costumbres del día a día, ha sido la romana. Hoy en día, y aunque no nos demos cuenta y pasen desapercibido, siguen perviviendo en nuestro día a día multitud de tradiciones que provienen de la Antigüedad. O incluso se pensó, aunque de forma errónea, que venían de la Antigua Roma.

Este fin de semana llega el tradicional día de San Valentín, la fecha seleccionada para aquellas parejas que desean celebrar su amor, y que en la actualidad es la excusa perfecta de comercios y restaurantes para reavivar un poquito el consumo. ¿Y qué tiene que ver esto con la Antigua Roma? Pues mucho y a la vez poco. Para explicarlo, voy a empezar por el final. Este domingo será 15 de febrero, y resulta que en la ciudad eterna se celebraba cada año una de sus festividades más arcaicas y extrañas de las muchas que tenían los romanos en su calendario de fastos: las fiestas lupercales. Esta era una fiesta que iba acompañada de todo un ceremonial y un ritual que es bastante probable que fuera más antigua que la misma ciudad, y de hecho se siguió celebrando hasta unos cuantos años más tarde de que el Imperio romano de Occidente colapsara.

Esto nos muestra que su pervivencia fue enorme, por mucho que se fuera transformando a lo largo de los siglos, y que era muy importante para los habitantes de la vieja Roma. Cada año, varios jóvenes de entre las mejores familias eran seleccionados para formar parte de los dos grupos de lupercos, que al despuntar al alba se reunían en la gruta lupercal. La cueva en la que, según la ancestral tradición romana, la loba Luperca había cuidado a Rómulo y Remo después de haberlos encontrado abandonados en una cesta varada en las orillas del río Tíber. En esa cueva iniciaban una serie de ritos, probablemente provenientes de aquella Roma más arcaica, formada por pequeñas aldeas situadas en lo alto de las famosas siete colinas, siendo una reminiscencia de una sociedad todavía pastoril, basada en la economía agrícola y ganadera.

Un ritual con animales sacrificados

De hecho, en el ritual sacrificaban unas cabras y unos perros, animales muy extraños dentro de la religión romana para dedicarlos al sacrificio. Después comenzaban un banquete y también fabricaban con las pieles de las cabras una especie de látigos llamados “februa”. Unos elementos que acabaron por dar su nombre al mismo mes de febrero. Al terminar los rituales más privados los lupercos abandonaban la gruta y comenzaban a recorrer el centro de Roma en un acto para purificar la ciudad. Primero rodeaban la colina Palatina, el monte donde la tradición decía que Rómulo había fundado la ciudad, para después recorrer el centro por la vía Sacra hasta llegar al foro.

Durante ese recorrido, era tradicional que las mujeres embarazadas, y sobre todo aquellas jóvenes que habían tenido su primera menstruación entre ese día y las lupercales del año anterior, acudieran al recorrido para recibir un azote por parte de los lupercos con sus “februa”, logrando así ser purificadas y sobre todo llamando así a la fertilidad en sus futuros matrimonios. Cuando el papa Gelasio prohibió esta festividad a finales del siglo V d.C., hay investigadores que proponen que aquella fiesta tan popular se intentó cristianizar, convirtiéndola en una celebración dedicada a la purificación de la Virgen María, aunque luego se trasladó con el paso del tiempo del 15 de febrero al día 2.

Pero sobre todo, durante bastante tiempo se ha querido asociar la transformación de las lupercales en la celebración del día de San Valentín dado que una se realizaba el día 14 y la otra el 15. Sin embargo, lo que sí que se puede asegurar es que ambas festividades no tenían nada que ver la una con la otra. De hecho, es difícil rastrear históricamente la celebración de San Valentín hasta mucho más tarde, ya en el siglo XIV, por no mencionar que hubo al menos en el santoral cristiano hasta dos santos llamados Valentín, que nos cuentan la historia de un sacerdote que se atrevía a casar por el rito cristiano a legionarios romanos en una época en la que estos tenían prohibido el casarse, hasta el punto de que la tradición nos cuenta que Valentín fue castigado con la muerte.

Como vemos, y como suele ocurrir en muchas ocasiones, la respuesta a de dónde vienen muchas de las tradiciones o nombres como el del mes de febrero que todavía perviven hoy en día, la encontramos en la Historia.

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