Cuando Fernando El Católico hizo de sirviente
En octubre del año 1469 Fernando tuvo que pasar disfrazado la frontera entre Aragón y Castilla

Los Reyes Católicos

Cuando se trata la historia de Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, o para resumir, la de los Reyes Católicos, la cronística posterior explicando sus reinados y sobre todo la visión que se les ha dado posteriormente ha llegado a mostrar este enlace matrimonial como algo forjado directamente por la providencia. Sin duda, su alianza matrimonial conllevó una de esas bodas que cambian la historia para siempre, y no solo la de sus respectivos dominios, sino la de Europa e incluso el mundo en general. Pero lo que no cuentan esas crónicas e incluso visiones historiográficas hace ya mucho trasnochadas gracias a una investigación mucho más rigurosa y carente de tintes chovinistas, es que aquella boda y sus consecuencias fueron fruto de no pocas casualidades, y que incluso estuvo bastante alejada del glamour que alguien se imaginaría de un evento histórico como este.
En primer lugar, la realidad es que cuando el rey Juan II de Aragón empezó a buscarle novia a su joven hijo Fernando, Isabel de Castilla no fue ni mucho menos su primera opción. Fernando era a aquellas alturas su único hijo varón y heredero, y desde que prácticamente nació en Sos en marzo de 1452 lo convirtió en el puntal de sus estrategias dinásticas. Y hay que tener en cuenta el difícil reinado que tuvo cuando Juan sucedió en 1458 a su hermano mayor, Alfonso V el Magnánimo. Sus políticas y su carácter llevaron al estallido de una durísima y larga guerra civil en Cataluña que se alargó durante una década entera, y en la que participó también Francia, primero en apoyo de la causa de Juan de Aragón, para después traicionarle y dar apoyo a los rebeldes a la monarquía.
Fue de hecho ese cambio de chaqueta por parte del rey Luis XI de Francia en mitad de la guerra lo que empujó a Juan II a buscar nuevas alianzas contra tan poderoso enemigo. Una de ellas fue la de Carlos el Temerario, duque de Borgoña, para que este abriera un nuevo frente a los franceses y aliviar la complicada situación en tierras catalanas. La segunda alianza que buscó el rey de Aragón fue en Castilla, o al menos el buscar un pacto que llevara al reino vecino a la neutralidad y que no interviniera al igual que Francia en la Corona de Aragón. Cosa no descabellada, ya que Juan II, como castellano de nacimiento que era, se había pasado media vida interviniendo en los asuntos internos de Castilla.
Eso sí, en su reino natal, donde reinaba Enrique IV, las cosas no estaban precisamente tranquilas, y la debilidad de la monarquía como institución había provocado disputas sobre quién debía ser el sucesor del monarca. Su hija Juana o su medio hermano, el infante Alfonso. La nobleza, deseosa de controlar a quien fuera el heredero o heredera y hacerse así con el poder en la corte, se dividió en dos bandos, y ahí es donde entran los tejemanejes diplomáticos de Juan II de Aragón.
El mayor apoyo que tenía en ese momento el infante Alfonso para convertirse en príncipe de Asturias era el intrigante marqués de Villena, Juan Pacheco, y por eso, el rey de Aragón ofreció a este el casar a su hijo y heredero Fernando con una hija del marqués. Pero en mitad de estas negociaciones, el infante Alfonso falleció (probablemente envenenado), y su hermana Isabel pasó a un primer plano. En ese momento el rey Juan dio la orden de cambiar radicalmente el objetivo, viendo claramente que debía casar a Fernando con la infanta castellana, que pasó de estar en un plano secundario a ser nueva candidata a princesa de Asturias.
Al final, ambas partes alcanzaron un pacto con unas capitulaciones matrimoniales firmadas en la localidad leridana de Cervera, y desde ese momento Fernando, que apenas tenía 17 años pero que ya contaba con una intensa trayectoria vital, inició los preparativos para marcharse a Castilla para celebrar su boda con Isabel. Eso sí. No eran pocos los que querían evitar esa boda a toda costa, y esto obligó a Fernando a actuar con mucho sigilo. Después de haber logrado que le dieran una importante suma económica en los reinos de Aragón y Valencia para enviársela a Isabel como parte de lo acordado en las capitulaciones, Fernando abandonó Zaragoza camino de Calatayud con la excusa de solucionar varios asuntos en la ciudad. Allí esperó el momento propicio, saliendo hacia la frontera el 4 de octubre de 1469, seguramente siguiendo el valle del río Ribota para más tarde cruzar hacia la cuenca del Manubles hasta llegar a la localidad de Berdejo.
La estrategia era seguir rutas menos transitadas para así despistar a aquellos castellanos que querían evitar que Fernando llegara hasta Valladolid, donde esperaba Isabel. Para pasar desapercibido, Fernando no fue acompañado por un séquito digno del rey de Sicilia que ya era y príncipe de Aragón, sino todo lo contrario. Al salir de Calatayud le acompañaban su mayordomo Ramón de Espés, el hermano de este, Gaspar de Espés, Pero Núñez Cabeza de Vaca, y su copero Guillén Sánchez. En Berdejo se les unió Gutierre de Cárdenas, conformando un escaso grupo de seis personas contando a un Fernando que, para reforzar el engaño, se hizo pasar por ser el sirviente de sus acompañantes. De esta guisa Fernando cruzó la frontera llegando hasta tierras sorianas por Gomara, y desde allí llegaron hasta el Burgo de Osma donde le esperaba el conde de Treviño con tropas para escoltarle de forma segura hasta un Valladolid donde el 19 de octubre se celebró una de las bodas más sonadas de la historia.
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