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La muerte del rey Martín el Humano: un repentino adiós que cambió la historia de la Corona de Aragón

La muerte del rey Martín el Humano hace 616 años, marcada por una posible indigestión o un ataque de risa, desencadenó un periodo de incertidumbre en la Corona de Aragón

Martín el Humano, rey de Aragón de 1396 a 1410

Martín el Humano, rey de Aragón de 1396 a 1410 / EL PERIÓDICO

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Sergio Martínez Gil

Sergio Martínez Gil

Hoy se cumplen 616 años de la muerte del rey Martín de Aragón, y no fue una muerte cualquiera. No solo por las enormes consecuencias que tuvo y que cambiaron para siempre la historia del reino aragonés, de la Corona de los Aragón, y de Europa Occidental y el Mediterráneo, en general. Que no es poco. Las crónicas también nos hablan de cómo fue su muerte, y si les hiciéramos caso, estaríamos hablando quizás de una de las muertes más hilarantes y a la vez menos regias que podamos imaginar para un soberano.

Pero vayamos al inicio de la historia de alguien que, en principio, no estaba destinado a convertirse en rey, puesto que era un hijo segundón de Pedro IV el Ceremonioso y de la tercera de sus esposas, Leonor de Sicilia. Martín nació en Gerona el 29 de julio de 1356, y siempre le tocó estar a la sombra de su hermano mayor, el que acabaría siendo el rey Juan I el Cazador. Martín siempre fue fiel a su hermano, incluso cuando este se enfrentó abiertamente a su padre cuando el Ceremonioso se casó con una joven de la baja nobleza llamada Sibila de Fortiá y empezó a favorecer descaradamente a la familia de la nueva reina de Aragón. Esto provocó un enfrentamiento en el seno de la familia real entre el monarca y sus hijos que no estuvo demasiado lejos de llegar a provocar incluso una guerra civil.

Al final, Pedro IV falleció en 1387 tras un larguísimo reinado de más de medio siglo, llegando al trono un Juan I que no tuvo demasiada suerte. Contaba con una vasta cultura, pero no había heredado el interés de su padre por ejercer en persona las tareas de gobierno. Y a eso, cuando le añadimos que la Corona de Aragón estaba sumida como buena parte de Europa en una importante crisis económica y social, no auguraba nada bueno. Le tocaron malos tiempos para reinar, y a esto hay que añadirle el drama dinástico y familiar de ver cómo de los trece hijos e hijas que tuvo con sus dos matrimonios (Marta de Armagnac y Violante de Bar), tan solo dos llegaron a la vida adulta, y para más inri eran mujeres. Y ya conocemos los problemas que había con las tradiciones y fueros aragoneses que no permitían gobernar a una mujer, aunque sí poder ser reina en el caso de que no hubiera ningún varón disponible en la familia.

Y ese varón, cuando Juan falleció prematuramente en un accidente durante una cacería (de ahí su apelativo de “el Cazador”, y hay que tener mala baba), no fue otro que su hermano pequeño, Martín el Humano o el Viejo. Comenzaba así en 1396 un reinado que llegaría hasta su muerte en 1410. Al igual que su padre y su hermano, el rey Martín destacó por su excepcional formación y cultura, siendo amante de obras de los autores de la Antigüedad y contando con varias bibliotecas personales en varias lenguas como el castellano, aragonés, catalán, francés y latín, teniendo una de ellas en el palacio real de la Aljafería de Zaragoza con más de cuatrocientos volúmenes documentados. Que quizás no parezcan muchos siendo la biblioteca personal de un rey, pero en aquella época era un fondo bibliográfico más que considerable teniendo en cuenta que cada libro se escribía a mano, que se necesitaban meses e incluso años para prepararlos, y que cada ejemplar costaba una auténtica fortuna.

Tampoco Martín tuvo demasiada suerte con su descendencia, llegando tan solo un hijo varón a la vida adulta. Este se llamaba igual que su padre, y para no liarnos entre ambos se le conoce como Martín el Joven. Gracias al matrimonio de su hijo con María de Sicilia, la Corona de Aragón consiguió por fin su viejo sueño de hacerse con el control directo de esta importante y estratégica isla mediterránea. El príncipe apuntaba maneras, al menos como comandante militar, y era la gran esperanza de cara al futuro para la casa de Aragón. Sin embargo, en julio de 1409 falleció a causa de la malaria que contrajo en Cerdeña después de haber aplastado la enésima rebelión de los sardos.

La línea dinástica estalló por los aires, y ante la falta de un heredero legítimo el rey Martín hizo todo lo que pudo para lograr un nuevo heredero. Volvió a casarse, intentó que el Papa Luna legitimara a un nieto bastardo,… Pero no consiguió ese heredero, pues cuando la legitimación de su nieto Fadrique estaba pendiente de la firma final, el monarca falleció el 31 de mayo de 1410. Según nos cuentan las fuentes, y hay varias versiones, Martín el Humano falleció o bien a causa de una fuerte indigestión, o según la versión más curiosa, a causa de un ataque de risa fruto de un chiste que le acababa de contar su bufón mientras cenaba. Desde luego ninguna de esas muertes son especialmente regias, pero puestos a elegir, casi preferiría que el pobre Martín falleciera al menos entre sus propias risas. Así, a sus 54 años, se ponía fin a su reinado y daba comienzo a un periodo de incertidumbre ante la ausencia de heredero. Una etapa de dos años en la que siempre sobrevoló la amenaza de una guerra civil, pero que se logró solucionar de una forma pionera y excepcional a través de la diplomacia y el consenso con el Compromiso de Caspe de 1412.

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