Benito Pérez Galdós y su amor por Zaragoza
El escritor canario tuvo una estrecha relación con la capital aragonesa

Benito Pérez Galdós / Servicio Especial
Benito Pérez Galdós, nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 10 de mayo de 1843, fue uno de los periodistas y sobre todo escritores más afamados de la historia contemporánea española gracias a sus numerosas obras. Especialmente por su colección de “Episodios nacionales”, formada por 46 novelas que fueron publicadas entre los años 1872 y 1912 y que están ambientadas durante gran parte del siglo XIX, arrancando con la primera dedicada a la Batalla de Trafalgar de 1805.
A lo largo de su vida, Galdós, uno de los autores más prolíficos y respetados, y que incluso llegó a ser propuesto como candidato para el Premio Nobel de Literatura, tuvo una estrecha relación con Zaragoza y en general con Aragón, realizando numerosas visitas a lo largo de los años, y lanzando constantes proclamas de su amor por esta tierra.
Su primera vez
Su primera visita la hizo en octubre del año 1868 como joven periodista y corresponsal del diario madrileño “La Nación”, acompañando al triunfal séquito del general Serrano y el almirante Topete. Unas semanas antes, y mientras en la capital zaragozana se acababa de inaugurar la Exposición aragonesa de 1868 que tuvo como epicentro la Glorieta de Pignatelli (actual plaza de Aragón), estallaba en Cádiz la Revolución Gloriosa que en muy poco tiempo logró derrocar a la reina Isabel II de España y su régimen. Militares como los generales Prim y Serrano o el almirante Topete, quien había encabezado el pronunciamiento militar, iniciaron un recorrido por gran parte del país para recibir adhesiones a la causa.
Fueron precisamente Serrano y Topete los que llegaron ya en octubre a una Zaragoza que se había sumado a la revolución, y junto a ellos, cubriendo aquellos acontecimientos históricos, se encontraba un Galdós que se enamoró de la capital aragonesa. Esos días escuchó proclamas, vivió la algarabía de una ciudad que todavía conservaba parte de las huellas de los asedios napoleónicos sufridos poco más de medio siglo antes, y acudiría a un Teatro Principal con el que también estuvo ligado a lo largo de su vida.
Probablemente fue esta primera visita en la que empezó a gestarse en su mente la idea de dedicar una de sus todavía futuras novelas a esos Sitios de Zaragoza, y que nos ha dejado una de las citas más célebres de la literatura asociadas a la ciudad: “[…] y entre los muertos siempre habrá una lengua viva para decir que Zaragoza, no se rinde”.
Dibujos de distintos puntos de la ciudad
No se nos debe escapar que además de ser un gran escritor, Galdós fue también un buen dibujante, y realizó en sus visitas a la ciudad a lo largo de su vida dibujos del Seminario de San Carlos, de la catedral del Pilar, del Puente de Piedra y de la icónica Puerta del Carmen. También se fijó en uno de monumentos que más llamaba la atención por entonces, como era la Torre Nueva y su inclinación.
A partir de esa primera visita, su presencia en Aragón fue habitual, sobre todo tras la publicación de su novela “Zaragoza” en 1874, y trayendo también obras de teatro que escribió como “Los condenados”, ambientada además en el valle de Ansó. Cuando llegaba a la ciudad, era asiduo de la taberna La Reja, donde se juntaba con el Royo del Rabal, un cantante de jotas que hacía las delicias del escritor canario, el torero Lagartijo, el industrial Basilio Paraíso, o también el periodista aragonés Mariano de Cavia, a quien le unió unos estrechos lazos de amistad.
Incluso, Galdós llegó a decir “¡Viva Cavia y viva Aragón, pueblo de colosos e hidalgos!”. Sin duda nunca escondió el especial afecto que le tenía a la ciudad, escribiendo que “Me llama mucho Zaragoza, ciudad que tiene el primer lugar en mis afectos. Por ella y por todo Aragón tengo verdadera idolatría”.
Ya en los primeros años del siglo XX, siendo una figura más que consagrada, se iba acercando el año 1908, en el que se cumpliría el primer centenario de los Sitios napoleónicos. La ciudad comenzó a prepararse para conmemorar este evento con una nueva gran exposición, esta vez de carácter internacional y que cristalizó con la organización de la Exposición hispano-francesa con la Plaza de los Sitios como epicentro.
Galdós también quiso poner su granito de arena, y comenzó a adaptar su novela “Zaragoza” en una gran ópera, con música de Arturo Lapuerta, y que se estrenó en el Teatro Principal el 5 de junio de 1908 con la presencia del propio Galdós acompañado de un por entonces joven José Ortega y Gasset. Tal era la veneración que los zaragozanos tenían por el escritor que la multitud se congregó ante el Hotel Europa en el que se hospedaba y le pidió que saliera al balcón, siendo aclamado por todos los allí presentes. Él salió y dio las gracias a los presentes con un celebrado discurso, en el que dijo que sentía hallarse en “el país de la verdad”.
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