Un eclipse en las Cinco Villas
El 17 de septiembre se produjo un eclipse de sol que quedó registrado en Sos del Rey Católico

Sos del Rey Católico. / Servicio Especial
Buena parte de España, y en general gran parte de Aragón, se preparan descontando los días para que se produzca un evento astronómico que hace más de un siglo que no se ve por tierras aragonesas. Y es que como todos sabéis, el próximo 12 de agosto, ya al atardecer, en buena parte de Aragón se va a poder ver en todo su esplendor un eclipse solar total. Eso sí, tened muy bien pensado desde dónde queréis verlo, dado que la altura que tendrá el sol en ese momento no será demasiada y es posible que edificios o algunos accidentes geográficos puedan impedir el ver un fenómeno que tardará en volver a verse.
Lo cierto es que este tipo de eventos siempre han fascinado al ser humano, y si lo sigue haciendo ahora que la ciencia hace ya mucho que explicó el porqué se producen, ya nos podemos imaginar los efectos que podían causar en otras épocas desde la misma Prehistoria. Ocurría con eclipses o también con avistamientos de cometas. En este último caso, hay que recordar una de las mayores obras de propaganda de la historia de la humanidad, que fue la que hizo Cayo Octavio Turino cuando comenzaba una carrera política en la Antigua Roma que le llevaría a convertirse en César Augusto, el fundador a la romana de la actual Zaragoza.
Recordemos que en las idus de marzo del año 44 a.C., es decir, el 15 de ese mes, su tío-abuelo Cayo Julio César fue asesinado y moría sin tener hijos en ese momento y, por lo tanto, un heredero. Pero en la Antigua Roma era bastante habitual que las clases altas buscaran adoptar un hijo de otra familia para tratar de asegurar la continuidad de su linaje. Una vez que la adopción se hacía efectiva, el niño tenía ya el nombre de su nuevo padre legal, y resulta que cuando se leyó el testamento de César tras su asesinato, este nombró a Cayo Octavio Turino como su hijo adoptivo póstumo.
Lo curioso es que al poco tiempo de su muerte se pudo observar a simple vista en el firmamento un cometa, catalogado actualmente con el poco atractivo nombre de C/-43 K1. Este tipo de eventos, al igual que los eclipses, muchos romanos los tomaban como un mal augurio, y como un mensaje de que los dioses no estaban satisfechos con ellos ni con los ritos y sacrificios que les hacían en su honor. Pero el futuro Augusto supo muy bien utilizar este avistamiento en el firmamento, afirmando que ese cometa no era otra cosa que el genius o alma de su nuevo padre adoptivo, y que estaba ascendiendo a los cielos para unirse a los dioses. La jugada le salió redonda, pues logró que el Senado divinizara al ya desde entonces conocido como el divino Julio, y el propio Octavio pudo decir desde entonces que era el hijo (adoptivo) de un dios. Y eso queda muy bien en el curriculum si tu intención es la de hacerte con el poder absoluto, la verdad.
Como decía, lo mismo ocurrió a lo largo de la historia con los eclipses que, aunque muchos eruditos sabían más o menos predecir, la gente en general lo veía como algo malo e incluso demoníaco ya en época cristiana. Y esto me lleva a hablar de un eclipse total que también se vio en Aragón pero hace casi 672 años. Corría el 17 de septiembre del año 1354, y en el reino de Aragón reinaba Pedro IV el Ceremonioso. Ese día, a primera hora, y mientras nos podemos imaginar que ya mucha gente había comenzado sus quehaceres, de repente la oscuridad volvió a cernirse sobre la localidad de Sos, en las Altas Cinco Villas, a la que por entonces todavía le quedaba casi un siglo para convertirse en el lugar de nacimiento de Fernando el Católico.
El impacto de ese eclipse de mediados del siglo XIV fue tal que los vecinos o las autoridades de la localidad decidieron dejar testigo imperecedero de lo que habían vivido ese día. Y si nos fijamos bien, en el soportal del mercado y bajo los arcos, existe una inscripción escrita en latín que resulta ser uno de los documentos astronómicos más excepcionales de la Europa medieval. La inscripción se encuentra en una de las dovelas del arco exterior, y aunque está bastante erosionada debido a estar siglos expuesta a las inclemencias del tiempo, los investigadores consiguieron desvelar lo que en ella se decía: Anno domini M CCC L IIII XVII die septembris, hora prima obscura uit sol. O lo que viene siendo lo mismo, que en la primera hora del día 17 de septiembre del año de nuestro señor 1354 el sol se oscureció. Así que si visitáis esta excepcional localidad zaragozana en la que sus calles respiran historia, y encima lo hacéis en las fechas entorno al próximo eclipse del 12 de agosto, no dudéis en intentar encontrar este excepcional testimonio astronómico de ese Aragón de hace tantos siglos.
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