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Un puente con mucha historia

Se cumplen 625 años del inicio de la construcción del Puente de Piedra de Zaragoza

Panorámica del Puente de Piedra de Zaragoza

Panorámica del Puente de Piedra de Zaragoza / WIKIPEDIA

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Sergio Martínez Gil

Sergio Martínez Gil

Vuelve estas semanas uno de los debates estrella e interminables de Zaragoza: ¿debe peatonalizarse el Puente de Piedra? Y lo hace justo cuando se cumplen 35 años de la última gran intervención que le da el aspecto que vemos hoy en día y que además sacó del puente más antiguo de la ciudad a los coches particulares. También se va a analizar por parte del Ayuntamiento el estado del mismo, dadas las grietas que se han estado localizando en algunas partes de la construcción en los últimos tiempos. Y como además en este 2026 se cumplen 625 años del inicio de la construcción de este emblemático puente, es la excusa perfecta para hablar un poco de su historia.

Todavía hoy en día hay personas que piensan erróneamente que es un puente de origen romano. Es cierto que, dada su posición, y sobre todo que llega hasta el Rabal, que de forma natural ya en la Antigüedad era el único punto algo más elevado de la margen izquierda del Ebro protegiéndolo de posibles avenidas del río, en ese mismo lugar existió un puente en época romana. De hecho, la actual calle don Jaime que llega hasta el mismo puente, era en gran medida y con pocos cambios en su trazado el cardo maximus, una de las dos calles principales de una ciudad romana, así que es fácil suponer que allí tenía que haber un puente con toda probabilidad.

Esta versión habría llegado hasta el siglo IX cuando quedó destruido, siendo reemplazado por otro levantado en tiempos del Emirato de Córdoba. Las fuentes nos dicen que esta otra versión del puente fue quemada por los musulmanes para dificultar el asedio sobre Saraqusta por parte de las tropas de Alfonso I el Batallador en el año 1118, algo que nos indica que probablemente estaba construido con pilastras de piedra pero que el tablero estaba hecho de madera.

Obviamente fue reconstruido tras la conquista cristiana, y seguramente fue sufragado por la misma monarquía aragonesa a la cual pertenecía, ya que era la que cobraba el pontazgo. Un impuesto que tenían que pagar aquellos que utilizaban el puente para cruzar el río, y sobre todo cuando se utilizaba para cruzar mercancías. Era una fuente de ingresos muy importante que iba a las arcas reales pero que también se utilizaba para realizar su mantenimiento. Ya en el siglo XIII, Jaime I el Conquistador decidió ceder la propiedad al concejo de Zaragoza, siendo a partir de entonces una fuente de ingresos fundamental para las arcas municipales. Y así es como llegamos a inicios del siglo XV, cuando en el año 1401, y reinando Martín el Humano en Aragón, se iniciaron las obras del actual Puente de Piedra. La dirección de las mismas se dio a Gil de Menestral, y no fue hasta el año 1440 cuando el puente quedó completo y fue inaugurado. Durante siglos fue, junto al desaparecido Puente de Tablas, la única forma de cruzar de un lado a otro del río a pie o en carromato, aunque también es cierto que muchos optaban por cruzar en barca.

En total tiene unos 225 metros de longitud con ocho arcadas, aunque una de ellas pasa totalmente desapercibida y la mayoría de los zaragozanos no saben ni que existe, pues quedó enterrada bajo el paseo Echegaray y Caballero cuando se amplió esta zona de la ribera del Ebro. Sus cerca de seis siglos de historia atesoran multitud de anécdotas curiosas. Por ejemplo, todavía hoy se ven una especie de plataformas en la zona baja del puente, que tal y como vemos en cuadros como el Juan Bautista Martínez del Mazo (Vista de Zaragoza, 1647, Museo delPrado), servían como base para edificaciones que en su mayoría eran molinos que utilizaban la fuerza del agua para funcionar y poder moler cereales con los que luego cocinar pan. Incluso estuvo también ahí una vivienda que pertenecía al concejo y que en algunos momentos del siglo XVI fue la casa del verdugo oficial de la capital aragonesa.

Por supuesto, en tantos siglos también tuvo momentos en los que peligró su existencia. Por ejemplo, en el cuadro anteriormente mencionado se ve un Puente de Piedra muy dañado y al que le faltan varias arcadas, que se habían derrumbado ante el empuje del río debido a una gran avenida en el año 1643. También la última arcada que da al Rabal fue destruida por las tropas napoleónicas cuando en 1813 huyeron precipitadamente de la ciudad tras más de cuatro años de ocupación, tratando así de ralentizar a las tropas españolas al mando de Espoz y Mina que las perseguían.

Y para acabar, quién no recuerda el suceso trágico más reciente que tiene que ver con el puente y que ocurrió el 19 de diciembre del año 1971. Ese domingo, hacia la una y cuarto de la madrugada, un autobús repleto de emigrantes que regresaban de Suiza para pasar en familia los días de Navidad en España se precipitó hacia el río provocando la muerte de 10 de sus 52 ocupantes, siendo cinco de ellos niños. Un accidente que conmocionó a la ciudad, y que todavía hoy se mantiene en el recuerdo.

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