Lance Armstrong ya está por derecho propio en el ´Club de los Cinco´. La pregunta del millón sólo tiene tres palabras: ¿ganará el sexto? Dado el nivel exhibido en la última semana de la carrera por excelencia, no cabe la menor duda de que así será salvo sorpresa. Es un auténtico profesional del Tour y un dominador nato. No puede compartir la gloria con nadie más y volverá para ubicarse un peldaño más arriba que nadie. Es cierto que este año lo ha tenido peor que otras veces, pero ante la adversidad es donde se demuestra la fortaleza y en ese terreno el norteamericano es un aventajado practicante. Buena parte del futuro de Armstrong en el Tour se sustenta en el nivel de sus rivales. Nunca había tenido tan alborotado el pelotón como este año, pero ha sabido imponer su autoridad y sigue siendo el patrón del ciclismo mundial. No hay enemigos en el horizonte que garanticen en un futuro inmediato algo más que una digna oposición. Además, si surgiera de repente algún nuevo Heras, capaz de inocular un veneno letal en la montaña, para eso está el talonario. El papel de Ullrich ha sido sensacional, espléndido. Ganó el Tour con 24 años (como Merckx) después de haberle regalado a Rijs el del año precedente. Pudo haber sido el hombre Tour por excelencia pero ha amado más a la vida en sus otras vertientes que al ciclismo. La adversidad le ha motivado vistiendo el mismo maillot que llevo Coppi (Bianchi), pero regenerarse a los treinta es muy complicado.