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Entender + con la historia

Una Romareda mundialista

El viejo estadio zaragozano ya fue sede mundialista en 1982

Imagen La Romareda en la década de 1980 tras su ampliación

Imagen La Romareda en la década de 1980 tras su ampliación / Servicio Especial

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Sergio Martínez Gil

Sergio Martínez Gil

El pasado viernes 17 de junio se cumplieron 44 años del primero de los tres partidos que acogió el campo municipal de La Romareda como una de las sedes del Mundial de fútbol que organizó España en 1982. Todo ello mientras esa vieja Romareda que tanto ha añorado el zaragocismo en esta infausta y vergonzosa temporada recién terminada ya ha desaparecido por completo hace meses, mientras vemos el avance de un nuevo estadio que debería estar casi terminado justo dentro de un año. Y todo ello mezclado con las comprensibles críticas sobre un equipamiento muy necesario para la ciudad, pero cuyo coste ha ido avanzando desde los cero euros para las arcas públicas a unas cifras muchísimo mayores.

Pero más allá de que a uno le guste o no el fútbol, hay que reconocer que en la actualidad este deporte es uno de los mayores escaparates publicitarios de un país o una ciudad por la gran capacidad de generar atención que tiene, tanto en visitantes a la ciudad como en el conocimiento de una urbe, en este caso al ser sede mundialista; y lo estamos viendo una vez más con el actual Mundial norteamericano en curso. Entre el peculiar mundo de los futboleros, es curioso el gran conocimiento geográfico que se adquiere gracias a que se conoce al equipo de fútbol de esa ciudad, y es frecuente viajar por Europa y que todavía se siga conociendo a la capital aragonesa por su equipo de fútbol, aun a pesar de la larguísima y terrible travesía por los infiernos que parece no tener fin debido a una gestión incompetente.

En cuanto al Mundial del entrañable Naranjito, la organización tuvo desde el principio cierto toque aragonés, pues en 1975 se nombró como presidente de la Comisión mundialista de la Federación Española de Fútbol a José Ángel Zalba, que por entonces era también presidente de ese inolvidable Real Zaragoza de los Zaraguayos que llegó a ser subcampeón de Liga de Primera División. La Romareda se convirtió en uno de los 17 estadios que albergaron partidos de la competición, pero para ello se necesitaban ciertas mejoras, como la ampliación de la capacidad del campo, una reivindicación que el propio Zalba llevaba persiguiendo desde hacía ya varios años no solo para la cita mundialista, sino para el propio futuro del Real Zaragoza en una época en la que los ingresos por taquillaje y abonados eran más importantes que los de las televisiones.

Así, en marzo de 1976 fueron aprobadas las obras de ampliación del estadio con un presupuesto de unos 80 millones de pesetas y que supuso la construcción de las tribunas de ambos fondos igualando la altura de todo el graderío, así como la ampliación del cubrimiento de este. Con esta reforma, la capacidad de La Romareda pasó a fijarse en 43.524 localidades, aunque para el Mundial quedó por normativa en 39.900.

También se levantó en uno de sus laterales, el que da a la plaza Eduardo Ibarra, un edificio anexo para acoger el trabajo de la prensa nacional e internacional que acudiera hasta Zaragoza a cubrir la información de los partidos que allí se jugaran. Un edificio que tras el campeonato se convirtió en la sede de urbanismo del Ayuntamiento de Zaragoza hasta que fue trasladada a la antigua sede del seminario, lo que motivó su abandono y que presentara un aspecto lamentable y no carente de peligro hasta el mismo momento de su derribo hace apenas un año.

La Romareda de 1982 fue la sede de las selecciones del Grupo E en el que estaba precisamente España, aunque la selección jugó sus partidos en Valencia mientras que Yugoslavia, Honduras e Irlanda del Norte sí que jugaron en Zaragoza. El primer partido lo disputaron Yugoslavia e Irlanda del Norte a las nueve de la noche del 17 de junio con empate a nada. Eso sí, todavía se mantiene un récord mundial que aún no se ha batido, y es que en La Romareda jugó el norirlandés Norman Whiteside, que con 17 años y 41 días se convirtió en el jugador más joven en debutar en un Mundial absoluto. Cuatro días más tarde, el 21 de junio de 1982, jugaron Honduras, equipo que fue muy bien acogido por los zaragozanos, e Irlanda del Norte, cosechándose un empate a uno; mientras que el tercer y último partido se jugó el 24 de junio con victoria de Yugoslavia por uno a cero frente a Honduras. Desde entonces, y junto al antiguo estadio, se instalaron unos monolitos no demasiado agraciados pero que recordaban aquellos partidos mundialistas.

Queda saber si se mantendrán en el actual proyecto, o si serán sustituidos por otros más modernos a los que en unos pocos años se añadirán unos nuevos recordando los encuentros que se jueguen en el próximo Mundial de 2030 organizado por España, Portugal y Marruecos, aunque esperemos que en esta ocasión sean partidos más atrayentes y con fases del evento algo más avanzadas.

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