El Tour de 1919, el primero tras el obligado parón de primera Gran Guerra, arrancó sin la presencia de Faber, Lapize y Petit Breton, tres ganadores muertos en el campo de batalla, y con un recorrido de 5.560 kilómetros que bordean literalmente Francia. La competición se reemprende incluyendo a mitad de carrera el símbolo más característico del Tour: el maillot amarillo. Desgranges quiere que el líder de su carrera sea bien visible por el gran público y para ello lo viste del mismo color que el papel sobre el que cada día tiraba su periódico.

Eugene Christophe, que acumuló once participaciones entre 1906 y 1925, fue el primer líder investido de amarillo en una etapa disputada entre Grenoble y Ginebra. No pudo llegar de amarillo a París porque en la antepenúltima etapa rompió la horquilla delantera de su bicicleta y tardó más de media hora en repararla, por supuesto, por sus propios medios. Idéntica avería le había ocurrido al mismo Cristophe seis años antes, en plena ascensión al Tourmalet. Entonces tuvo que andar doce kilómetros hasta Santa María de Campan y en la forja del herrero reparar su bicicleta ante la mirada atenta de un comisario. El comisario señaló a Cristophe que iba a ir un momento al baño pero el Viejo Gaulois , apodado así por su gran mostacho, se lo impidió alegando que si se iba no podría certificar que él reparó la bicicleta.

El abandono de Pelissier

En 1923 el Tour incluye las bonificaciones para incitar a los ciclistas a disputar su suerte hasta el final. Ese año ganó la carrera Henry Pelissier que, junto a sus hermanos Francis y Charles, organizó un verdadero clan que se enfrentó con fuerza a los organizadores del Tour. Su bronca más famosa la montó al año siguiente con un paradigmático abandono mediático. Henry iniciaba las etapas con dos jerséis para luego quitarse uno durante el recorrido, pero el reglamento obligaba a llegar a meta igual que se salía.

En la salida de Cherburgo, tras la severa inspección de un comisario, convocó a los periodistas para anunciar a bombo y platillo su retirada con un discurso que transcribió magistralmente el periodista y escritor Albert Londres bajo el título Los Forzados de la Ruta que ha pasado a la historia: "Ustedes no tienen idea de lo que es el Tour. Sufrimos en la carretera sin compasión. Vean cómo vamos: esto es cocaína para los ojos, esto, cloroformo para las encías y esto otro, pastillas para avanzar más. Vamos con dinamita". Pelissier murió asesinado de cinco balazos por su compañera Camille, a los 46 años.

Ottavio Bottecchia, ganador en 1924 y 1925, marcó también con su clase la década de los veinte. Iniciado como gregario de Pelissier, pronto se reveló su clase de ciclista completo y fue tras el abandono de su jefe, Pelissier, por el incidente del jersey, cuando tomó las riendas del Tour para ganarlo con autoridad. Bottecchia murió asesinado a los 33 años durante un entrenamiento. 20 años más tarde, en su lecho de muerte, un agricultor de Frioul se confesaba autor de la muerte, por una pedrada, de un ciclista que le estaba robando cerezas.

El luxemburgués Nicolas Frantz, con dos victorias consecutivas (1927 y 28) no sólo cierra un periodo épico, sino que fue el primero en llevar el maillot amarillo de la primera a la última etapa. Sus victorias se apoyaron en buena medida sobre la innovación (1927) de la contrarreloj por equipos. Esta fórmula fue concebida para impulsar la competitividad de la carrera en las etapas llanas.