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¿Cómo se vivieron en Zaragoza las primeras horas tras el golpe de Estado que condujo a la Guerra Civil?

Las dudas y la decisión del general Miguel Cabanellas fueron determinantes para que Aragón acabara sumándose a la sublevación militar de julio de 1936

Miguel Cabanellas (izquierda) en 1938

Miguel Cabanellas (izquierda) en 1938

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Sergio Martínez Gil

Sergio Martínez Gil

Zaragoza

Casi siempre en la Historia, como en la vida misma; pues qué es la historia más que lo que les ocurrió a las gentes del pasado, prácticamente nada es blanco o gris. Así ocurrió en el estallido hace ya 90 años de la Guerra Civil Española, en la que hubo numerosísimas causas que fueron creando con el paso de los años un caldo de cultivo en el que siempre buscan su oportunidad los sectores más radicales. Sin embargo, lo que no tiene vuelta de hoja es que la causa última del estallido de esa desastrosa guerra fue la sublevación de parte del ejército y de las fuerzas de seguridad iniciadas el 17 de julio de 1936 en el protectorado español del norte de Marruecos. Al día siguiente, otros líderes militares en la España peninsular también se pusieron del lado sublevado, todos con la misión de alcanzar el poder y derrocar al gobierno republicano lo antes posible.

Sin embargo, no todo el ejército se sublevó, lo que llevó al golpe de Estado a fracasar y a derivar en la consabida Guerra Civil, dividiendo en dos mitades al país. Como ya sabemos, Aragón acabaría sublevándose también, pero fue uno de los lugares que más tardíamente lo hizo a pesar de la enorme importancia estratégica que tenía la que se conocía como Vª Región Militar. Al mando de esta como Capitán General se encontraba el cartagenero Miguel Cabanellas Ferrer, cargo que ocupaba desde el 11 de enero de ese mismo año.

Cabanellas nació en el año 1872 en una familia de estirpe militar, algo que le llevó a seguir la carrera castrense. Fue en la Guerra de Cuba (1895-1898) donde tuvo su bautismo de fuego, y a partir de entonces fue ascendiendo en el escalafón militar, especialmente por su participación en el largo conflicto colonial en el que España estuvo inmersa en el norte marroquí. Fue de hecho en aquella guerra en donde surgió precisamente ese sector africanista del ejército que acabaría por protagonizar el golpe de Estado del 17 y 18 de julio.

De Cabanellas se decía que era de ideología liberal, que era un republicano convencido, y que además era miembro de la masonería. Algo que le llevaría a enfrentarse en la década de 1920 a la dictadura de Miguel Primo de Rivera durante la última etapa del reinado de Alfonso XIII, e incluso a alentar conspiraciones contra la monarquía. De hecho, hasta dos de sus hijos participaron en la fallida Sublevación de Jaca de diciembre de 1930.

Más tarde, al proclamarse la Segunda República Española, sus simpatías republicanas le proporcionaron cargos de importancia, como ese que le llevaría a la capitanía general de Zaragoza, lugar en el que se encontraba cuando llegaron las noticias de la sublevación militar iniciada el 17 de julio. Fue el día siguiente con la adhesión de otros militares en la zona peninsular, como por ejemplo el general Mola o Queipo de Llano, lo que mostró que aquella sublevación, si bien no tenía visos de conseguir totalmente el poder en unas pocas horas o días, desde luego sí que era algo muy serio. Y es ahí donde entró Cabanellas, pues de él dependía si la Vª Región Militar se mantenía fiel al gobierno o, en cambio, apoyaba a los sublevados.

Todavía hoy en día sigue existiendo controversia sobre el papel que realmente tuvo el general Cabanellas en la sublevación. Algunos opinan que se adhirió desde el principio al golpe y que incluso lo conocía de antemano, llegando a reunirse con el general Emilio Mola, a quien se consideraba como “el director” de la sublevación. Otros, en cambio, consideran que la “tardanza” en sumarse al golpe dice todo lo contrario, y que ahí se verían sus dudas personales dado su pensamiento de corte republicano. De hecho, no fue hasta el 19 de julio, algo que de lo hoy se cumplen 90 años, cuando el general Cabanellas estableció la declaración del estado de guerra, movilizando a las tropas y controlando gran parte del territorio aragonés, y muy especialmente las tres capitales de provincia.

Al día siguiente, el líder natural de aquella rebelión, el general Sanjurjo, moría en un accidente aéreo cuando regresaba desde su exilio portugués para ponerse al frente de los sublevados, quienes para salir del paso formaron una Junta de Defensa Nacional designando a Cabanellas como su presidente al ser el general de división más antiguo. Algo que le acabaría pasando factura quedando totalmente relegado por un Franco que ya tenía entre ceja y ceja alcanzar el poder total al precio que fuese.

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