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Aragón y los magnicidios

A lo largo de los siglos, en Aragón se han producido magnicidios que han cambiado el rumbo de la historia

Funeral del cardenal Soldevilla.

Funeral del cardenal Soldevilla. / Gobierno de Aragón

Sergio Martínez Gil

Sergio Martínez Gil

A veces, el poder e influencia que han llegado a tener ciertas figuras a lo largo del tiempo, han provocado que estas hayan sido el objetivo por diferentes circunstancias de conjuras para intentar acabar con sus vidas, llegando incluso a lograrlo en varias ocasiones cambiando la historia y el curso de los acontecimientos. Y si no, que se lo digan al bosnio Gavrilo Princip, que probablemente no esperaba que cuando acabó con la vida el 28 de junio de 1914 del archiduque y heredero al trono del Imperio austro-húngaro, el príncipe Francisco Fernando de Habsburgo, lo que estaba haciendo era iniciar la mecha que acabaría con el estallido de la Primera Guerra Mundial y todo lo que vino después. Y por supuesto, en Aragón también se han producido a lo largo de los siglos varios magnicidios importantes.

Si nos vamos hasta el siglo XV, nos encontramos con el asesinato del arzobispo de Zaragoza, García Fernández de Heredia. Su muerte se produjo en un momento muy convulso de la historia aragonesa, pues el rey Martín el Humano había muerto en el año 1410 sin descendencia legítima y hubo hasta seis candidatos, emparentados de alguna manera con el difunto monarca, que aspiraban al trono del reino de Aragón.

Entre todos estos aspirantes destacan dos: Jaime II de Urgel y Fernando de Antequera o de Trastámara. Al final, fue Fernando el elegido como rey de Aragón en el Compromiso de Caspe de 1412. Esos dos años que transcurren entre la muerte de Martín el Humano y la celebración del Compromiso de Caspe fueron años conflictivos y de disputas entre los partidarios de unos y otros, hasta tal punto de que la amenaza del estallido de una guerra civil era muy real. El arzobispo García Fernández de Heredia era el que más se oponía a la candidatura de Jaime de Urgel, así que Antón de Luna, simpatizante de Jaime de Urgel, lo asesinó en 1411, provocando que el conde urgelino perdiera muchos apoyos de cara a la elección de Caspe.

¿Qué habría ocurrido de no haberse producido este asesinato?

Avanzando un poco más en el tiempo llegamos al año 1485, en el que fue asesinado el inquisidor Pedro de Arbués en la Seo de Zaragoza. Supuestamente ocho judeoconversos le acuchillaron cuando estaba rezando. El hecho fue magnificado por la monarquía de Fernando el Católico y la Iglesia, que lo beatificó y lo santificó. Incluso tiene una capilla dedicada en la Seo del Salvador. Fue precisamente su asesinato lo que se utilizó para demostrar lo peligrosos que podían ser lo conversos y justificar así la existencia de una inquisición que hasta entonces era muy impopular en el reino de Aragón porque estaba por encima de los fueros aragoneses y de derechos fundamentales como la prohibición de la tortura y la presunción de inocencia.

De hecho, las relaciones de la monarquía de los Austrias y los aragoneses siempre fueron tensas. El motivo es que estos reyes querían gobernar Aragón con poder absoluto como hacían en Castilla, y las leyes e instituciones aragonesas lo impedían. Por poner un ejemplo, los fueros decían que los cargos públicos del reino solo podían ser ejercidos por aragoneses. A pesar de esto, desde tiempos de los Reyes Católicos se nombran como virreyes de Aragón a un catalán y a varios castellanos, que en aquellos tiempos eran extranjeros en el reino aragonés, generando así muchísimo malestar entre las élites.

En ese clima de crispación, en el contexto de la Rebelión de Aragón, el 8 de junio de 1591 una turba se presentó a las puertas de la residencia del marqués de Almenara, virrey de Aragón. El mandatario castellano no quiso esconderse ni salir por la puerta de atrás, se encaró con la multitud y lo pagó con su vida. La rebelión acabó meses después con la ejecución del Justicia Juan de Lanuza el 20 de diciembre de 1591 y toda la represión posterior con decenas de ajusticiados por orden del rey Felipe II a través de la inquisición.

El siglo XX aragonés tampoco se quedó atrás en magnicidios. El primero que destacaría es el del obispo de Tarazona, arzobispo de Zaragoza y cardenal de la Iglesia Juan Soldevilla. Este combinaba posiciones políticas conservadoras con el apoyo a las clases bajas. Fue el fundador de la Caja de Ahorros de la Inmaculada, defendió la mejora de los regadíos, fue partidario de la construcción de viviendas sociales y un importante líder del sindicalismo católico. Sin embargo, los anarquistas, quienes tenían mucha fuerza en la ciudad, le veían como la competencia eclesiástica que engañaba a la clase trabajadora con caramelos, apuntalando así el orden establecido.

Eran esos los años del pistolerismo previos a la dictadura de Miguel Primo de Rivera, y el asesinato del sindicalista Salvador Seguí desencadenó como venganza una oleada de atentados anarquistas por toda España. Entre ellos estuvo el de Juan Soldevilla en el año 1923 mientras iba en su coche a su finca de Terminillo. Por último, en el año 1972, a finales de la dictadura franquista, fue asesinado el embajador y cónsul francés Roger de Tur a consecuencia de un atentado del Colectivo Hoz y Martillo que, en principio, no tenía intención de provocar daños a nadie, sino de dar un susto asaltando el consulado francés y rociándolo todo de pintura roja. Roger de Tur quedó impregnado de esa pintura que era muy inflamable, y cuando los perpetradores del asalto prendieron fuego al consulado, Roger quedó envuelto en llamas, provocando su muerte unos días más tarde.

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