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Aragoneses en la independencia de Estados Unidos

Un puñado de aragoneses fueron clave para que EE.UU. lograra su independencia

Firma de la declaración de independencia de EEUU, por John Trumbull.

Firma de la declaración de independencia de EEUU, por John Trumbull. / Servicio Especial

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Sergio Martínez Gil

Sergio Martínez Gil

Hoy, 4 de julio de 2026, se cumplen 250 años de la declaración de independencia de las trece colonias que Gran Bretaña había tenido hasta entonces en la costa Atlántica de América del Norte, dando así el pistoletazo de salida a la historia de los Estados Unidos de América. En realidad, el documento fue presentado dos días antes, aunque no fue hecho público hasta el 4 de julio de 1776; además de que ya se venían desarrollando enfrentamientos armados entre colonos rebeldes y los británicos desde hacía casi un año.

Pero desde ese momento nacía un nuevo Estado, ya con los inicios de la idea de nación que tenemos hoy en día, y que se salía de ese Antiguo Régimen y el absolutismo imperante en la época para crear algo diferente, basado en la igualdad de nacimiento entre todos los hombres. Siempre que fueras blanco, claro. Llegaba así al poder todo un ideario que se había ido construyendo a lo largo de décadas a la sombra de la ilustración, y que supondría también un claro precedente de lo que vendría con la Revolución francesa a partir de 1789.

Mientras tanto, lo cierto es que esas ideas revolucionarias eran en buena medida una excusa, pues lo que realmente hizo estallar la revolución estadounidense fue la constante subida de impuestos por parte de Gran Bretaña a los colonos norteamericanos, con la excusa de que unos años antes se había vencido y expulsado de la zona a Francia (Guerra de los Siete años, 1756- 1763), y el alto coste del conflicto tenía que pagarlo alguien. Una guerra en la que los británicos lograron la victoria frente a España y Francia, por lo que estas se tragaron el orgullo, pero se guardaron también el rencor con la vista puesta en un futuro resarcimiento. Y esa oportunidad de venganza llegó con la rebelión de los colonos americanos.

Prácticamente desde el principio España y Francia participaron de una manera u otra aportando ayuda a los colonos rebeldes. Y es aquí donde entran en escena un puñado de aragoneses que sin duda tuvieron una importancia clave en una guerra que no solo se libró en el continente americano, sino que dado su carácter internacional, también tuvo otros escenarios. Pero antes de entrar en materia, tengo que agradecer la gran ayuda y el trabajo investigador que desempeñan el doctor en Historia Daniel Aquillué y Luis Sorando Muzás, siempre dispuestos a echar un cable en estos menesteres y a rebuscar en el pasado algunas pequeñas grandes historias que nos ayudan a conocer mejor el pasado.

Como ya he comentado en otras ocasiones, la cara más conocida de esos aragoneses que pusieron su granito de arena en la independencia de los Estados Unidos fue Pedro Pablo Abarca de Bolea y Ximénez de Urrea, décimo conde de Aranda. Fue sin duda el aragonés más influyente de la segunda mitad del siglo XVIII, llegando a ser entre 1766 y 1773 presidente del Consejo de Castilla, algo parecido a lo que hoy sería un presidente del consejo de ministros o del gobierno.

Cuando llegó la revolución estadounidense, el conde de Aranda era embajador de España en París, y desde ese puesto realizó una labor fundamental a la hora de dar préstamos económicos a los colonos americanos, y sobre todo numeroso material bélico. Y es que sin esa ayuda, la revolución probablemente habría sido muy corta. Uniformes, cañones, pólvora, fusiles, tiendas de campaña y otros materiales fueron enviados a los rebeldes para armar a su incipiente ejército comandado por George Washington.

Pero el aragonés también fue clave a la hora de convencer al rey Carlos III de que no solo se debían ofrecer esas aportaciones, sino que había que declarar oficialmente la guerra a Gran Bretaña, cosa que ocurrió en 1779. Con esta guerra se aprovechó para intentar recuperar algunos dominios perdidos en anteriores guerras, abriendo además frentes secundarios que distrajeran a los británicos de América del Norte. De esa manera se logró reconquistar Menorca, y se puso también bajo asedio durante cuatro años a Gibraltar. En ese asedio participó el aragonés Antonio Amar y Borbón, además de estar presentes entre las fuerzas terrestres los Voluntarios de Aragón.

Ya en el escenario norteamericano, el también aragonés Ambrosio de Funes Villalpando, conde de Ricla (sobrino del conde de Aranda), organizó como secretario de guerra que era todo un plan para recuperar la Florida desde Luisiana. Algo fundamental, no solo para recuperar un territorio clave para el control del Caribe, sino que controlándolo se abría un segundo frente desde el sur a los británicos y se impedía que estos pudieran atacar desde esa zona a los colonos norteamericanos. Los planes del conde de Ricla fueron seguidos al pie de la letra por Bernardo de Gálvez, que al mando de un cuerpo expedicionario de unos 8.000 efectivos entre los que también estaba el Regimiento Aragón, logró vencer a los británicos en la Batalla de Pensacola y reconquistar así la Florida.

Como recuerdo de aquella gesta, unas banderas británicas e incluso un enorme pabellón de barco de guerra tomadas como trofeo de guerra, fueron llevadas a Zaragoza y estuvieron expuestas, al menos hasta principios de la década de 1920, en el Pilar. Aunque por desgracia se les ha perdido la pista, al menos de momento. Para finalizar, regresamos de nuevo al conde de Aranda, que como embajador en París también tuvo una gran importancia en las negociaciones que se llevaron a cabo en la capital francesa y donde Gran Bretaña reconoció su derrota ante España y Francia además de la independencia total de sus antiguas colonias. Y en todo ello, un puñado de aragoneses fueron clave para lograrlo.

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